Goyas: De la Iglesia vs. González Sinde…

No soy muy de premios. Reconozco que desde los diecisiete años me mantuve en vela la noche de los Oscar para ver la ceremonia e incluso tomar notas sobre lo que ocurría. Incluso tracé una rutina que mantuve en pie hasta el año 2008 que incluía una cinta de cassette con canciones cinéfilas grabadas del programa de Carlos Pumares, una vieja máquina de escribir y el visionado de una de las películas nominadas en el cine más cercano a mi casa.  He de reconocer, también, que prefería las ceremonias de los lunes a las de los domingos y que me aburrí en infinidad de ocasiones que soporté observando cómo las luces volvían a prenderse mientras los cafés se enfriaban en mis manos. Llegados a este punto, confieso que hasta este año jamás había visto una ceremonia de los Goya completa. Me aburre, me resulta insustancial. Como mucho, solía ver pequeños fragmentos que gracias a la tecla de fastreview se hacían más llevaderos. Por último, confieso que me lo pasé bien esta vez gracias a la ceremonia paralela que unos amigos celebraron en una casa de Pamplona. Fue divertido o más que eso…

Y bien, la ceremonia fue más o menos así: Buenafuente y su humor blanco revestido de supuesta cabronería no hace gracia, menos después de que Ricky Gervais refundara el honorable oficio de maestro de ceremonias en los pasados Globos de Oro. Luis Tosar regala el mejor momento de la noche al interpretar un medley de canciones acompañado de Paco León, Asier Etxeandia, Laura Pamplona, Inma Cuesta, Hugo Silva y Fernando Guillén Cuervo. Rompen la monotonía con descaro y sin asomo de vergüenza. A partir de ahí, exceptuando el momento en que Pasqual Maragall consultó su teléfono móvil en el estrado, todo fue cuesta abajo. Una ganadora inesperada pasa de ser entrañable a convertirse en pelmaza cuando agradece su premio durante cuatro pesados minutos de modo deslabazado. Termina con un “no tengo palabras”.  Yo sí las tengo, pero guardaré silencio. Cantado premio para Karra Elejalde por un papel de esos escritos para caer bien. Su discurso hace bueno al de la premiada pelmaza. Entre los premios “seguros” pocas sorpresas y mucha congoja impostada. “Chico y Rita”, la película de animación dirigida por Trueba, per example, ni siquiera se ha estrenado. Tampoco lo había hecho “También la Lluvia” y le tocó el premio gordo de representar al cine español en los Oscar. Mientras se tolere la “trampa” del estreno limitado en alguna pantalla Talavera de la Reina estamos jodidos y sin referencias de quién nos representa allá en los States. Hablando de “Chico y Rita”, Javier Mariscal sube a recoger el premio junto a Trueba para demostrar que padece del mal de Andy Warhol. Osease, que está fuera de lugar en todo lugar y momento. Como la Coixet, vamos. Termina con una arenga gilipollas que en lugar de enardecer genera vergüenza ajena. Todo circula en función de los matices, pienso entonces. El premio de honor para Mario Camus termina siendo tan coñazo como la mayor parte de su filmografía. Los bostezos ganan terreno, la ceremonia parece no tener fin y “Pan Negro” termina siendo coronada como la mejor película de un año para olvidar. Poco antes, Javier Bardem recoge su Goya al mejor actor, pero esta vez sin emoción alguna, de modo mecánico. Supongo que se está acostumbrando a ser premiado. Por lo demás, como casi siempre: mucha niña mona y casi ninguna sola, pasarela de moda en la alfombra (esta vez sí) roja y manifestación en la entrada, esta vez de un colectivo de internautas en contra de la Ley Sinde. El vestido de Nora Navas, al que juraría le faltan piezas, me recuerda al que lució Paz Vega el año que fue premiada por “Lucía y el Sexo”. La Navas no sacó de paseo uno de sus pechos, como Vega, pero juraría que mucho no le faltó. También apareció por allí Jimmy Jump para demostrar que el que nace tonto morirá tonto. Para los restos queda el discurso de despedida del presidente saliente, Alex de la Iglesia en crudo duelo al sol con la ministra Sinde.

El presidente Alex de la Iglesia, siempre deseoso de ser el centro de atención, fue víctima de un arrebato místico y decidió hace semanas dimitir tras la ceremonia. El motivo, la aprobación de la la ley Sinde apenas reformada. Los años que ha estado al frente del cine español fueron considerados por muchos como los del apaciguamiento. Ahora se marcha dejando el charco convertido en un mar embravecido. Su discurso final, lejos de buscar la yugular del enemigo, trató de justificar su punto de vista representado los ajenos como arcaicos. Razón no le falta. Eso sí, los modos mejor en otra sintonía y más acordes con la serenidad que se atribuía a su mandato. La ministra Sinde le mantuvo la mirada sin fisuras, acompañada de una sonrisa al más muro estilo Monalisa, dejándole hablar mientras ella se limita a actuar. ¿Es necesario añadir quién ganó la batalla? La guerra es otra cosa, se verá el día que de la Iglesia estrene su próxima película, para la que ha prometido descargas legales en Internet a precios de saldo. A todo esto, la expresión (calificada como “cara de culo” por Santiago Segura) de la ministra Pajín merecería espacio aparte de ser un personaje lejanamente interesante. De modo que, a otra cosa…

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4 pensamientos en “Goyas: De la Iglesia vs. González Sinde…

  1. Alex,
    qué quieres que te diga,para mí lo mejor de la gala,el discurso de Alex de la Iglesia,honesto,sincero,valiente en un mundo donde pretenden prohibirnos todo y cobrarnos por todo.Como dijo Punset,en un vídeo que circula por internet y además delante de la ministra: “…pretendimos controlar a las mujeres y nos dimos cuenta de que era imposible,ahora le toca el turno a internet”….hasta a la mismísima Sinde se le escaparon unos aplausos…je,je.
    Por otro lado,respeto a Javier Bardem como actor, pero como dice una prima mía en referencia al clan y su pose en las ceremonias de los Goyas:”….¿estos que se han pensado que son los Kennedith o qué?” ja,ja,ja,ja…que conste que a mí me caen bien pero hace poco me enteré que Javier en una entrevista concedida en EEUU tuvo que pedir ayuda al público para encontrar una palabra en español…..y por ahí sí que no…..
    Besetes.

    • El discurso de Alex de la Iglesia me pareció coherente. Consigo mismo y con la lógica más elemental. Otra cosa es que acertase con los modos (que no lo hizo, vamos). De su honestidad no me cabe duda alguna como tampoco dudo sobre lo mucho que le gusta ser el centro de atención. El futuro del cine no pasa por los agoreros vaticinios que hacen algunos, sino por la adecuación a los nuevos hábitos. Hay mucho duro de mollera que piensa que sus privilegios se van a ir a pique y es posible que así sea, lo cuál, si redunda en el beneficio de la mayoría, me importa bien poco.

      Lo de Bardem recogiendo premios es una pose tantas veces repetida que ya la ha incorporado al catálogo, supongo. No le veo subido, pero sí algo alejado de lo mundano. Que le dure, qué puedo añadir.

      Besos, Troyana.

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