Como estar en París y no ver la Torre Eiffel…

«Limpio de esa mierda», me han dicho esta mañana.

Hoy hace justo tres meses que dejé de tomar antidepresivos por decisión propia, lo que me valió más de una bronca por parte de mis médicos (eso de decidir dejar de tomar medicamentos por cuenta propia lo llevan fatal). Y según ella, son necesarios tres meses para limpiar el cuerpo de toda esa porquería. Me sumí en una profunda depresión en febrero a la que decidieron combatir (yo no estaba) con Prozac, Diazepan, Vandral y Deprax. El ser testigo directo de la traumática muerte de la única persona que siempre me querrá pase lo que pase me dejó k.o. durante varios meses. Luego apareció ella, pero esa es otra historia. Muy dolorosa, también.

Pues bien, limpio ya de esa mierda me siento igual que antes. Físicamente mejor: mi peso baja y sube (en Navidad no comí en todo el día). Mi libido se ha repuesto tras muchos meses irregulares. Mi ánimo está bajo, pero no es por causa de aquello sino por lo que está por llegar. Dado mi fracaso absoluto en todos los campos, cualquier cosa que ocurra me produce terror en este momento. Y en esto, la tarde de Nochebuena me llamó Anna, amiga íntima (tercera hermana) a la que quiero locamente. Luego me llamó Emilio, y con él hablé durante más de una hora. Gracias a ambos, de veras. Hicisteis la tarde más llevadera en una casa vacía.

Con Emilio hablé de la estatua de Woody Allen situada en el centro de Oviedo. Le dije que estuve allí hace dos años y medio y no vi la figura. Por entonces salía con una chica espectacularmente bonita que nació allí. Su padre (un tipo genial) me regaló un libro maravilloso de Hitchcock editado por el ayuntamiento de Oviedo. Lo habré leído tres o cuatro veces y no me canso de hacerlo. Cinco días allí y no vi la estatua de Woody. Fue como estar en París y no ver la Torre Eiffel.

Puede que vuelva pronto. En mi desquiciado plan de ruta he pensado en dejar Suburbia, vivir allí y empezar una nueva vida. Dependerá de si consigo un empleo. Lo que es seguro es que lo primero que haré será ver la estatua del pequeño genio y lo segundo visitar al tipo genial que me regaló un libro maravilloso de Hitch (aunque haga mucho tiempo que no salgo con su hija, seguro que le agradará verme). Puede que ocurra o puede que no. Ahora todo es una incógnita. Todo es extraño.

6 pensamientos en “Como estar en París y no ver la Torre Eiffel…

  1. Mi tarde se completó también con la charla telefónica. Habría que buscar huecos para repetirlas con mayor frecuencia. Por si no tenemos ocasión, igual sí la hay y entonces repetimos el deseo, que entres el año 2.009, que será distinto, y será mejor, todo lo mejor que sepas. E imaginación tienes. Búscate un refugio feliz esa noche y métete hasta el fondo.

  2. «Puede que ocurra o puede que no. Ahora todo es una incógnita. Todo es extraño».
    …y todo un libro por escribir. Pero tú eres el dueño.
    Puedes empezar por escribir un capítulo esperanzador , por ejemplo. Un preludio de todas las cosas buenas que estén por venir…que ya te toca.
    Un abrazo grande y a por ello, de todo corazón.

  3. A ver si puedo llamarte la tarde del 31, Emilio. Así podré desearte un buen nuevo año. Trataré de buscar un refugio, cosa nada fácil como sabes. Hasta el fondo me meto siempre. Gran problema.

    Ando muy falto de motivación, Mary Kate. Siento que el tiempo se me escapa y no encuentro motivos para convertir el gris en azul. Ojalá aparezca la chica Kubelik este año, aunque me temo que no será así. Muy cerrado ando para cuestiones del cuore y no demasiado espabilado para el resto. Hay que remontar, sí, aunque son ya muchos meses de caída.

    Eras tú, sí. Lo había imaginado. Abrazo muy, muy grande, encantadora mujer atribulada. Lo mejor está por llegar, espero que sea así para ti.

  4. bueno, yo estuve en san francisco casi una semana y no vi el golden gate…fue hace ya años, y por estas fechas, y no dejó de llover y no iba en la mejor de las compañías, pero fíjate, que ahora recuerdo a esa laura casi con cariño. pava como ella sóla, pero entrañable también.

    el tiempo hace algo muy asqueroso, alex. lo cura todo. recuerdo que me lo dijo mi padre hace muchos años, y le odié por eso. yo no quería curarme. el tiempo hace que olvidemos lo extremo, lo que no nos deja vivir. con su paso, a la larga, todo se vuelve de otro color, que es mejor para vivir tranquilo, pero también extrañamente soso. hasta que por fin llega algo nuevo con lo que ilusionarse.

    y empieza todo de nuevo.

    ese es mi deseo para tí el próximo año… 😉

  5. El tiempo lo cura todo, es cierto. Y es asqueroso, verdad. Estar en San Francisco y no ver el Gonden Gate no es tan lesivo, no creas. Mejores cosas tendrías que hacer.

    Que llegué algo nuevo y mejor es una posibilidad, Laura. Te agradezco los deseos, aunque sabes que los deseos no son más que buenas palabras. Tienen valor pero carecen de fuerza. Te deseo lo mismo, desde luego, aunque aplique la misma ecuación a mis palabras. Ojalá, al menos en tu caso, funcionen.

    Todo consiste en volver a ilusionarse, sí. No es nada fácil, pero ocurre a veces.

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