La llevaría conmigo a una isla desierta…

Tan poco original título esconde una historia personal que no voy a contar. Sólo diré que hace un mes escuché esta canción después de casi un año sin hacerlo, cuando, un viernes noche de septiembre del año pasado, un J. más pasado de tuerca de lo que es habitual, cambió la estrofa final de “Que no seas Kang, por favor”, durante un concierto en la ciudad maligna. Un hábito que practica con frecuencia.

Qué puedo decir, prefiero la versión enmendada…

Si por casualidad alguien oyera esto
y dentro de mil años existiera algún invento
que le permita desplazarse por el tiempo,
que venga a salvarnos mientras pueda hacerlo


Y se acaba la película
y los malos van venciendo.
Y si alguien del futuro
casualmente oyera esto,
que venga a salvarnos,
que la salve a ella primero,
que la salve a ella primero

QUE NO SEAS KANG, POR FAVOR

Que los ángeles del cielo te guíen…

Hay una escena en “Ni un pelo de tonto” en la que Sully (Newman) introduce una moneda en una de esas maquinas de pistachos que dispensan un pequeño montón al girar una ruedecilla. Sólo cae uno. Él lo mira con estupefacción, mira a su alrededor y farfulla algo sobre su mala estrella. Luego todo continua igual, como siempre…

Pero llega el día en el que las cosas no son siempre iguales. Y ayer fue uno de ellos.

Se le echará de menos. Mucho…

¡Estoy en Crisis!

Aunque Anjelica Huston aseguraba que quejarse no es seductor en ”Viaje a Darjeerling”, lo cierto es que el cine se nutre de los personajes en crisis con frecuencia. Realizar un top ten con los tipos en crisis más significativos es imposible. En cualquier caso, aquí están (sin orden) algunos de mis personajes a la deriva favoritos.

¡ESTOY EN CRISIS! (1982)

La película dirigida por Fernándo Colomo (que da título a este posteo) insiste en el tópico del ejecutivo en plena crisis generacional que se enamora de una chica a la que dobla la edad. Eficaz sin más, el tono de comedia le favorece a la hora de pasarla por el tracto digestivo.

EL HOMBRE DEL TIEMPO (2005)

Otro tipo de crisis, la correspondiente a ”qué diablos he hecho con mi vida” es la que afecta a David Spritz, hombre del tiempo de un canal televisivo de Chicago acostumbrado a ser pisoteado por la marabunta. Una separación matrimonial que él no consigue aceptar, el estado de salud terminal de su padre y la pobre conexión con sus hijos ya adolescentes, le han situado al borde del abismo. En la aceptación de su realidad hallará la salvación, que no la felicidad.

Y resultó que la mejor película dirigida por Gore Verbinski fue la que menos atención recibió.

LA FLAQUEZA DEL BOLVECHIQUE (2003)

Hastiado de todo, Pablo encontrará solución para su tedio existencial puteando a una pija que le ha metido en un lío a causa de un accidente de tráfico. Al conocer a la hermana adolescente de su víctima, su carácter pesimista virará hacia la luz.

Hay lugar para la pureza en el mundo… y también para las buenas películas en el cine español. Ver para creer.

A PROPÓSITO DE SCHMIDT (2002)

Si alguien se pregunta quién es la vieja que duerme a su lado es que ha visto pasar su vida de largo sin darse cuenta. Décadas de trabajo en una compañía de seguros le han reportado un reloj de oro y muchas sonrisas falsas que tragar. Por esa razón, y tras morir su esposa, Schmidt ha decidido que ha llegado el momento de vivir a tope… a bordo de una caravana. Su precipitado viaje, con motivo de la boda de su única hija, Jeannie, le permitirá conocer todo tipo de personajes y cometer más errores con los que cargar. De su conclusión final sólo será testigo un niño africano al que apadrina y envía cartas, a modo de terapia, sin esperanza de que nadie las lea.

”Hay tanta belleza hay fuera, Ndugu”, qué bonita frase.

EL COMPROMISO (1969)

Otro hombre de éxito en plena crisis existencial fue el protagonista de ”El Compromiso”, antepenúltima película dirigida por Elia Kazan. Eddie Anderson lo tenía todo y todo lo perdió al ser arrastrado por una vorágine que difícilmente podría encontrar un interprete más opuesto que el vitalista Kirk Douglas. La cinta contiene todos los elementos que precisa el manual del desorientado: intento de suicidio, romance intergeneracional con una turbadora mujer de vida desordenada, adicción al sexo… El desenlace busca arrancar caretas, pero lo única que cae es la de un Kazan mediocre y cansado al que no le vendrían mal un par de capsulas de vitalín 500.

NACIÓN PROZAK (2001)

Por alguna razón ignota, el cine casi nunca observa a las mujeres en crisis pese a formar éstas el grueso de la población deprimida del planeta. Una de ellas sería la protagonista de “Nación Prozak”, alter ego de Elizabeth Wurtzel, autora de la novela en la que se basó la película maldita. Las tremendas dificultades que encontró a la hora de ser estrenada, dada su baja calidad, dejaron fuera de órbita a una gran Christina Ricci especialmente comprometida con el papel. Pocos fueron testigos de la terrible depresión que asoló a la prometedora protagonista de la cinta, narrada de un modo acomplejado y sin fluidez. Eso sí, el vídeo de la Ricci desnuda, al comienzo de la película, lo ha visto todo el mundo. Les alabo el gusto.

SALVAD AL TIGRE (1973)

Sin duda, en los setenta (tiempos hedonistas y de alta introspección) fueron los años en los que más atención se concedió a las crisis personales. Harry, un ejecutivo (como no) cincuentón, cae en una profunda crisis personal al analizar la balanza de su vida. Su matrimonio se va a pique, las finanzas de su empresa se desploman, sus propios valores están en entredicho al plantearse un autosabotaje para cobrar el seguro y salvar el cuello. Todo estallará en su cabeza a medida que las regresiones de un pasado glorioso como deportista se hagan más frecuentes. Fabuloso Jack Lemmon en una película pasada de rosca (como debe ser) a la que el transcurso del tiempo no ha tratado bien.

AMERICAN BEAUTY (1999)

”American Beaty” es el reverso tenebroso del sueño americano. Uno más. La crisis de una familia que se desploma narrada desde dentro, desde el origen del problema. Lester, cabeza de familia sin cetro de mando, se despide de su trabajo como ejecutivo publicitario en busca de libertad. Hace pesas, se enamora platónicamente de una compañera de instituto de su hija, busca un empleo en un burguer local… se infantiliza en busca del tiempo perdido. Su comportamiento anómalo le convertirá en un objetivo a abatir por su desubicada hija, por su casquivana esposa y por un vecindario poco acostumbrado a la variedad.

Una de las mejores películas de la última década que no deja de ser la cara amable del ”Happiness” de Solondz.

PRIMAVERA EN OTOÑO (1973)

En la época en la que Clint Eastwood era abofeteado a menudo por la crítica, dirigió ”Primavera en Otoño”, la historia de amor entre un anciano y una joven hippie. Algo así como la versión en negativo de ”Harold y Maude”. William Holden se prestó al experimento con muchas dudas y pocas ofertas. Pretendió darle a su personaje un toque terminal sin darse cuenta de que el tío Clint ya estaba allí para imprimir ese tono. Delicada y nostálgica, no es casual que la protagonista femenina se haga llamar Breezy. Una bocanada de aire fresco que entró y salió de la vida del maduro protagonista demasiado rápido.

EL AÑO QUE CAMBIÓ MI VOZ Y LA PRIMERA EXPERIENCIA (1987 – 1991)

John Duigan, director australiano, quiso contar su forma de comprender la angustia que supone el crecer. Para ello se inventó un alter ego que le acompañaría en cada uno de los tres pasos de esta trilogía inacabada que se inició con ”El Año que Cambió mi Voz”.

En la primera de las narraciones de Danny Embling, le vemos crecer en un pueblecito rural australiano con el único soporte de Freya, la chica más bonita del pueblo, con quien le unen los invisibles lazos de complicidad. Danny será el único testigo de los desgraciados amores de Freya con Trevor, malote con corazón, y de la consiguiente caída de ambos en el pozo de la mediocridad.

La historia de Danny continua en ”La Primera Experiencia”. Ya en el instituto, es un chico tímido que rehuye los problemas y a las chicas superficiales. O tal vez habría que matizar que son ellas las que le evitan a él. En Thandiwe (una jovencísima Thandie Newton), marginada hija de un embajador africano, Danny encontrará un inesperado consuelo para su angustia vital.

Ojalá se complete la trilogía de una vez. Duigan decía hace unos años que tenía el guión listo, sólo le faltaba encontrar financiación. Yo aporto 100 euros, no dispongo de más.

MI VIDA ES MI VIDA (1970)

Tan redundante título oculta una de las obras mayores del subgenero existencial. La presión social a la que se ve sometido Bobby (Jack Nicholson) le empujó a una vida de ingrato trabajo en unos campos petrolíferos. Allí conoció a una chica que se enamoró de él perdidamente sin encontrar réplica a sus deseos. La grave enfermedad de su padre desvelará un pasado acomodado que nunca dejó de estar presente en la vida de Bobby.

Descarnada y brutal. Bob Rafelson escribió y dirigió la historia de un paria de sí mismo que no encuentra el lugar en el que ser feliz. Indispensable retortijón de estómago.

¿QUIÉN ES HARRY KELLERMAN? (1971)

”Yo solo llamo de madrugada a la gente que me importa”, grita Georgie a un auricular de teléfono. Está solo, pese a ser la gran estrella del pop del momento. No le faltan aduladores, ni mujeres, su problema es él mismo. Más crisis existenciales en los 70. Esta vez con Dustin Hoffman haciendo méritos en una prescindible película coyuntural que explora el lado más harapiento de la fama.

DEPRISA, O CUMPLIRÉ LOS TREINTA (1973)

Con la treintena ya encima, George está decidido a cambiar su monótona vida. Quiere dejar de escuchar el traqueteo de la imprenta familiar en la que trabaja; quiere tener amigos estilosos y, sobre todo, quiere vivir una autentica historia de amor con una chica bonita, no como las chicas de barrio a las que está acostumbrado. Lo conseguirá por empeño y lo perderá al ser incapaz de adecuarse a su nueva realidad. La última escena, cuando trata de recuperar a su antigua novia y se cruza en las escaleras con Petey (Danny de Vito) armado de un ramo de flores, le desinflará completamente. Entrañable revisión de la crisis de los 30 a cargo de esta poco conocida película con un joven Danny de Vito de por medio.

Se anuncia para este año el estreno de “La Campana de Cristal”, material difícil que ya ha sido adaptado en un par de ocasiones. Para la ocasión se ha pensado en Julia Stiles para dar vida a Esther Greenwood. Habrá que esperar. Pocas dudas caben sobre que la novela escrita por Sylvia Plath es una de ocasiones en las que mejor se describió la sensación de desánimo. Sylvia, su novela y la Stiles merecen cerrar esta tonterida.

Y fin. Este posteo estaba fechado a nueve de febrero de 2008. Debía formar parte de mia antiguo blog. Ha pasado mucho tiempo…

Un tipo triste con vocación de alegre…

Usted martín santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
pero no voy a convocarlo junto a mí
ya que aún en el caso de que no estuviera
todavía muriéndome
entonces moriría
sólo de aproximarme a su tristeza.

usted martín santomé no sabe
cuánto he luchado por seguir viviendo
cómo he querido vivir para vivirlo
porque me estoy muriendo santomé

usted claro no sabe
ya que nunca lo he dicho
ni siquiera
en esas noches en que usted me descubre
con sus manos incrédulas y libres
usted no sabe cómo yo valoro
su sencillo coraje de quererme

usted martín santomé no sabe
y sé que no lo sabe
porque he visto sus ojos
despejando
la incógnita del miedo

no sabe que no es viejo
que no podría serlo
en todo caso allá usted con sus años
yo estoy segura de quererlo así.

usted martín santomé no sabe
qué bien, que lindo dice
avellaneda
de algún modo ha inventado
mi nombre con su amor

usted es la respuesta que yo esperaba
a una pregunta que nunca he formulado
usted es mi hombre
y yo la que abandono
usted es mi hombre
y yo la que flaqueo

usted Martín Santomé no sabe
al menos no lo sabe en esta espera
qué triste es ver cerrarse la alegría
sin previo aviso
de un brutal portazo

es raro
pero siento
que me voy alejando
de usted y de mí
que estábamos tan cerca
de mí y de usted

quizá porque vivir es eso
es estar cerca
y yo me estoy muriendo
santomé
no sabe usted
qué oscura
qué lejos
qué callada
usted
martín
martín cómo era
los nombres se me caen
yo misma me estoy cayendo

usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola va a quedar
mi muerte
sin
su
vi
da.

Vicky, Cristina, Barcelona, ¿Woody Allen?…

Cada periodo en la carrera de Woody Allen es fácilmente reconocible por su trazo. Si la primera parte era torpe visualmente pero ingeniosa (según sus propias palabras), la última es todo lo contrario: aparente y pulcra pero vacía. Carente de soporte sólido, las vigas que soportan la estructura dramática de “Vicky Cristina Barcelona” ceden desde el principio hasta acabar hundidas en el cieno artístico. Allen parece más preocupado por dibujar personajes inestables (el de Javier Bardem es un sangrante conglomerado de tópicos) y en tratar de homenajear a la ciudad que le da cobijo, que en disponer de un argumento que dé entidad a noventa minutos fatuos.

El previsible argumento presenta a dos amigas, Vicky (Rebecca Hall), pragmática, comprometida y segura de sí misma, y Cristina (Scarlett Johansson), directora de cortos en constante búsqueda. En su tránsito por la capital catalana, conocerán a un artísta de oscuro pasado (Javier Bardem) quien les formulará una propuesta indecente que escandalizará a una (Vicky) y agradará a la otra (Cristina). Tras una viaje relámpago a Oviedo, Juan Antonio hará temblar los cimientos de Vicky tras pasar una noche juntos. La aparición de María Elena (Penélepe Cruz), ex de Juan Antonio, provocará que los acontecimientos se desborden.

Paradójico resulta que la película de más éxito (junto con “Match Point”, que es excelente aunque insuficiente) de Woody sea este olvidable batiburrillo de emociones mal encajadas en un trayecto turistico salpicado de lugares comunes. Pero es lo que su público demanda y a la crítica le entusiasma. Lo aparente siempre por encima de lo condensado. Nada hay en “Vicky Cristina Barcelona” que recuerde al Woody Allen de “Annie Hall” o “Broadway Danny Rose”. Supongo que la evolución artística tiene un precio. Y no siempre esa evolución tiene un resultado positivo más allá del halago fácil.