Elliott…

Una mañana durante una gira me despierto en St. Louis con el timbre del teléfono. Me entero de que nuestro amigo Elliott Smith ha muerto en Echo Park.

La primera vez que vi a Elliott, en 1996, salí del cuarto, agarré a un amigo común del brazo y le dije: “ese tío me preocupa”. Era un tipo encantador, muy callado, aparentemente desprovisto de una armadura con la que protegerse, que iba a más en el negocio de la música: mal sitio para los desvalidos, al parecer. En comparación con él, me sentía fuerte y seguro, y eso ya es decir algo.

(…)

Esa misma noche subo al escenario para tocar unas cuantas canciones. Termino con la favorita de George Bush “It’s a Motherfucker” y abandono el escenario. Justo cuando arranca la música del club siento una mano que se apoya en mi espalda. Me giro y veo a Elliott frente a mí en la oscuridad. “Bonita canción”, me dice. Si alguien sabe de verdad lo que es sufrir una putada, ese es Elliott.

Cosas que los Nietos Deberían Saber Mark Oliver Everett

Supe de Elliott Smith al hacerse públicas las nominaciones para los Oscar de 1997. Conocidos cómo son los gustos académicos, sonó extraño el que una canción “indie” se colase entre cuatro baladas acarameladas con tendencia a la arcada ajena. Supongo que les pareció algo exótico. Al ver el vídeo que daba soporte a la canción, con su estética entre lo cutre y lo devalido, las letras amargas de “Miss Misery” cuadraron a la perfección con aquel tipo que a duras penas alzaba la vista del suelo para dejarla caer de inmediato si notaba que la atención de alguien se posaba sobre él.

El 23 de marzo de aquel año (madrugada del 24 en España) vi la ceremonia de los Oscar en directo. La aparición de Elliott, enlatado en un traje blanco, que al tiempo parecía oprimirle como ser dos tallas mayor de lo que su cuerpo soportaba, fue uno de los momentos más tristes que he presenciado. Salió al escenario del repleto Shrine Auditorium con actitud sombría y la cabeza gacha. Su timidez patológica le impidió levantar la vista hasta terminada la podada versión de “Miss Misery” (apenas dos minutos, la televisión manda) que le hicieron cantar. Después, tomó de la mano a Celine Dion y a otra de las interpretes de las canciones nominadas, y se inclinó hacia un público al que no se atrevía a mirar. Sin embargo, la experiencia no fue en su fondo tan traumática como pareció. Al menos así lo contó él:

“Eso es exactamente lo que fue, surrealista… Me gusta actuar casi tanto como disfruto componiendo canciones. Pero los Oscar fueron un espectáculo muy extraño, donde el programa era de sólo una canción reducida a menos de dos minutos, y la audiencia era un montón de gente que no había venido a escucharme tocar. No me gustaría vivir en ese mundo, pero fue divertido estar cerca de las estrellas por un día.

Pasado el mal trago Elliott regresó a sus bares de la periferia, a los sótanos en los que componía sus canciones y a las peleas con los directivos que habitualmente no eran capaces de ver en su música más que una retahíla de lamentos etílicos. Y así era, pues Elliott se dejó llevar por el río bourbon desde el día que fue consciente de que la vida no estaba hecha para él. Después llegó la coca, la heroína y todo tipo de sustancias que terminaron por convertirle en un paranoico que se aferraba a la música para mantener la cordura un día más.

El 21 de octubre de 2003 fue un día lluvioso en Los Angeles.  Elliott había discutido con Jennifer, su novia, como ocurría casi cada día desde hacía meses. Se escucharon sus gritos y alaridos en todo el barrio. Los vecinos, ya acostumbrados, pensaron que se trataba del jodido vecino raro que no les permitía dormir desde que se mudó a la parte alta de las colinas. Sólo que aquella nota fue la última que cantó Elliott.  Su largo historial depresivo avaló la tesis suicida (algunos mantienen aún que se trató de un homicidio) que trataba de dar explicación al cuchillo que ondeaba en su pecho. Lo cierto es que daba igual: Elliott ya no estaba. Queda su música, para quien esté interesado en averiguar el proceso que permite el que las piezas defectuosas se sigan fabricando.

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7 pensamientos en “Elliott…

  1. Esas piezas decfetuosas hacen a veces que el mercado siga mereciendo la pena.
    Hermosa (en su tristeza) historia, Álex. Contiene los brotes exactos de gris para que sea siempre gris y no se ilumine nunca. Llevo unos días pensando la vida en colores. Como si mente trabajara en cromatografías en lugar de en sentimientos. No es una medida definitiva. Son probaturas. Pues tu texto es gris. De una grisura hermosa, ya digo. Volvieron del norte galo? Yo ya a punto de entrar en esa bendita (sí) rutina laboral que no sé ahora qué color ponerle.

    • Texto redactado con los pies fruto de la escasa concentración que me acompaña los últimos días. Cosa de los tiempos, Emilio.

      Volvímos de tierras galas. Húmedas y hermosas. Ahora toca reubicarse y encontrar un hueco para aguantar el invierno, que por aquí es extremo en relación al Cordobés. Los días siguen siendo de color, aunque el gris vaya cerrando los días unos minutos antes que el anterior. Todo lentamente. Demasiado lento a veces.

  2. Conozco a Elliott por From a basement on the hill, que me pasó un amigo en CD, piratee de buena gana y no escuché hasta mucho después. Suele pasar. Tiene uno a mano lo que no tiene tiempo de apreciar o de repudiar. Hay una pieza, let’s get lost, que me hace pensar en otro desfondado, en otro de ésos de textura gris (y hermosura en el gris) como fue Chet Baker, al que últimamente he dedicado muchas horas de escucha en muchos discos. Verano Baker. No triste, Baker.

    • En mi caso me distancié de él tras su muerte después de muchos años sintiendo que su música era la que yo mismo podría componer. Supongo que estaba enfadado con él y fue su música la que recibió el castigo. Chet siempre está ahí, Emilio. En unos días me pongo a buscar el documental en su memoria que se estrenó hace poco tiempo. Las imágenes sirven para que la pintura se mantenga fresca. Jazzisticamente hablando, mi verano ha sido Coltrane. Con tu permiso te tomo el espíritu de tu frase y lo cambio por un: No deslavazado, Coltrane.

  3. Elliott caminaba siempre en el alambre. No siempre me convence, pero siempre guardo un lugar para él…probalbemente junto a Jeff Buckley…

  4. Pingback: Crazy « Micronesia en el Cerebelo 2.0

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