Solo cien más…

Fue en septiembre de 2005 cuando todo esto empezó, aunque en realidad fue durante el cadencioso verano de ese mismo año cuando comencé a frencuentar algunos blogs, la mayoría de ellos de temática cinéfila. No, no leía cualquier cosa, huía por sistema de los esquemáticos, los ortopédicos y los asépticos. Para mi fortuna nunca fui cartesiano. Entonces descubrí una choza virtual de vida singular y extraordinaria regentada por la sita Ice. Reservaba dos o tres horas diaras, generalmente por las noches, para leer sus posteos diarios y los deliciosos comentarios que regalaba su bien cuidada prole de invitados. Mis circunstancias personales eran muy jodidas entonces, algo que oculté con suficiente solvencia como para extender la fantasía que ofrece lo que no es real sobre una cotidianeidad que manchaba. Después llegaron muchos más (resulta inúltil citar cada nombre), y me sentí lo suficientemente arrogante como para exponer mi punto de vista.

Hace unos días busqué un Google información sobre una película olvidada, y las migas de pan me llevaron hacia mi antiguo refugio virtual. Ni siquiera recordaba haber escrito aquello, plagado de errores semánticos, voluntarioso hasta la arcada, inconexo como yo mismo lo sigo siendo. Trato de imaginar las sensaciones que esas letras han provocado en cada náufrago que llegó hasta esa orilla sin delimitar. Trato de recomponer la piezas del que fui y encajarlas con lo que soy. La gente cambia pero los rescoldos de lo que ocurrió siempre recuerdan el lugar en el que se cometió el delito de creer que tienes algo que contar que alguien está dispuesto a escuchar.

Cien posteos más y serán mil en este lugar. Fueron casi quinientos en mi anterior blog y medio centenar más en mi primer buceo a pulmón en aguas turbias. Han pasado tantas cosas entre tanto que resulta comprensible que al leerme me sienta extraño. Las deudas nunca pagadas se incrustan dentro de uno, le envilecen, le convierten en descreído. Puedo seguir mis pasos al leer cada posteo, cada ocasión perdida, la batacazo, la efímero éxito. Veo y siento cómo la ponzoña toma ventaja y cómo la inocencia mengua para a continuación recuperar su lugar manchada del hollín del desencanto. La euforia reclama su lugar más tarde, justo antes de retirarse discretamente para dejar paso a la monotonía aborregada. La vida en formato bit.

Cien posteos más y serán mil pataleos, mil orgasmos, mil decepciones, mil lágrimas repartidas entre la felicidad y la tristeza. Mil paseos por la vida de otros. ¿Quién seré yo por entonces? Lo único que espero es que ese día siga siendo lo suficientemente curioso para descubrir lo que oculta la siguiente esquina, el último minuto de una película, la última página de un libro…

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