El Evangelio Según Meryl Streep…

Recibo cientos de cartas a diario de las que se ocupa mi agente. En ocasiones, durante un estreno, alguien grita: «¡¡Meryl, soy yo, te escribí hace dos años!! ¿Me recuerdas?» Lo siento, pero ni siquiera recuerdo el lugar en el que he dejado las llaves.

Sientes que las cosas son injustas y pones una caja frente a ti porque no quieres pertenecer al mismo mundo que las personas que te han fallado. Después vuelve a ocurrir y las cajas se amontonan hasta que dejas de ver a la gente. Puedes oírles, pero no los ves. Entonces es oficial que has caído en una depresión. (Tras la muerte de John Cazale, con quien mantuvo una intensa relación de siete años, Streep cayó en una fuerte depresión).

Tengo la suerte de tener a mi marido junto a mí. Sin él habría podido continuar adelante pero no habría sido igual. Sería más hosca, más amargada, más desconfiada. Apareció en el momento justo y supo comprender lo que me había ocurrido sin hacer preguntas. No me cree cuando le digo que es el hombre más importante de mi vida. Me da igual, yo sé que lo es. Me da igual lo que digan lo demás siempre que su mierda no le salpique a él. (Se especula que Streep sigue enamorada de John Cazale, cuya tumba visita con frecuencia y del que se resiste a hablar en público. No son pocos los que consideran a Don Gummer, su marido, un remiendo persitente. Llevan casados 34 años.)

He enseñado las tetas un par de veces en mi carrera. Cuando rodábamos «Silkwood» Mike Nichols estuvo tres horas tratando de hacerme comprender lo importante que era el que apareciera desnuda en una escena. «No es un desnudo gratuíto», me decía. Se podía haber ahorrado el discurso porque le habría dicho que sí en tres segundos. Cuando era joven no me importaba desnudarme en una película. Pero hoy más vale que tengan una buena razón.

El rodaje de «El Cazador» fue tan duro, tan intenso, que pensé que no podría volver a rodar una película en mucho tiempo. Cimino me llevó hasta lugares de mí misma que desconocía. El peor momento fue la escena en la que paso una noche con Michael (Robert de Niro) cuando regresa de Vietnam. No podía evitar llorar cada vez que miraba. Se le veía tan triste, tan desarraigado. Fueron litros de lágrimas reales, no fingidas. Nos llevó tres días rodar la escena. Cuando acabamos, de Niro me dijo: «eres la mejor actriz con la que he trabajado. Arracabas a llorar justo cuando debías».

Incluso mi hijas me preguntan en ocasiones por qué trabajé en «Mamma Mia». Lo pasamos genial durante el rodaje. Tan mala no puede ser.

Durante una rueda de prensa, en el festival de Cannes, un periodista francés repasó todos mis premios y nominaciones antes de lanzarme su pregunta. Al final no recordaba lo que quería saber. Debería sentirme orgullosa de todo lo que he conseguido, pero juro que en aquel momento me sentí vieja.

¡Escuchen a las mujeres! Hacen falta más películas escritas y dirigidas por mujeres. No se trata de discriminación positiva; las películas dirigidas y escritas por mujeres dan dinero. No pedimos un trato de favor, sólo que se nos tenga en cuenta en determinados ámbitos reservados únicamente a los hombres.

He rechazado trabajar en muchas películas que terminaron siendo un éxito de taquilla y de crítica. Una de ellas incluso barrió en los Oscars. Su director me dijo que sin mí no habría película y  acepté el papel. Después supe que mi marido había preparado un viaje sorpresa a Hawaii para las niñas y para mí.  Me dijo: «ve y haz tu película. Las niñas y yo estaremos bien». Me fui con ellos y la actriz que me sustituyó ganó el Oscar aquel año. Fueron unas vacaciones geniales.  La mejor decisión que he tomado en mi vida.

Periódicamente recibo una oferta para escribir mis memorias acompañada de un generoso cheque que aún sería más generoso si hiciera hincapié en mi vida privada. Considero que me encuentro en situación de ventaja con la mayoría de la gente en la faceta profesional. He trabajado con docenas de personas interesantes. Sin embargo mi vida privada siempre fue muy sencilla. He vividos los mismos dramas y las mismas alegrías que cualquier otra persona. Y como cualquier otra persona, no tengo intención de airearlas.

4 pensamientos en “El Evangelio Según Meryl Streep…

  1. Alex,,
    la Steep para mí son palabras mayores.Actriz todo-terreno que ha tocado todos los palos,versátil en los géneros,pero dama por excelencia en el drama,donde ya no tiene que demostrar nada.Por eso,le perdono «Mamma mia» que para mí es una comedia intrascendente.
    Han sido tantos los personajes,las películas…..he crecido con muchas de ellas,algunos fragmentos de guión podría reproducirlos,como en «Memorias de África»,tantas frases tomadas prestadas en vivencias personales….y como olvidarla en «los puentes de Madison» esa Francesca que ya creía haberlo vivido todo……
    en fin,para mí sin duda,una de las más grandes.
    Bsts

    • Fue odiada por muchos durante años, no creas. La consideraron el paradigma del cine más rancio y estático. Si una película «de qualité» iba a filmarse, podías estar segura de que ella estaría en el reparto. Recuerdo cuando Truman Capote la consideró tan expresiva como una gallina. Por lo que a mí respecta siempre me pareció una de las grandes que, pasados los años, ha conseguido acallar a los que juran que su presencia les enerva para lograr un estátus de leyenda viva que en realidad no aparenta serlo. Seguir siendo parte de lo que se mueve al tiempo que se mantiene lejos de los circuítos del homenaje, es un mérito enorme. Sólo por eso, y por la serenidad que parece inundarla hace años, merece una reverencia.

      Besos, Troyana.

  2. Me encanta la placidez de la cara de Meryl, tanto en mirada como en sonrisa. Una señora estupenda que estaría estupenda aunque hiciera de Pantoja de Puerto Rico en la segunda parte de «Frikis buscan incordiar».

    Y, Troyana, no olvidemos su faceta cómica. Hasta en aquella peliculilla que hizo hace poco con Alec Baldwin, Streep sigue siendo Streep. Y que dure.

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