20 Millas al Sur…

Cuando estaba aprendiendo a leer, como no siempre me comportaba de forma adecuada, mi padre me dio a conocer las fábulas de Esopo con la esperanza de que las moralejas de aquellos cuentos tradicionales mejoraran mi conducta. Cada anochecer, tras adentrarme en “La Zorras y las Uvas” y otras fábulas similares, él asentía y me preguntaba: “¿Y qué significa esta historia para ti, Robert?”. Al mirar aquellos textos y sus bellas ilustraciones, llegué a darme cuenta lentamente de que aquellas narraciones significaban mucho más que palabras y bonitos dibujos.

Más tarde, antes de entrar en la universidad, consideré que la mejor vida imaginable incluye tantos partidos de golf como sea posible, por lo que decidí hacerme dentista. “¿Dentista?”, se rió mi madre. “No puedes hablar en serio. ¿Qué ocurrirá cuando se solucionen todos los problemas odontológicos? ¿Dónde estarán entonces los dentistas? No, Bobby, la gente siempre necesitará entretenimiento. Estoy pensando en tu futuro. Te vas a meter en el mundo del espectáculo”.

El Guión. Robert McKee.

A finales de 2010 Robert McKee, maestro de guionistas que jamás ha escrito (al menos oficialmente) un guión, impartió un seminario intensivo en la sede de EiTB de Bilbao. Más de un centenar de jóvenes guionistas escucharon durante más de doce horas la entusiasta clase magistral de McKee hasta acabar poco menos que jaleándole. Yo me encontraba entre ellos. Un año antes, durante unas clases en una céntrica calle de Madrid, intercambiaba opiniones con mis compañeros sobre las teorías de McKee. Durante aquellas intensas discusiones, cafés de por medio, elaboré mi propia visión del personaje: sin duda se trataba de un hombre que relegaba la técnica en favor de la emoción. Durante aquella clase comprendí rápidamente que estaba equivocado mientras él danzaba sobre una pizarra electrónica situando actos, tramas secundarias y puntos culminantes sobre escaletas milimétricamente calculadas. Al fin y al cabo todo era una cuestión matemática. Había aceptado mi error, tras un pletórico y extenuante día, cuando, justo antes de despedirse, dijo solemnemente dirigiéndose a su entregado público: “Dicho todo esto, déjenlo a un lado y apunten hacia el sur de su cerebro. Porque sin corazón no tendrán nada…”

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