Te Odio. Te Amo…

Werner Herzog intentó por todos los medios que Klaus Kinski trabajase junto a él una vez más tras el rodaje de “Cobra Verde”. Herzog sentía que había vendido parte de su alma al comprometerse para rodar “Grito de Piedra”, la odisea de dos montañeros por alcanzar la cumbre del Cerro Torre antes que el otro. El proyecto le gustaba, pero el hecho de que se tratase de un proyecto ajeno (basado en una historia del alpinista Reinhold Meister) le hizo volcarse en la búsqueda de Kinski, quizás pensando en que la presencia de su alter ego desquiciado, su vieja némesis, su compañero de desvaríos serviría de excusa para ajusticiar su mala conciencia. Pero Kinski se negó siquiera a hablar con él, y pocos meses más tarde moriría de un ataque cardiaco, lo que desembocó en la definitiva incorporación de un nuevo psicótico en la troupe del director alemán, el actor norteamericano Brad Dourif.

La relación entre Herzog y Kinski se extendió hasta el final desde que coincidieran por vez primera durante su niñez. Ya entonces Herzog arrastró la sensación de que Kinski se trataba de una persona situada perennemente en el límite de la sinrazón.

En 1972, Werner Herzog pensó en él para dar vida al “gran traidor”, Lope de Aguirre, en la que sería una de las obras de referencia del renacido cine alemán. “Aguirre, la cólera de Dios” se rodó en la selva amazónica con medios y presupuesto más que precarios. Un rodaje que sirvió para referirse a los posteriores afrontados por Herzog, todos ellos basados en la improvisación y en la locura como únicas premisas.

La relación de odio-necesidad-desprecio-amor entre Herzog y Kinski tuvo multitud de capítulos escritos durante los tormentosos rodajes en los que coincidieron. En “Aguirre, la cólera de Dios” las iniciales discusiones no tardaron en convertirse en agresiones y amenazas. Los momentos álgidos incluyeron armas de fuego, como el fusil que solicitó Kinski antes de adentrarse en la jungla. Según dijo en un primer momento, lo pidió para protegerse de las alimañas. No tardó en confesar que deseaba matar a Herzog. Hacia el final del rodaje las tornas parecieron cambiar. Kinski, que se levantó un día displicente, lanzando retos a un equipo que a esas alturas no le soportaba, se negó a rodar una escena a lo que Herzog respondió con calma y silencio. Al cabo de unos minutos que consumió con poses pensativas, abandonó el set de rodaje para regresar amenazando con matar al actor. El diálogo que sigue reproduce aquel momento en boca (fantasiosa en grado nada desdeñable) de Klaus Kinski…

-¡Yo me largo! ¡Aunque tenga que remar hasta el océano Atlántico!

-Si te largas, acabo contigo- dice ese calzonazos de Herzog, con cara de susto debido al riesgo que está corriendo.

-¿Cómo vas a acabar conmigo, bocazas?- le pregunto, con la esperanza de que me ataque y así pueda matarlo en defensa propia.

-Te voy a disparar- balbucea como un paralítico con el cerebro reblandecido-. Ocho balas para ti, y la última para mí.

¿Quién ha oído hablar jamás de un fusil o una pistola con nueve cartuchos? ¡Eso no existe! Además, no tiene armas. Me consta. No tiene un fusil ni una pistola, ni siquiera un machete. Ni tan sólo una navaja. Ni un sacacorchos. Soy el único que tiene un fusil. Un Winchester. Tengo un permiso especial del gobierno peruano. Para comprar cartuchos, me he tirado días enteros de aquí para allá, de una comisaría a otra, para que me firmasen y sellasen papeles, y toda esa mierda.

-Te espero, insecto- le digo, alegrándome de lo lindo de que por fin hayamos llegado a esos extremos-. Me voy a mi balsa y allí te espero. Si vienes, te mato a tiros.

Luego me abro paso hasta nuestra balsa, donde Minhoi ya se ha dormido en su hamaca. Cargo mi Winchester y me pongo a esperar.

A eso de las cuatro de la mañana, Herzog se acerca en canoa a nuestra balsa y me pide perdón.

Aquel día se gestó un matrimonio mal avenido que coincidió en cuatro ocasiones más. Cada rodaje fue un suplicio que los dos juraron no repetir. En “Woyzek”, Kinski acusó a Herzog de tratar de envenenarle; en “Nosferatu, Fantasma de la Noche”, a Herzog de faltó poco para enloquecer… Pero nada de lo anterior se puede comparar a “Fitzcarraldo”.

El delirio comenzó ya en casa de Francis Ford Coppola. Allí estaba Herzog, trabajando contrarreloj en un guión sin pies ni cabeza. Por entonces su vida transitaba por la senda más oscura del delirio, algo que a Coppola dejó de parecerle divertido al observar el errático comportamiento del alemán los días previos a su marcha. “Fitzcarraldo” debía ser su obra magna, y sólo Kinski podía interpretar al personaje protagonista, un visionario obsesionado con la idea de construir un palacio de la ópera en plena selva amazónica. Una vez en Perú, lugar en el que se rodó la película, Herzog y Kinski se mostraron una afabilidad decreciente. Tres días bastaron para que confesaran planes mutuos para asesinarse. La actitud de Kinski resultó ser tan irritante que los propios indígenas que participaron en el rodaje, jíbaros con escasa paciencia, se ofrecieron a Herzog para eliminarle, cuestión que el director rechazó, según confesó más adelante, de mala gana. Kinski discutió con el director de fotografía, amenazó al guionista y llegó a enfrentarse físicamente con Herzog durante la primera semana de rodaje. Tan desquiciado llegó a ser el ambiente que dos miembros del equipo abandonaron el rodaje para convertirse en buscadores de oro en el Amazonas, algo que enfureció a Kinski, ávido siempre por ser el centro de atención. Consiguió su objetivo el día que una serpiente venenosa le mordió en un pie. Kinski, sin pensárselo demasiado, cogió un hacha y se amputó parte del pie ante los anonadados supervivientes de aquel rodaje de pesadilla. Presenciando la escena se encontraba Herzog, quien, con toda tranquilidad, dio por finalizado el rodaje por ese día.

Pero no fue hasta “Cobra Verde” cuando Kinski alcanza la cima de las montañas de la locura. Se cuenta que durante el rodaje Kinski no dejaba de proclamar su genialidad incomprendida a todo el que quisiera escuchar. Las discusiones violentas con Herzog no tardaron en llegar, enfrentamientos físicos incluidos. La última refriega entre ambos ocurrió durante el rodaje de una escena en la que Kinski desenvainó el sable que portaba para amenazar con cortar el cuello de Herzog, a lo que éste respondió ofrenciéndoselo mansamente. Son muchos los que cuestionan que aquello realmente llegase a suceder. La famosa fotografía que reproduce el momento no es más que simple márketing orquestado por el vanidoso Herzog, tratando de potenciar la leyenda de su relación con Kinski. Sin embargo, de las intenciones del actor cuando se ofreció a interpretar la pantomima no se sabe nada, más cuando los que intervinieron en el rodaje insisten en que Kinski llegó a perder por completo la razón. Días más tarde, Kinski abandonó el rodaje sin dar explicaciones.

Y así llegamos a 1992. Herzog se encuentra rodando “Grito de Piedra” en la Patagonia a su estilo. En otras palabras, un caos que incluye la pérdida de parte del metraje durante el descenso del Cerro Torre tras un día de rodaje. Por las noches habla sin parar de Klaus Kinski, “ese hijo de perra, chiflado y psicópata”. Antes de empezar una toma habla con Brad Dourif sobre el modo de encarar su papel. “Hazlo como lo haría Kinski”, le dice. Después añade, “ese bastardo cabrón”.

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18 pensamientos en “Te Odio. Te Amo…

  1. Estaban enamorados, sin duda (por la foto diría que Kinski era el que más amaba). Se amputó el pie o es otra de sus leyendas?? me puedo creer que en su locura se amputara un fragmento mínimo de dedo como máximo…
    Fascinante historia en cualquier caso. Beso.

    • Posteo escrito, añadiría, al estilo Herzog. Corregido está ya, más o menos… Todo cuanto he leído afirma que se amputó un pie, sin precisar si fue el pie completo o sólo una parte. Comparto tu opinión, se amaban. De algún modo enfermizo lo hacían.

      Beso, Princesa.

  2. Ya sé que lo consideras excesivo, pero a mi me gustó mucho en Cobra Verde. La película es él.

    Una relación fascinante, simbiótica e irrepetible. Salvando las distancias algo de eso hubo tambien entre Fonda y Hopper.

    • Probablemente mi gran error consistió en leer sobre el rodaje antes de ver la película. Estaba condicionado y como resultado presencié el show de un lunático encantado de serlo en el marco de una película que, aun fallida para mí, es la mejor disección sobre el tráfico de esclavos que se ha rodado.

      La relación entre Herzog y Kinski es irrepetible, bien dices. Imposible de entender desde fuera más allá del tópico relato anecdótico. Fonda y Hopper (Hopper y el mundo, en general) tela también…

  3. Me acordaba de Peggy Guggenheim y su breve estancia en Hollywood, de la que salió despavorida alegando que toda esta gente que se dedicaba al cine estaba mal de la cabeza. Si se llega a encontrar con Herzog y Kinski se habría quedado traumatizada.

    • Tendría catorce o quince años cuando leí “Moviola” de Garson Kanin, lo que me sirvió para darme cuenta de cuánto me gusta el ambiente viciado y decadente de Hollywood. Claro que ya nada es igual, pero siempre queda algún pirado haciendo honor a los viejos mitos. Vincent Gallo, Robert Downey Jr y otra gente de mal vivir mantienen encendida la llama.

  4. Alguien tendría que haber hecho una película en base a esa relación marcada por el amor y el odio,dos sentimientos más próximos de lo que se piensa,igual de intensos,fronterizos.Por cierto,me enteré al postear sobre “París-Texas” que Natasha era la hija de klaus kinski.
    bsos

  5. Me ha gustado la anécdota de los miembros del rodaje que se van a buscar oro.
    Estuve en Iquitos hace años con una mochila y muchas ganas de correr mundo. Y lo primero que me sorprendió es parte de su arquitectura .Caserones señoriales con estructuras de hierro al estilo Eiffel , que mantenian a duras penas su chasis comidos por la maleza , la humedad y la multitud de deposiciones de los pájaros que los cubrían por las noches cuando regresaban de sus correrias por la selva. Fizcarraldos visionarios los hubo y varios y las fiebres y el lugar no hiciero más que hacer brotar y acrecentar el germen de la locura que llevaban dentro y que les hizo llegar hasta allí.
    La selva amazónica es un sitio raro , raro , que diria papuchi .De verdad . Conocí a dos periodistas.Uno argentino y otro uruguayo . Primero nos encontramos en Cuzco y luego volvimos a coincidir en Iquitos Llevaban meses recopilando datos para un documental sobre “El Dorado”.
    Lo último que supe de ellos cuando ya había conseguido llegar a Lima y tenía billete para volver a Barcelona es que se habían procurado un equipo y se habían adentrado en la selva , para buscar oro .
    Al año siguiente vino a Barcelona una misionera de una congregación de Indiana que fue hasta donde llegamos mis compañeras de viaje y yo , pues más allá era territorio jíbaro .
    Nos dijo que nunca más se supo de éllos.

    • Algo tienen los desiertos y las selvas que atraen de un modo hipnótico. Ya veo que la costumbre de largarse en busca de oro está más extendida de lo que pensaba. Y no creas que me es tan lejana. Más de una vez he fantaseado con la idea de largarme a algún lugar estilo Herzog. Con o sin oro de por medio. Durante algunos meses de 2008 fue más que una fantasía, de hecho. No descarto que suceda algún día, sólo espero que sí tengas noticias mías al cabo de un tiempo :p

      Deliciosa la historia que compartes, Mary Kate. Las echaba de menos…

  6. Yo te sitúo siempre en un paraje cercano al cabo de hornos lleno de tormentas e icebergs gigantescos a la deriva(que por otra parte es mi lugar soñado)Y seguro que hay “tesoros” junto cualquier piedra y hundidos bajo el mar.
    Lo que cuentas sobre esa relación ,aparte de las patologías, es un gran amor ,sin duda. No creo que se pueda odiar a quien no se ha amado.
    Saludos

    • Sí, pienso igual que tú. Sólo un amor muy intenso puede derivar en un odio semejante. Para situarme en icebergs y tormentas (lugar soñado por mí también) necesitarás mucha imaginación, Oli. Pero si hablamos de frío te acercas bastante. El frío de Madrid, que bien conoces, es seco. El del norte es cortante. Desasosegante, diría. Conste que adoro la lluvia y el invierno, pero en días como hoy me gustaría estar en una isla caribeña (desierta, a ser posible).

      Saludos, Oli.

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