Lo Estaré…

Mi experiencia vital se inclina hacia el dolor en demasía. Cierto es que ha habido picos de felicidad constante que me hicieron creer que la dicha no acabaría nunca, porque uno es así de inocente en ocasiones, como no menos cierto es que el dolor se hizo insoportable demasiado pronto en mi vida, cuando aún era adolescente, para volverse inenarrable hace tan solo tres años. Demasiadas punzadas que no niego han hecho mella en mí, pero que no han conseguido vencer otra cosa que pequeñas batallas. Yo sigo en pie, y no lo digo con el orgullo del superviviente sino con la precaución del descreído, pues ni yo mismo puedo entender cómo logré salir de tantos pozos.

Durante muchos años, tantos como once, Frasier Crane acompasó su paso al mío durante veranos perezosos, navidades solitarias y multitud de noches de lluvia que solíamos compartir con un café en nuestras manos. El suyo, por supuesto, con nuez moscada, pues Frasier siempre fue y será un snob entrañable al que retornar cuando el cielo se vuelve a encapotar. Me hizo reír e hizo reír a mucha gente a la que quiero y que ya no está. Me hizo reflexionar sobre los caminos casi siempre erróneos que tomé y acomodó mi almohada cuando los días eran demasiado rojos. Encarna, del modo más vívido imaginable, lo que supone para mí alguien con quien compartir momentos en tiempos en los que no había mucho más. Y fueron muchos los momentos en los que me sentí demasiado identificado con él: el día de su solitario regreso a Seattle; su hosca relación con su padre que terminó por revertirse en el amor filial más puro; sus siempre complejas y cómicas relaciones con las mujeres… Pero fue su relación con su hermano Niles la que más me acercó a él. En cierto modo porque suponía una sublimación a mi propia relación con mi hermano.

Hubo un episodio, uno en especial, que alejó a los hermanos de un modo que parecía definitivo. Niles (y no es que sea precisamente un castigador) se acostó “accidentalmente” con la ex-mujer de Frasier cuando éste trataba de reconquistarla. La traición les situó en lados opuestos, a millones de millas de distancia. Entonces, antes de que fuese demasiado tarde, Niles se acercó a su hermano, posó su mano su hombro, le pidió disculpas y le preguntó: “¿estás bien?”, a lo que Frasier contestó: “No, pero lo estaré”. A la mañana siguiente se reencontraron en el café Nervosa. Frasier  sentado en su mesa habitual, solo, mientras Niles, que acababa de franquear la puerta, lucía su habitual gesto despistado. Se acercó a la mesa de Frasier, descorrió una silla y preguntó a su hermano si estaba libre ese lugar. Frasier hizo un gesto afirmativo para después sonreír a Niles. Y así comenzó un día más en sus vidas como comienza este en la mía…

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19 pensamientos en “Lo Estaré…

  1. Al no tener hermanos, yo tuve que elegir a mi “hermano”. Esa clase de amigos muy diferentes a uno mismo, pero que toda una vida de complicidad, convierte en verdadero hermano. Sabíamos leer en nuestros gestos, hasta los pensamientos más peculiares de nuestros peculiares carácteres. Se trata de urdir alianzas, a menudo temporales, contra la vida y lo que ésta nos hace. Ahora está lejos, exiliado, sin empleo, enamorado, y absurdamente feliz. Y yo le echo de menos, y me alegro mucho por él.

    Lo que trato de decir es: ánimo, y fuerza hasta la próxima alianza…

    • Urdir alianzas lleva tiempo y exige complicidad y confianza, cosa nada fácil de lograr hoy día. Una amistad sincera, aunténtica, es infinitamente más valiosa que el oro. Y como ocurre casi siempre con el mineral, encontrarla es una cuestión casual y hermosa.

      Estaré bien, Mycroft. De hecho, ya lo estoy tras una semana complicada. Mis alianzas ya están trazadas y tú formas parte de una de ellas.

  2. Cualquier pena, efectivamente, es menos con “Frasier”. No es que la haya seguido mucho -mi mujer era ultrafan-, pero lo que he visto me ha gustado. Lástima que no haya manera de que se editen en España las seis últimas temporadas en DVD.

    Por cierto, Lilith es de ésas mujeres que me tendría siempre comiendo de la palma de su mano. Y cuando digo siempre, es siempre.

  3. No he visto ni un solo episodio de Frasier. Ni siquiera un accidental minuto en eso del zapping. Sé por ti que es buena. Lo sé también por un amigo, al que veo poco, como a ti, que siempre solía decirme que se refugiaba en Frasier y en Mussorgski cuando las cosas se le ponían difíciles. Una noche en el monte pelado: qué complicado luchar contra esa masa de violínes, le solía decir. El primer día de cualquier cosa (incluso de las cosas buenas) es un día difícil. Estarás bien, aunque no sepa qué te aqueja. Tampoco hace falta saberlo. El dolor a veces carece de evidencias.

    • Llevo más o menos como todos,algún dolor a cuestas,así que sé en carne propia esos extravíos de la alegría por lo que en algún momento transitamos.
      Sé que si no existiera la noche,ni siquiera reconoceríamos el día,la luz necesita por definición a la oscuridad y viceversa.Me aferro en esos días rojos (hoy tengo un final de día rojo)a ese credo que sutilmente predica Allen con sus últimas películas,porque necesito creer eso de que hay un rayo de luz en lucha que siempre deja la sombra vencida.
      Un abrazo

      • He llegado al punto en el que tengo fe por defecto. No faltan los días rojos, pero he desarrollado la capacidad para invertir sus valores en positivo. Y así, trastabillado muchas veces, sigo adelante. A la vuelta de cada esquina, esto lo he aprendido por experiencia, pueden suceder cosas extraordinarias.

        Abrazos, Troyana.

    • El dolor carece de fundameto o razón casi siempre, Emilio. Esto es lo único que me ha quedado claro después de tanto tiempo. Frasier siempre fue un refugio acogedor en el que me he sentido resguardado de todo cuanto sucedía ahí fuera, al menos durante media hora. Luego había que apagar el vídeo. Y el tiempo pasará, como dices, y casi todo lo cura. En ello confío.

  4. El otro día vi un video de unas chicas que bajaban en monopatín por una carretera. Había en sus movimientos algo que me fascinó, cuando se agachaban y tomaban una curva en cuclillas sobre la tabla, las piernas equilibrando el cuerpo y los brazos dispuestos para apoyarse en el suelo un segundo y cambiar la trayectoria. Era como surf urbano, me encontré sin más comparando esos movimientos con la vida, sortear dificultades, bordear los peligros, equilibrar las ansias, pero también disfrutar con esos giros imprevistos, la velocidad, no sé, manejar la tabla con esa soltura, el presente, confiar en tu destreza en el futuro, ver la sonrisa de las otras personas que te quieren y bajan en sus tablas a menudo contigo, chocar esas manos en medio de una pirueta. Alex, estar vivo, sano, tener planes, ilusión, ganas, potencial, bajar esa carretera sintiendo la brisa, saber que si giras hacia un lado frenas un poco, que puedes bailar sobre la superficie estrecha en un momento de gloria. Te lo deseo con fuerza, que estés en movimiento, con la mente ágil, que te cruces con amigos muchas veces, que no te detengas más que para reponerte y descansar. Eso es lo quería decirte, que estés en movimiento. Especialmente en tu interior. Un beso. Te dejo el vínculo de las chicas. http://vimeo.com/24195442

    • Conocía el vídeo. Es una gozada sentir el vértigo sitiéndote a salvo, pero le falta algo: el suspiro final de alivio y la sensación de agotamiento satisfecho que han legado estos días. No hace una hora que lo pensé: recordaré estos días como felices en el fondo. Más que por la máxima de Proust sobre la felicidad que nada enseña, por lo mucho que me ha unido a ella, de modo indisoluble pase lo que pase a partir de hoy. Recuerdo una película que vi de adolescente titulada “Dulce Hogar a Veces” en la que el protagonista, padre de familia, sentía al final la sensación de viajar a bordo de una vagoneta sin frenos en la montaña rusa. Así me he sentido estos días. Ahora toca ordenar el caos y descansar.

      Besos, Angéline. Y gracias por estar ahí.

  5. Jode en el fondo que todo tenga plazos y tenga final.
    En el fondo lo que molesta es que se rompa la posibilidad de que dure la sensación de confort, de plenitud, de sentirse uno bien consigo mismo y eso haga que los demás (los tuyos) estén bien contigo. Ordena el caos, descansa, pero no se te ocurra desocuparte.
    Hablamos el fin de semana if you can

    • Jode y mucho, Emilio. Los finales, digan lo que digan, son siempre jodidos. Me repatean los que hablan de dignidad cuando no hay nada de digno en el sufrimiento. Los que dicen esa mierda es que nunca han sufrido.

      Descanso desde ayer. Descasaré mucho más este fin de semana en el que pienso cerrar las ventanas al resto del mundo y abrile la puerta a ella. Y no, no pienso estar desocupado. Recorreré Madrid de punta a punta y no pienso contar los pasos.

      Abrazo.

  6. Ei!…No hace mucho estaba cocinando en casa para trece personas y llamando a un amigo para que viniera a romper el maleficio del fatídico número de comensales en una mesa. Vino por supuesto .Cuando cocino , cocino . Luego en el fragor de platos y copas sentados todos empuñando los cubiertos la conversación animada siguió en ritmo ascendente .De pronto me vi a mi misma como una de esas “Mammas” italianas. Y la conversación derivó en una parodia de una escena del “Padrino”.
    “La famiiiliiia”….!!!
    Tu hermano siempre será tu hermano.Te pelearás con el como un cosaco , pero seguirá siendo tu hermano.
    Bueno , sea como sea espero que en todo ese entramado de alianzas cuentes conmigo.
    Quien renunciaría a un buen “consiglieri” como yo?

    • Eres una piedra angular en mi vida, cosa que sabes. No puedo ni quiero prescindir de mi prestadora de sombras…

      Esas comidas familiares vuestras deben ser de lo más estimulante. A ver si algún día tengo la suerte de ser yo el que rompa el maleficio del número innombrable.

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