La Cosa Funciona…
No, Woody Allen no se ha hibridado con un tipo francés, seguidor de Rohmer y tan vacuo en su discurso como en la profundidad de sus personajes. Tras su desigual experiencia europea (las dos últimas películas que dirigió son directamente catastróficas) regresa a los States, a su Brooklyn natal, con “Si la Cosa Funciona” para verter toda su bilis nihilista a través de Boris Yellnikoff (Larry David), físico autoproclamado genio con nula habilidad social que observa el mundo desde la cloaca en la que cree merece habitar el ser humano. Toda su percepción de la realidad cambiará al cruzar su camino con el de Melody (Evan Rachel Wood), desamparada veinteañera que impregnará al misántropo con su inocencia lo suficiente como para dejar paso a otros colores que al añil que tiñe su vida.
Allen toma un viejo guión olvidado en un cajón para encajar de nuevo en el barrio que abandonó hace años. Sus personajes siguen siendo neuróticos e inseguros que tratan de vencer al miedo apoyandose los unos en los otros. Desde luego, la muerte y el sexo siguen teniendo su momento. Y con frecuencia se habla del amor y del milagro que supone el que nos personas se necesiten. Y si no ocurre el prodigio de que alguien crea en ti, siempre quedará una ventana desde la que saltar para vencer al vértigo y tal vez para creer que las señales incluso a veces saben guiar. El discurso de Allen es el del anciano de 74 años que aún piensa que si la cosa funciona no se pierde nada en seguir la cuerda hasta topar con el muelle. He ahí su propio milagro: sigue creyendo.
Todo funciona en la película. Buen ritmo, buenos actores (alguno de ellos mejor de lo que siempre fue), buena historia y esperanzador final. Lo suficiente, espero, como para que Boris acorte su ritual de lavarse las manos a un único cumpleaños feliz. Mezclar (que no agitar, ya lo dijo James Bond) todo ello con delicadeza y voilà… aparecerá Woody Allen como por obra de ensalmo. Supongo que siempre estuvo ahí, pese a que el aire no viciado de Nueva York le ocultase de nuestra vista. Apunten una muesca más.

2 comments Noviembre 11, 2009
Estuve en Cannes y me acordé de ti…
Como rezan esas cutrecamisetas turísticas que siempre te regala algún pariente que pasó el último verano en Torremolinos, estuve en Cannes el pasado mes de junio con la vana esperanza de que nadie se enterase, uno que es humilde. Pero una princesa que me tiene hojalatado es perspicaz de la leche y se percató, no sé cómo, de mi presencia por allí…
4 comments Noviembre 10, 2009
Lo dulce del amargo…
Si algo se repite en el cine de Juan José Campanella es la solidez de su discurso. Desde la estremecedora “El Niño que Gritó Puta” hasta “El Hijo de la Novia”, las fachadas de sus obras carecen de grietas independientemente del género que trate. Sin embargo, y por muy buenas que fuesen sus referencias, pocos estaban preparados para el escalofrío que provoca “El Secreto de sus Ojos”.
Campanella se enfrenta sin complejos a un material sensible que sabe manejar intercalando géneros sin que el ritmo de la cinta se vea comprometido. La trama policial, arteria principal de la historia, nos adentra a modo de flashback en la gris vida de Benjamín (Ricardo Darín), empleado en un juzgado en un país que carece de justicia (sometido por una junta militar). Sus únicas referencias son una magistrada con apellido (Soledad Villamil) y Sandoval (Guillermo Francella), un oficinista derrotado por la vida y habitante de las barras de bar. Con tan escaso apoyo se sumerge hasta la obsesión en el brutal asesinato sin resolver de una mujer joven, espoleado por el ansia de justicia y la impotencia de su devoto marido.
Tratando de huir del sentimentalismo más superficial, Campanella filma dos historias de amor truncadas sirviéndose del silencio y los gestos. Estremece el marido sin paz sentado en estaciones en busca de un asesino del que desconoce todo, tanto como las miradas cargadas de Benjamín e Irene, consciente él de que ella está fuera de su alcance; consciente ella de que sus caminos siempre correrán en direcciones paralelas sin llegar a coincidir. Todo ello mezclado hábilmente de modo que ninguna de las tramas solape a la otra.
El pasado y el presente encajan finalmente dejando un tono amargo en ambas instancias. De tal modo, que la inevitable sorpresa final se sitúa de pleno en el lirismo más desgarrado, lejos del artificio. Es tal la fuerza de sus imágenes, que la tortuosa frase final del asesino le humaniza y palpita en el pecho del espectador de un modo infinito, a modo de bucle. Tal es su impacto que en la enésima despedida en una estación de tren que presenciamos volvemos a desear, una vez más, que el humo se disipe y sean dos las figuras que aparezcan antes de que el destino decida jugar su última y hermosa carta.

12 comments Noviembre 8, 2009
Ergo…
Bud: Sabe, antes vivía como Robinson Crusoe, como un náufrago entre ocho millones de personas. Hasta que un día vi huellas en la arena… y la encontré a usted.

El Apartamento (1960)
12 comments Noviembre 6, 2009
Un tipo normal vestido de negro con sombrero y bigote…
Durante la preparación de “Viajes con mi tía”, George Cukor, su director, pidió que le trajesen a ese actor español que parecía un tipo normal, siempre vestido de negro con sombrero y bigote, para interpretar un pequeño papel en la película. Un papel con demasiados pocos minutos en pantalla para el talento de José Luis López Vázquez. Algo que a él no le afectó. Siempre se creyó un secundario sin derecho a primero planos.

Agustín González dijo de él que era un hombre humilde, un gran actor y un mejor amigo. Algo que podía decir de muy pocas personas. El día que a José Luis López Vázquez se le concedió el Goya honorífico (nunca lo ganó de otro modo), recordó a González en su discurso de agradecimiento con un breve y demoledor: “Hoy recibo el premio que él nunca ganó”.

Ayer fue un día de luto para miles de sesentonas suecas y a-le-ma-nas con las que Landa y él trataron algún día de ligar siempre sin éxito. El mejor símil de la España de la miseria consistía en enfrentarles con mujeres casi mitológicas a las que con dificultad llegaban a los pechos. Fue un día de luto para todos los que alguna vez disfrutamos de sus gestos excesivos y su voz segmentada.
Buen viaje, maestro.

10 comments Noviembre 3, 2009
La primera vez que vi un faro…
Harry: ¿Sabes lo que pienso? Que eres la chica más guapa que he conocido.
Marion: ¿En serio?
Harry: Desde la primera vez que te vi.
Marion: Qué bonito, Harry. Eso me hace sentir bien porque eso ya me lo habían dicho antes, pero no sentía nada.
Harry: ¿Por qué? ¿Creías que te tomaban el pelo?
Marion: No, no… no es eso. No sé si me tomaban el pelo y no me importa. Que lo dijeran para mí no significaba nada ¿sabes? Pero cuando tú lo dices tiene sentido.

Requiem por un sueño (2000)
Add comment Octubre 30, 2009





