Yo Acuso…

Amanece en Islandia y sobre la acomodada conciencia del aburguesado espectador occidental. Todo es idílico en el país de los glaciales: el pleno empleo es un hecho; la energía es límpia; el nivel de vida utópico; la deuda de los bancos locales duplica al producto interior bruto del país…

El documental “Inside Job”, dirigido por el combativo Charles Ferguson, busca, de modo didáctico, explicar las razones que llevaron al mundo a la situación económica caótica en la que hoy día se encuentra. Mediante sencillos gráficos y entrevistas con frecuencia tendenciosas, Ferguson cae en la tentación de emplazarse como un pequeño Michael Moore, entre moralista y fustigador, mientras repasa pormenorizadamente cada estación de paso de la crisis económica mundial. Es en ese punto cuando “Inside Job” se autoproclama testigo, jurado y juez vengador de todo afectado por la deblacle y comienza a disparar en todas direcciones sin preocuparse de cómo ni a quien alcanza en su catársis.

Documental americano rodado bajo un punto de vista de un americano progresista (centro-derecha, según la visión europea) para ser paladeado por otros americanos progresistas (ganó el Oscar al mejor documental otorgado por el, según los cánones yankees, rojo Hollywood), le falta tanto calado como le sobra didáctica de primaria, sensacionalismo puntual y accesos lacrimógenos metidos con calzador en un metraje ajustado que no aporta información alguna sobre el asunto y sí muchos tics y miradas reprobadoras. El mejor ejemplo son las coloristas entrevistas concedidas por algunos de los culpables del crack, en las que Ferguson se preocupa más de ridiculizar a los entrevistados y mostrar su indignación, que de lanzarles auténticos retos que les hubiesen puesto en un brete moral, de tener moral, cosa que dudo. Situaciones, todas ellas, que  el director resuelve sin raspar más allá de la superficie o echando mano del eterno letrero de que tal personaje rehusó ser entrevistado, siempre en busca de la sonrisa cómplice del espectador.

Más propio de una velada de Documentos TV que de una sala de cine, la ausencia de material cinéfilo que llevarse a la boca se suple con un formidable despliegue de medios y más lecciones de moral que tal vez debería aplicarse para sí la productora de la película (Sony). En cualquier caso, con el resultado buscado conseguido, no son pocos los alucinados espectadores que dicen abandonar la sala imbuidos por la luz tras recibir esta clase teórica de economía al estilo americano.  Como tampoco son menos los que, agotados por el mensaje unidireccional y la autocomplacencia de la película, deciden ahorrarse la mueca irónica para una ocasión más propicia.

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