Demasiado débil para luchar…

Durante una época de su vida Frank Kafka no consiguió escribir. La única válvula de escape que se le concedía se había cegado… y la angustia comenzó a crecer. Fue entonces cuando Milena Jesenská apareció en su vida. Ella era una escritora que se ganaba la vida traduciendo textos ajenos. Hacía años que se había casado, en un acto de rebeldía, con un mediocre novelista austriaco con alto concepto de sí mismo llamado Ernst Pollak. Sin vida social y con un marido demasiado abstraído en sí mismo, no tardó en sentirse desdichada a su lado. Como recurso de supervivencia se volcó en los libros y en su trabajo… entonces apareció Kafka.

Milena se descuadró al leer varios cuentos del escritor. No se trataba de la arquitectura de los escritos tanto como de lo que filtraban sus historias. Le escribió poco más tarde, pidiéndole permiso para traducir su textos (originalmente escritos en alemán) al checo. La respuesta de Kafka, tan apasionada como llena de imprecisiones, le hizo plantearse la posibilidad de enamorarse de alguien a través de sus letras. Algo imposible para una mente racional, pero ella, que se enfrentó a su familia para casarse siendo aún menor de edad, nunca fue una mujer racional.

Así nació la relación epistolar que les unió hasta la temprana muerte del escritor en 1924. Cuando Kafka escribía, Milena temblaba. Tal vez por esa razón fue siempre reacia a encontrarse con él, circunstancia que se dio en dos ocasiones. En Viena, durante cuatro intensas jornadas, y durante un día en Gmünd, la última vez que se vieron.

Su primer encuentro se dio en un café de Viena. Milena buscaba a un hombre moreno, de aspecto quebradizo y sombra triste. Tardó en reconocerle. Kafka, sin embargo, la reconoció de inmediato. Se sentó a su lado y, aún sin cruzar palabras, apartó el cabello del rostro de Milena. La fascinación de ella se acrecentó cuando Franz se refirió a ella como mi Milena.

Concertaron un nuevo encuentro en Gmünd, durante el mes de agosto. Franz se presentó a la cita ansioso. Lo primero que hizo fue confesar su amor por ella… y ella no respondió. Asustada por el apasionado ardor del escritor, y confusa por el tormentoso placer que él parecía extraer de la autoflagelación, se mostró ausente durante el resto de la jornada. Los paseos que siguieron por los frondosos bosques de la ciudad austriaca se convirtieron en un calvario para ambos. Franz reprochó la frialdad de Milena. Milena calló. Durante el viaje a la estación de tren que les alejaría, Franz trató de coger de las manos de Milena. Ella las apartó. Este último encuentro sumió a ambos en una profunda melancolía al ser conscientes de que por carta resultaba más fácil amarse. Sin embargo, el papel les impedía tocarse.

Después de su último y fatal encuentro, Milena telegrafió a Franz informándole de que le había enviado una carta explicándole lo que había sentido en Gmünd.  Aquella misma tarde introdujo en un sobre una carta escrita en papel amarillo dirigida a Franz en la que trataba de recuperarle haciéndole entender lo difícil que era amar a alguien que se odiaba a sí mismo con la misma intensidad con la que se había entregado a ella. Sentía que algo se había roto entre ambos, y no se equivocaba. Pasaban las semanas y la respuesta no llegaba. Mientras, en Praga, Kafka escribía y rompía docenas de cartas destinadas a Milena. No podía dormir. Se levantaba de la cama de madrugada para redactar misivas que, una vez llegado el alba, rompía desesperado. Finalmente, semanas más tarde, en el buzón de Milena apareció un sobre escrito con la caligrafía aguda de Franz. Aquella fue la última carta que le envió.

Sin fecha

Sábado por la noche.

Aún no he recibido la carta amarilla, te la devolveré sin abrir. Me lamentaría el resto de mi vida si la idea de no escribirnos más no fuera la más correcta. Mas no me equivoco, Milena.

No quiero seguir hablando de ti, no porque no sea asunto mío, sí lo es; pero sencillamente no quiero hablar de ello.

Así que hablemos de mí: lo que tú eres para mí, Milena, lo que eres para mí más allá de todo el mundo en que ambos vivimos, eso no lo encontrarás en los papeluchos diarios que te he escrito. Esas cartas, tales como son, solo sirven para atormentarse, y cuando no atormentan es peor todavía. No sirven de nada, salvo para crear un día, en Gmün, malentendidos, humillaciones, humillaciones casi perpetuas. Quiero verte tan nítidamente como aquella primera vez en la calle, pero las cartas distorsionan tu imagen aún más que el bullicio de la calle L. (…)

(…) Aquí estoy, sentado frente a esta carta, sin nada más que hacer, a la una y media de la madrugada; mirando sus palabras y viéndote a través de ellas. A veces, no en sueños, se me aparece esta visión: tienes la cara cubierta por el pelo, consigo separarlo y apartarlo hacia ambos lados, aparece tu cara, mis dedos recorren tu frente y tus sienes y al fin he conseguido retener tu rostro entre mis manos.

Lunes

Quise romper esta carta, no mandarla, no contestar a tu telegrama, los telegramas son tan fríos, pero ahora además tengo la tarjeta y la carta, esa tarjeta, esa carta. (…) Callar es la única manera de vivir, en todas partes. Con tristeza, de acuerdo, pero ¿eso qué importa? Así el sueño es más infantil y más profundo. Pero el tormento es como un arado que surca el sueño -y el día-, se vuelve insoportable.

Miércoles

No hay ley que me prohíba escribirte una vez más y agradecerte esta carta donde aparece lo más hermoso seguramente que has escrito nunca, ese “Yo sé que tú me…”.

Aparte de eso, no hace mucho que estabas de acuerdo conmigo sobre la conveniencia de no escribirnos; que precisamente yo lo haya propuesto se trata simplemente de una casualidad, ya que del mismo modo habrías podido proponerlo tú. Y como estamos de acuerdo, no es necesario explicar por qué es conveniente que no nos escribamos más. (…)

(…) Esta carta no es una despedida, solo lo sería si la fuerza de la gravedad que me acosa constantemente me arrastrara para siempre contigo.

El 3 de junio de 1924, día de la muerte de Franz Kafka, Milena escribe una nota fúnebre en un diario checo: “tímido, retraído, suave y amable, visionario, demasiado sabio para vivir, demasiado débil para luchar, de los que se someten al vencedor y acaban por avergonzarlo”.

Días antes de su muerte, devorado por la tuberculosis que le impide alimentarse con otra cosa que no sean líquidos, Kafka escribe una de sus últimas sentencias: “Quien busca, no halla. Quien no busca, es hallado”.

Anuncios

8 pensamientos en “Demasiado débil para luchar…

  1. Alex,
    me ha impactado mucho esta historia de escasos encuentros (desencuentros) y amor epistolar que parece no puede llegar a prolongarse en persona.Me hace cuestionar si es posible que haya relaciones que funcionen mejor en la distancia que marca el papel.
    Por otro lado,no puedo estar más de acuerdo con la última sentencia de Frank:
    “Quien busca, no halla. Quien no busca, es hallado”porque a veces de tanto buscar,forzar,intervenir…acabamos exhaustos y con las manos vacías…es más difícil sin embargo no actuar y cuando paradójicamente,sin buscar,se es hallado.
    Qué hermosos textos,gracias por compartirlos.
    Besos

    • La historia de amor entre Kafka y Milena me estremece cada vez que la recuerdo. Él siempre fue un tipo introvertido en extremo y obsesionado con la idea del amor puro. Entonces apareció ella en su vida y se volcó… y se equivocó. No fue completamente correspondido, al menos no como él deseaba, pero Milena supo verle como nadie le había visto antes. Y todo ello sin haberse visto más de cinco días. La historias de amor epistolares (las historias de amor a distancia en general) son muy duras… y hablo por experiencia propia. Tener lejos a la persona que amas es la prueba más compleja que, de superarse, garantiza que esa pasión es real.

      La famosa sentencia de Kafka que tanto me gusta (y tanto te ha gustado a ti) me acompaña siempre. La certeza más absoluta en tan solo un puñado de palabras. Sólo el que ha sentido el frío y la soledad podría llegar a tan desoladora como lúcida conclusión.

      Besos, Troyana.

  2. Casi todas las relaciones funcionan mejor a distancia.El echar de menos reaviva el fuego y Kafka tenía la facultad de consumirse en esa llama amorosa.
    Comparto con Troyana las gracias por estas entradas tan buenas.
    Saludos

    • Cierto que echar de menos al otro reaviva el fuego. No es menos cierto que la distancia física genera distancia emocional. Desde luego Kafka tenía la facultad de la que habla. Deseaba amar con todas sus fuerzas, pero se veía incapacitado para ello.

      La historia, torpemente redactada, ha sido corregida en media docena de ocasiones y con seguridad aún esconde algún error tipográfico, ortográfico o algún tiempo verbal descompensado. Agradezco tu comprensión y generosidad, Oli.

      Saludos.

  3. No conocía la historia y he de decir que ese tono dramático y triste que suele envolver a estas historias de amor epistolares, es algo que no me sorprende en Kafka.
    Creo que esas historias en las que casi no hay roce salvo el tacto de un papel, suelen ser más apasionadas para las personas introvertidas y que buscan la perfección en todo, la distancia proporciona un margen amplio para la imaginación y la creación de esa persona amada según nuestras necesidades. Interpretamos sus palabras según más nos conviene y nos deleitamos (y a veces también nos torturamos) con determinadas frases.
    Posiblemente juntos no hubieran durado como pareja, tal como ellos intuían.

    Pd.- Te robaré alguna frase del texto para mi colección, si no te importa. 🙂

    • Sin tener nada en contra de las relaciones epistolares, nada, pero nada nada, se puede comparar al tacto del otro. El papel como sustituto necesario cumple una función transitoria que debe finalizar cuanto antes. Las emociones soterradas dan mucho juego literario, pero apagan el deseo a costa de avivarlo indefinidamente. Pienso así y Kafka, me temo, pensaba igual. Una carta nunca podrá contener la calidez de una mirada o el estremecimiento que produce una mano acariciando tu pelo.

      Puedes robar lo que desees. No me importa, desde luego.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s