Mi aburrida e invicta alma…

Cuando Clint Eastwood dispone las piezas, resulta imposible que ninguna se encuentre fuera de lugar. Lo que no es raro que ocurra, es que estén situadas con desgana pese al aparente énfasis con el que la presición de cirujano de Eastwood las ha situado.

Ocurre que en «Invictus», última película firmada por el director, se vocea sin pausa. Ruido, ruido, y sin embargo los tempos, milimétricamente medidos, carecen del espíritu del que los personajes originales parecían rebosar. Incluso los momentos íntimos, que Eastwood domina como pocos, escasean y cuando llegan resultan tan explícitos como el titular de un periódico. Nada queda para los adentros del espectador y los personajes. Y lo que es peor, Eastwood da la sensación de no creer en la historia que cuenta.

La historia (real), narra los entresijos de la memorable final de la copa del mundo de rugby celebrada en 1995 entre Sudáfrica y los All Blacks neozelandeses. Épica historia con todos los elementos para ser degustada como merece, incluído un trasfondo político y social que eleva lo humano como sólo el cine puede hacerlo. Los constantes reveses a los que se debe enfrentar el presidente sudafricano, Nelson Mandela en su afán por enterrar el pasado de su país y así poder construir un futuro, se mezclan con los problemas de François Pienaar,  capitán de un equipo que fue grande antes de ser vetado de toda competición internacional y que ahora se enfrenta, a dúo con Mandela, a la dura tarea de hacerlo propiedad de la población negra que históricamente lo identifica con el apartheid.

El engañoso y desconcertante resultado final va perdiendo gas a medida que se cubre su extenso metraje sin que la excelente interpretación de Morgan Freeman y la esforzada de Matt Damon sirvan para paliar los botezos, más frecuentes a cada minuto que pasa.

Y puede que mi alma, como la de Mandela, se mantuviese invicta aquella noche. Puede, también, que la causa fuera el profundo sopor que lega la última cinta del tío Clint. Porque él también tiene derecho a pinchar en hueso.

18 pensamientos en “Mi aburrida e invicta alma…

  1. Duele a medias, pero duele algo. Duele porque es el tito Clint y la familia, incluso en estos tiempos de zozobra, es la familia. A mí me hizo pasar un rato tedioso, previsible, lánguido, por momentos. Incluso el rugby me pareció un tostón. El boxeo, que no viste, lució en Million… No tengo duda, mi buen amigo, Clint es un narrador de los que pierden, un tío lúcido a la hora de contarnos la épica de la derrota. Se pierde, aquí, por ejemplo, en la historia bonita de los que se salen con la suya. Le perdonamos.

    En otro orden de cosas, welcome back… Ya nos ponemos en contacto. Email, phone… Lo de siempre, pero con más tino…

    • Duele ver al tío Clint rodar medianías, pero duele menos, cierto. Duele menos por lo que ha dado y porque él es así, y no considera el fracaso más que como una circunstancia más. No es, ni le lejos, la gran película sobre el apartheid que algunos auguraban. Es enfática en exceso y vacía en su conjunto. No cuenta nada y había tanto por contar…

      A ver, Emilio. Muy liado estos días, pero con un fin de semana largo para ordenar algunas cosas.

  2. Le perdonamos, o no le perdonamos, porque a mi million dolar no me gustó, gran torino no me gustó, etc.

    He estado mirando, y desde 1993 (Un mundo perfecto), solo ha hecho tres películas que me hayan dejado satisfecho.

    • Le perdono, desde luego. Para mí sus últimos años han sido muy fructiferos. Gran Torino, Mystic River, Million Dollar Baby, Los Puentes de Madison… Incluso aquella bobada de los astronautas veteranos me gustó. Ésta, junto a El Intercambio y Banderas de Nuestros Padres, son sus únicos borrones censurables. He incluso en ellas hay belleza comprimida en unos pocos segundos. Paso por alto sus «entretenimientos», como él las define. Películas que rueda por pura y necesaria diversión. Caso de Deuda de Sangre o True Crime.

  3. Creo que la explicación que yo le doy, y que puse en el blog, es que no se trata de un film de Eastwood, sino un encargo ultrapersonal de Freeman. Lo que pasa es que no estamos acostumbrados a la figura del director artesano, que acepta encargos y que se limita a poner su talento «a disposición de». Eastwood nunca se ha creído la farfolla esa de ser un «autor», sino que se rodea de buenos profesionales y factura productos impecables. Ahora bien, dicha esta parrafada, cierto es que no se trata de su película más inspirada y que tampoco es que nos importe demasiado. Personalmente, espero que recaude una buena pasta para su próximo proyecto. Hasta entonces, pues…

    • Lo del encargo no vale como excusa, pero podría dar una explicación parcial a su apatía. Eastwood es un artesano. Apelativo (nada peyorativo) que él ha repetido para referirse a sí mismo en multitud de ocasiones. Factura con elegancia, solvencia e inspiración. Y a veces, dada su imparable ritmo de trabajo, comete errores. Nadie está libre de cometerlos, afortunadamente.

      No sé si dará mucha pasta, pero ojalá lo haga si eso le permite rodar más y más. Con la edad que tiene, cada trabajo suyo es un regalo para el espectador.

  4. Bueno, bueno, El padrino era un «encargo» que coppola no quería hacer.

    Y me reafirmo, el libro de Carlin es muy bueno, se trata de una investigación y una recreación del ambiente político excelente, de un corresponsal que era parte, que estaba allí años antes, que mascó los acontecimientos.

    El problema no es el encago, sino el director, que nos endosa pocos Mystic rivers y muchos changellings.

    • Es un encargo, como lo han sido la mayoría de las películas que ha dirigido en los últimos 20 años. Coppola ha dirigido encargos a cascoporro. Y Ford, que no dirigió un proyecto personal en su vida y sin embargo rodó una docena de obras maestras. Eso del «encargo» no deja de ser un palabro usado por puristas anquilosados.

      La novela, tal y cómo la describes, pinta bien. No me cabe duda de que mucho mejor que la película. Y está excusado, desde luego… pero qué mala es «El Intercambio»

  5. Es que no es una novela!
    Como el Cercas de Anatomía de un instante, es algo a medio camino entre reportaje, biografía, ensayo…Lo cual no lo hace menos ameno…
    Y en eso radica su acierto.
    Carlin no se ve envanecido, no quiere narrar grandes hechos mediante una novelización de la historia. Solo observa, pregunta, narra.

  6. No la he visto todavía,pero soy devota de Eastwood y de gran parte de su filmografía con contadas excepciones.De todos modos,si ésta no es deslumbrante,creo que ya nos ha demostrado a tod@s su saber hacer como actor y como director.
    Besos

  7. El libro es una maravilla, doy fe de ello porque lo estoy disfrutando en estos momentos…

    La película no es perfecta, se nota un poco fallida pero se deja ver….

  8. Pues al final ni he visto todavía la película ni estoy leyendo el libro (el último de Auster es un coñazo …pero no se dejar un libro sin acabar de leerlo…brrrr).
    lo que ya va a ser dificil serà imaginar a Mandela y que no te salga detrás de la retina la cara de Morgan Freeman….que bueno es ese hombre!

    • Eso he oído y leído sobre el último de Auster, que es decepcionante. Tampoco yo soporto dejar los libros o las pelis a medias. Pero en caso de emergencia, rompan el cristal, recuerda.

      Mandela en la peli es casi un Dios. No creo que a él le guste esa imagen de sí. Es, en cualquier caso, de los pocos seres humanos que admiro. Pero eso debería quedar para los adentros.

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