Aprendiendo a Morir…

El aprendizaje del alma humana requiere de la traición como fundamento esencial para su forja. Sufrirla, infringirla o tomar ambos caminos es algo que  queda a elección del consumidor. De ahí nace gran parte del debate ético contenido en “Nunca me Abandones”.  Sin embargo, lo que predomina en la notable película dirigida por Mark Romanek es su deprimente halo de desesperanza que crece y crece hasta estallar suavemente frente a las sordas conciencias de los “humanos originales”. Se diría, como cantaron Los Smith en los ochenta, que la suya sería una hermosa forma de morir de no ser por la terrible desazón que acompaña cada minuto de sus vidas.

El debate ético que parece presidir la función se empequeñece a media que transcurre la historia de Cathy (Carey Mulligan), Tommy (Andrew Garfield) y Ruth (Keira Knightley) a la sazón que sus lastradas experiencias vitales amenazan con convertirles en algo más que una emulación. El amor y los celos aparecen con puntualidad estacional, mientras los hechos se suceden hasta dejar en punto muerto una cuestión moral que sobrevuela en todo momento el devenir de los protagonistas en favor de la aceptación de un destino para el que han sido formados y en cuyo cumplimiento se afanan, presos de un penoso sentido del honor.

No son pocas las escenas que inducen hacia una tristeza intensa durante su pausado y tal vez en exceso academicista metraje: el baile de Cathy accidentalmente espiado, tomando como compañero de pista a una almohada; la lastimera espera de Tommy mientras aguarda a sus compañeras de viaje tras años alejado de ellas; la inocente muestra artística de Tommy, presentado como patética prueba de amor en busca de más tiempo para respirar; la mirada perdida del que ha jugado sus malas cartas de la única manera posible, mientras aguarda, tumbado sobre una mesa de operaciones, su inexorable destino… Demasiado bagaje emocional para dejar inmune al peregrino por muy inocuo que sea el ocasionalmente tibio guión y muy torpe la mano de su abrumado director, pues el material en que se basa (la excelente novela de Kazuo Ishiguro) no admite lugar a la duda a costa de un presumible batacazo que finalmente se evita a duras penas, resguardándose en algún pliegue de nuestra memoria los escasos momentos en los que se nos acarició ese corazón de cuya existencia emocional duda Romanek y, en demasiadas ocasiones, el que esto escribe.

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6 pensamientos en “Aprendiendo a Morir…

  1. Alex,
    hemos coincidido en película,”nunca me abandones” ha sido la última a la que le he dedicado un post.Me ha parecido hermosa y mortalmente triste,melancólica,desoladora.
    Me da rabia que los humanos adultos responsables de ese ¿proyecto?no sepan,no quieran no estén dispuesto a hacer excepciones ni aplazamientos.
    Me da rabia que esos jóvenes inocentes,casi angelicales,no se rebelen contra un destino marcado e inexorable.
    Y finalmente,me encanta la interpretación de Cathy (Carey Mulligan), para mí sin duda,la más destacable,llevo esa desolación clavada en la memoria y no puedo borrar de mi mente su absoluta desesperanza.
    Un abrazo

    • Tristeza desbordante es el mejor modo, sino el único, de definir a la película. Realmente se confía en ese tono triste para seguir a flote, pues las carencias con las que carga son muchas y le sobran otras muchas cosas. La novela (que no he leído, pero asistí a un debate fascinante sobre ella) ofrece más y al tiempo alambica las situaciones más si cabe. A la película le sobra narrativa fatua (por engreída) y le falta claridad de ideas. Es entonces cuando echa mano de la tristeza para convertirla en su razón de ser.

      Carey Mulligan y sus dos compañeros protagonistas están soberbios.

      Abrazo, Troyana.

  2. “tristeza desbordante”?” dices tú .
    “mortalmente triste,melancólica,desoladora.”,dice Troyana…
    Me quité de las de Vietnam , me quité de las de Lars Von Trier , me quité de las de Haneke…de algunas coreanas también…
    Donde están las películas que te planten una sonrisa en el alma que te dure hasta el miercoles por lo menos?
    O Woody Allen aumenta la producción , o
    ya sólo me quedan los dvd y ver viejas películas atrincherada en casa mientras suena en el tocadiscos “Indian Love Call” de Slim Whitman

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