Cuento de Hadas para el Siglo XXI…

En el nuevo milenio se han actualizado los iconos que pueblan los cuentos infantiles. Ahora no son dos hermanos los que huyen, sino que se trata de un niño africano. Hemos sustituido el bosque oscuro por una ciudad gris, y a la bruja malvada se le ha uniformado y armado con metralletas. Por último, el benefactor sigue siendo un anciano, que se afana en empedrar el camino con baldosas amarillas en lugar de asfalto. Por lo demás, en “Le Havre”, la prodigiosa película dirigida por Aki Kaurismäki, la esencia de todo cuento se mantiene inalterable.

No demasiado se puede contar la trama que resulte novedoso. Un niño, inmigrante ilegal empeñado en llegar hasta Londres, es acogido y ocultado de la policía por un pintoresco grupo de habitantes de la ciudad francesa costera, comandados por un limpiabotas de reminiscencias libertarias, espíritu canalla (en grado de eterno aspirante, dada su ausencia de malicia) y luminoso sentido de la vida. Tras su estela se sitúa su esposa nórdica, presa de un sentido fatalista de la vida que le hace mantenerse lejos de las personas que quiere; algún comerciante de barrio y los moradores de un bar cercano, sospechosos habituales que darán cobertura al niño desarraigado en su afán por alcanzar la ciudad de la brumas. En frente, un inspector de policía al uso en sus vestimentas, poseedor, sin embargo, de una humanidad que se empeña en ocultar tras su placa.

Con mimbres tan escasos, al tiempo que exigentes, Kaurismäki deja de lado su habitualmente oscuro trazo en favor de una fotografía virada en color y un sentido del humor más explícito que el de su lúgubre tendencia. Abusa del manierismo en busca del favor del espectador, tratando, con frecuente éxito, de convertirle en un cómplice más de la peripecia del fugitivo logrando que la historia se asiente perezosamente, pese a los continuos tics que hacen inclinarse la balanza de la historia hacia los engominados precipicios de la cursilería más vil. Las intenciones del director finlandés se han hecho para entonces visibles, permitiendo contemplar un cuento de hadas completamente armado que advierte que a partir de ese instante cualquier revelación deberá ser tomada con la generosidad reclamada.

Llegados a su punto final la revelación indica que no son demasiadas las virtudes que adornan a “Le Havre”. En realidad se podrían resumir en una sola, que al tiempo podría disgregarse hasta convertirse en un abanico vistoso repleto de vida y color. Es por esa razón que se le perdona demasiado, al tiempo que apenas se le reclama nada, una vez su discurso naïf nos ha ganado. Permitiendo que sus escenas finales, trampas inverosímiles de compleja digestión, sean tomadas como la pieza final de un rompecabezas hermoso que busca su verdad en la bruma. Pues, sabido es, conviene que la belleza sea tenue y el viaje lo suficientemente largo como confortable el premio final. Es ahí donde “Le Havre” toma conciencia de su misión, cuasi evangelizadora, de llevar esperanza a todos aquellos que alguna vez la extraviaron.

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4 pensamientos en “Cuento de Hadas para el Siglo XXI…

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