Faro…

La tarde noche del pasado domingo llovió con fuerza durante una hora. Me refugié (lo cual era una tontería ya que estaba empapado) bajo un tejadillo mientras aguardaba a un amigo con el que había quedado. Entretuve el tiempo echándole un vistazo al escaparate de una tienda de libros: Cuadernos y agendas de High School Musical; una colección de libros de un escritor muy conservador y digno él; todo el abanico de best sellers imaginable; éxitos literarios llevados al cine (“El niño del pijama de rayas”)… La oferta y demanda conjuntadas, fascinante. Y en medio de todos ellos, un faro…

Lluvia, faro y ese título… hubiese pensado que se trataba de otra señal si aún creyese en ellas. Se necesita toda una vida para creer en algo y sólo un minuto para dejar de hacerlo.

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13 pensamientos en “Faro…

  1. Músicos de jazz. Si de pronto descubro un trompetista, uno de los cincuenta, uno de los menos granados en la monumental historia del jazz, aparece días después en montones de discos. Si escucho Summertime en la radio (anoche, en RNE) en una versión de Ella Fitzgerald,pues hoy escucho a uno en la calle (verídico, verídico, verídico, y fascinante) silbando la melodía en un semáforo. Faros también.

  2. Qué sería de nosotros sin los faros. No sé si conoces este poema, Alex:

    SOLILOQUIO DEL FARERO. LUIS CERNUDA

    Cómo llenarte, soledad,
    sino contigo misma…
    De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
    quieto en ángulo oscuro,
    buscaba en tí, encendida guirnalda,
    mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
    y en tí los vislumbraba,
    naturales y exactos, también libres y fieles,
    a semejanza mía,
    a semejanza tuya, eterna soledad.

    Me perdí luego por la tierra injusta
    como quien busca amigos o ignorados amantes;
    diverso con el mundo,
    fui luz serena y anhelo desbocado,
    y en la lluvia sombría o en el sol evidente
    quería una verdad que a ti te traicionase,
    olvidando en mi afán
    cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

    Y al velarse a mis ojos
    con nubes sobre nubes de otoño desbordado
    la luz de aquellos días en tí misma entrevistos,
    te negué por bien poco;
    por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
    por quietas amistades de sillón y de gesto,
    por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
    por los viejos placeres prohibidos
    como los permitidos nauseabundos,
    útiles solamente para el elegante salón susurrado,
    en bocas de mentira y palabras de hielo.

    Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
    que yo fui,
    que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
    por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
    limpios de otro deseo,
    el sol, mi dios, la noche rumorosa,
    la lluvia, intimidad de siempre,
    el bosque y su alentar pagano,
    el mar, el mar como su nombre hermoso;
    y sobre todo ellos,
    cuerpo oscuro y esbelto,
    te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
    y tú me das fuerza y debilidad
    como el ave cansada los brazos de la piedra.

    Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
    oigo sus oscuras imprecaciones,
    contemplo sus blancas caricias;
    y ergido desde cuna vigilante
    soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
    por quienes vivo, aun cuando no los vea;
    y así, lejos de ellos,
    ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
    roncas y violentas como el mar, mi morada,
    puras ante la espera de una revolución ardiente
    o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
    cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

    Tú, verdad solitaria,
    transparente pasión, mi soledad de siempre,
    eres inmenso abrazo;
    el sol, el mar,
    la oscuridad, la estepa,
    el hombre y su deseo,
    la airada muchedumbre,
    ¿qué son sino tú misma?
    Por ti, mi soledad, los busqué un día;
    en ti, mi soledad, los amo ahora.

  3. creo que las señales son ese truco que utiliza nuestro cerebro cuando ya no hay razones para creer en nada. que no significa que no sigas creyendo, sino que en ese momento dejas atrás la lógica y empiezas con la fé. yo, que siempre he creído que no tenía fé en nada, me encuentro creyendo en las señales en los peores momentos. lo curioso es que a veces funcionan bien.

  4. Las señales se repiten de un modo desconcertante, Emilio. No sé interpretarlas, y lo que es peor, no sé si he sabido hacerlo en el pasado. Esta misma tarde volvió a ocurrir. Las señales me hablan como no lo han hecho nunca, pero no sé qué quieren decirme.

    El poema es impresionante, Amaya. Gracias, de veras. No lo conocía. La tercera estrofa contiene mi parte favorita. La que más me ha emocionado. El “calambrazo”, que diría un conocido mío.

    Gracias, Amaya.

    No lo sé, Laura. Yo he pasado años sin recibir señal alguna, pero desde hace meses las recibo casi a diario. Algunas son inexplicables. Cuestión de fe, como dices. Creer es complicado, muy complicado. Dejar de creer es mucho más sencillo. Más fácil.

  5. no has recibido señales hasta que no las has necesitado, alex…

    estoy de acuerdo en que no creer es más fácil…aunque también te hace la vida más complicada. sería tan bonito creer en dios, el amor verdadero o la suerte…

  6. No estoy muy seguro de ello, Laura. Hubo un largo periodo de tiempo en el que necesité señales y no las recibí.

    En realidad no he dejado de creer. Sólo que me he dado cuenta de que no sirve de nada remar si eres tú el único que lo hace. Das vueltas en círculos, sin más, y dañas, sin darte cuenta, a la otra persona. Y eso es lo último que se desea. Llámame ingenuo, pero creo en las señales, en la magia y en el amor incodicional. Creo que el amor te hace mejor y que te salva (de la mediocridad, del hastío, de lo que quieras). Lo creo firmemente, aun a sabiendas de que rara vez sucede y de que lo práctico recibe más simpatías.

  7. un brindis por el último romántico…;)

    es una señal de honestidad personal reconocer la fé en el amor. nunca hagas caso a alguien que dice que ya no cree, porque sólamente esperan ser salvados.

    si no fuera así ya estarían muertos.

  8. El amor es una tortura, Laura. Querer duele una barbaridad. Más, si cabe, que su ausencia. Y cuando no es autentico o no es correspondido, duele más y más. Yo crecí siendo testigo del amor intenso que se profesaban mis padres entre docenas de parejas que, como mucho, se apreciaban. No es que quiera tener algo igual (algo así ni se elige, ni se decide), es que no conozco alternativas. Estoy condenado, como me decía un amigo.

    Creo en el azar, porque demostrado está que el azar no existe. Todo tiene una razón de ser. Debe tenerla, aunque en muchas ocasiones no sepamos ver.

  9. No sé muy bién como funcionan las cosas , pero cada vez estoy más convencida de que de alguna manera nosotros mismos generamos o proyectamos esas señales que luego nos llegan.
    Y las identificamos porque son retales de nuestros propios deseos y miedos.
    Ecos que nos los recuerdan.
    Hay que ponerse las pilas y anhelar constantemente cosas buenas y evitar dejarnos invadir por todos esos fantasmas que uno crea en noches de insomnio , negras como boca de lobo.
    Bueno …como teoria no está mal creo , no?…

  10. Yo no sé nada, Mary Kate. Todo cuanto me ocurre desde hace meses, me supera. Lo único que he aprendido en todo este tiempo es que mi resistencia ante la adversidad en mucho mayor de la que imaginaba. Y a no dar nada por sentado, aunque eso ya lo sabía.

    Es muy posible que sea como dices, que proyectamos lo que bulle dentro de nosotros. Tal vez por ello, la pasada primavera, durante los escasos tres meses en los que fui feliz en medio de la tempestad, docenas de personas (muchas de ellas no me conocían) decían sentirse bien cerca de mí. Ahora paso un momento horrible y todos se alejan (comprensible). Todos menos el insomnio. Qué noches llevo, Dios.

    Me pondré las pilas (lo intento cada día) y anhelaré esa suerte esquiva. Tal vez funcione. A ver… Desde luego como teoría no está nada mal.

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