El Triunfo y la Voluntad y el Olvido…

La principal característica de “Las Sesiones” es su factura televisiva que a duras penas consigue disfrazar. De hecho, es posible que la extensa trayectoria en el medio de Ben Lewin se muestre intencionadamente, como útil vehículo introductor de una trama fácilmente masticable y aún más fácilmente olvidable.

Sabido es que todo drama humano superlativo encuentra mayor cantidad de aliados cuanto más ligero sea su equipaje dramático. El humor gana adeptos al tiempo que cargar las tintas los espanta. Lewin defenestra sus tendencias catódicas para dar paso al humor a la ironía para representar la vida de Mark O’Brien, escritor anclado en un pulmón de acero que decide perder su virginidad. Rápidamente la trama empatiza gracias a un sobresaliente reparto en el que quizás su pieza más débil sea la del actor protagonista, John Hawkes, tan esforzado como reemplazable. Contraste de una brillante Helen Hunt y de un sereno William H. Macy en el papel de sacerdote que oficia el lugar de contrapunto moral en la decisión de O’Brien.

El metraje transcurre de un modo vertiginoso, apuntando apenas las limitadas posibilidades que ofrece un material demasiado manoseado, mientras escurre el bulto en todo aquello que hace referencia a un tejido dramático tan liviano que se deshace una vez el proyector se detiene. De tal modo que la complicidad que nace entre el protagonista y su terapeuta sexual y sus enamoradizas cuidadores resultan primero confusas y más tarde inconcebibles. Sin embargo, su cómoda digestión, junto con el tema tratado y el tono empleado, propicia una algarabía en la platea destinada a evaporarse en cuanto un mínimo análisis crítico se pone en funcionamiento para desenmascarar una farsa que tal vez ni siquiera persiga el loable arte del engaño. A cambio logra un efímero triunfo amable, descastado y sin empaque.

Sería injusto, en cualquier caso, olvidar los ocasionales chispazos de brillantez. Batalla inútil ésta, pues Lewin parece más complacido por recibir elogios inmediatos que se tornan en decepción una vez la adrenalina vuelve a su lugar y se descubre una película de sobremesa, destinada a ganar premios del público en los festivales que visita. En San Sebastián cumplió con el objetivo. Así sea…

 

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