Saber de lo que se habla…

Se cumplen cuatro años desde que le fue encomendada una misión de alto riesgo a J. J. Abrams: devolver el interés perdido a la saga Star Trek. En realidad su misión era aún más alambicada, pues debía dotar de interés a una serie que siempre jugó con peores cartas que sus rivales. Su primera incursión fue inesperadamente alentadora. La segunda parte de la misión, “Star Trek: en la oscuridad”, es sencillamente brillante.

Abrams consolida su proyecto con un guión sólido en el que la única apostilla hace referencia a su último tramo, cuando el cansando de un pulso narrativo vigoroso se hace patente y la coherencia recurre en exceso al guiño cómplice con el espectador. Hasta entonces todo funciona como un mecanismo virtuosamente engrasado en el que sus piezas se deslizan para crear una sinfonía altamente evocadora y respetuosa con el material original sin negar su intención de generar una nueva mística (conceptual y estética) a la saga. La ciencia-ficción más ensoñadora coaligada con el cine de acción más poderoso. Resulta inútil señalar una única virtud en un conjunto sobresaliente, dotado de credibilidad y emoción en prácticamente cada uno de sus fotogramas.

Durante su breve cruzada en pos de la excelencia para la saga, Abrams ha recuperado a los personajes originales, los únicos que resultan interesantes tanto al trekkie apasionado como al ocasional. Renancen Spock, el capitán Kirk, el doctor McCoy, Uhura… Este detalle, contemplado en el conjunto del lienzo que aún no ha terminado Abrams, es importante pero lo es menos que la sabia utilización de recursos. Los efectos especiales son comprensibles, no abruman, acompañan la acción de modo que provocan que ésta sea más estable, sin toman nunca el control del espectáculo. El argumento, inspirado en viejos episodios de la serie original, es prodigiosamente actual, material fácilmente moldeable por las manos de un grupo de guionistas que contemplan con respeto al público que pretenden engatusar. El resto de departamentos, del primero al último, entran en sintonía sin aparente esfuerzo consiguiendo que cristalice este fastuoso blockbuster veraniego.

No hay respiro. Desde la primera a la última escena, “Star Trek: en la oscuridad” proclama sus intenciones haciendo ondear la bandera (tantas veces perdida) del divertimento destinado a trascender. Qué hermosa lección de cine palomitero…

j-j-abrams-discusses-star-trek-into-darkness-villain-124454

Anuncios