La Mitad de Nada…

La cadencia, en contra de la creencia de muchos, no es una cuestión cualitativa, ni para bien ni para mal. Del mismo modo que Sofia Coppola en “Lost in Translation” utiliza la nada para trasladarnos al vacío universo de sus protagonistas, Angelopoulos o Tarkovsky fijan la cámara, como si se tratase de un lienzo sobre el que sus personajes, tomando el papel de pinceles, trazan un cuadro de la desesperación, de la crueldad,  de la felicidad o de cualquier otra emoción posible. Hay miles de ejemplos más en los que el fuego lento hace cristalizar una valiosa joya. Hay diez veces más ejemplos en los que lo pretencioso y lo obtuso encuentran acomodo en tan sutil campo, sirviendo de alimento gafapasta a todos aquellos que, más de veinte siglos más tarde, siguen haciendo buena la teoría de la caverna platoniana. En tal segmento se podría englobar a “La Mitad de Óscar”, la última película de Manuel Martín Cuenca.

Si John Ford necesitaba un plano para hacernos saber de las historias subterráneas que afligían a sus personajes, Cuenca necesita hora y media para subrayar lo evidente en una tomadura de pelo que parece alimentarse de los bostezos de la platea para mostrar una historia previsible en cada uno de sus escasos movimientos.  A través de unos actores inexpresivos, que acentúan el árido paisaje almeriense (un silencioso miembro más del reparto), confía en   inocular el vacío en el espectador hasta mutarlo en dolor de alma. Tan nobles intenciones tratan de ensalzar lo anacrónico de una propuesta que se pretende arriesgada, pero que no alcanza otra calificación de bochornosa por lo aborregante de unos resultados que parecen buscar la mano que ose acusarla de pura estafa para ponerla en evidencia, del mismo modo que nadie se atrevió a señalar que el emperador estaba desnudo en el célebre cuento de Andersen.

Apelmazante que no agobiante, el resultado final es tan aburrido como indignante. Apenas unos minutos de cabeza erguida, merced a la extenuante escena del taxi, parecen bastarle para justificar lo gratuito de la exhibición de la nada anterior. La escena final (tan sobrante, tan cantada) supone la prueba definitiva de que la sutileza se da de bruces con todo el minimalismo sensorial expuesto hasta entonces, lo que nos hace preguntarnos si realmente era necesario tal equipaje para tan corto viaje.

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8 pensamientos en “La Mitad de Nada…

  1. Esto parece diferente…Todo está mas grande ¿Consecuencia del cambio climático?.
    Tostonazo que te resulto la peli .Tomo nota por si alguien me invita a verla.
    Saludos

    • No tan frustrante por su factura como por lo desfasado de su propuesta. Las intenciones son buenas, los resultados no por defecto de forma.

      En Ushuaia llega el invierno y el mejor modo de combatir los tres meses de oscuridad es enfocando más luz. Mi pequeño grano de arena.

      Saludos, Oli.

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