Las Lejanas Aguas Cálidas…

“Pan Negro” arrasó en la última ceremonia de los premios Goya convirtiendo en real el paradigma sugerido por los que afirman que la política premiadora de la Academia española transita por parajes lo suficientemente disolutos como para premiar cintas invisibles como “La Soledad” al tiempo que agasaja cada hueca (y exitosa de cara a taquilla) propuesta amenabariana. En otros palabros, los votantes padecen de una dilexia difícil de asumir para los que están fuera del juego que, confundidos ante el despliegue de premiados como Laia Marull, a quien el cinéfilo de a pie apenas conoce (pese a haber ganado tres Goyas), termina por asumir que la industria patria es otra cosa.

Sin duda premiable, disuelta por la innumerable cantidad de propuestas que expone sin llegar a resolver ninguna y con una capacidad generadora de emoción reducida “Pan Negro” se aventura en aguas crispadas desde su primera y deslumbrante escena, para ahogarse poco a poco en un mar de sugerencias y promesas incumplidas. Entre el tono poético y el amargor de la posguerra opta por un término a medio camino entre el cuento gótico inconcluso y el viaje iniciático adolescente poblado por multitud de personajes que, a falta de definición, hacen bandera de su presencia sin buscar motivaciones más allá de la que nos quiera ofrecer un voluntarioso guión, tan escaso en su contenido como ambicioso en su forma.

La falta de credibilidad y unas ansias reivindicativas a media luz encuentran reposo en un trabajo actoral notable, tan sólo lastrado por los defectos de forma de una historia que deja poso, pero a la que le falta sustancia.  Y es que los pilares de una puesta en escena opresiva terminan por resultar insuficientes para sostener el peso de la función, si bien garantizan casi dos horas de cine en su dosis justa para espantar las tentaciones de los “amiguetes entertainment” y la lluvia de dinero que cae sobre sus cabezas. Muy al contrario, “Pan Negro” no vende su alma, pero no la expone lo suficiente para que apreciemos su textura. Le falta definición y, pese a las proclamas que afirman que se aleja de los tópicos de la guerra fraticida española, cae con frecuencia en el lugar común y en la caricatura involuntaria (y que tire la primera piedra quien no vea en el papel de  Sergi López al capitán Vidal de “El Laberinto del Fauno”).

Una historia ambientada en los grises días de posguerra y un niño al filo del acantilado que supone la edad adulta precoz. Un director de trayectoria irregular en justicia recuperado. Otra mejor película del año que, mucho me temo, pasará desapercibida. Premiada está y, a tenor del resto de nominadas, no fue un disparo errado. Ahora toca esperar a no pillarnos los dedos otra vez… como casi siempre.

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4 pensamientos en “Las Lejanas Aguas Cálidas…

    • Deja un regusto estimulantemente amargo, pero le falta recorrido. Para mí era la mejor de las cuatro nominadas, lo que no quiere decir, ni de lejos, que fuese la mejor del año. Inconclusa, pese a unos planteamientos prometedores y aún así valiosa de algún modo. Hoy, cuatro días después de verla, su recuerdo se difumina a velocidad luz.

      Besos, Troyana.

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