Hipervitaminado…

Por regla general, el cine de Dany Boyle me enerva. Me dejé seducir, como casi todos, por su energica visión de los bajos fondos de Edimburgo en “Trainspotting”. Por entonces ya había anotado su nombre tras la grata sorpresa que fue “A Tumba Abierta”. La conyuntura descrita precisaba de un ritmo trepidante y ese lenguaje fílmico excesivo que fue recibido como una variante del nuevo cine británico más cercano a la carnal cultura musical inglesa de trazo sucio que a sus envarados esquemas clásicos. Después llegaron la ida de olla monumental que fue “Una Historia Diferente” y la insustancial “La Playa”, películas que sirvieron para confirmar el inmovilismo de su estilo visual, su excesiva querencia por los tajos narrativos en busca de la sorpresa continua para enmascarar el vacío de sus propuestas y esa desagradable sensación hipervitaminada tan fugaz como el efecto que producen las drogas de las que sus personajes parecen echar mano permanentemente. Lo que vino después ya me dio igual.

En su última película, “127 Horas”, espoleado por el éxito de “Slumdog Millonaire”, insiste una y otra vez en la misma regla de tres, seguro ya de que su fórmula ha encontrado su público, de que éste no es precisamente minoritario y de que sus trampas visuales le pueden sacar de cualquier apuro. La historia del montañero Aron Ralston (James Franco) le sirve una vez más para decorar una contundente cinta con ribetes truculentos en un aparente papel de nada. Basta que se consuma el primer e irritante cuarto de hora de película para que la historia caiga en el esquema más convencional imaginable. A saber, hombre en situación límite bombardeado por flashbacks de los momentos cumbres de su vida que imagina situaciones que alivien su situación y trata desesperadamente de continuar con vida. Todo ello aderezado con música a todo volumen y un juego de poses “con actitud” de los personajes que aparecen en el metraje, todos y cada uno de ellos sometidos al cliché más evidente.

La vergüenza ajena me impide calificar lo inútil de la utilización de la pantalla fraccionada, suerte compleja que debe justificarse con más razones que las usadas por el director escocés. James Franco, actor que no me produce empatía alguna, se esfuerza de modo convicente en dar vida a uno de esos papeles que llaman la atención de todo premiador posible. La puesta en escena y el montaje, tan aparentes como mareantes, sirven de cobertura a Boyle para lanzar una nueva andanada de su martilleante mensaje: que él mola, que tiene energía, que su cine está vivo… Hay quien puede vivir sin mirar más allá de su ombligo.

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6 pensamientos en “Hipervitaminado…

  1. Bueno,pues a pesar de que mi agrado por su cine,es algo irregular a lo largo de toda su carrera,ya has visto que esta “127 horas” a mí sí me ha gustado,tanto que me ha dado para dedicarle la crítica que ya has leído en Zinéfilas.
    Me gustó Trainspotting y me decepcionó la sobrevalorada Slundog Millionaire pero aquí me ha gustado la historia,el ritmo trepidante y como no,la soberbia interpretación de james Franco,que yo sepa sin precedentes en su carrera como actor.
    Bss

    • En un principio Danny Boyle me pareció un tipo interesante. Poco a poco esa sensación se fue diluyendo hasta que gracias a sus últimos trabajos se ha convertido en tedio y en ocasiones en indignación. “127” me indigna según pasan las horas, como “Slumdog Millionaire”. Boyle ha alcanzado un punto de no retorno con el que no sintonizo. James Franco está bien, no lo discuto. No tan bien como muchos proclaman y no mal como otros señalan. A mí me pareció lo más decente de la película con mucho. Que a ti te guste es de lo más saludable. Qué aburrido sería todo con un pensamiento único.

      Besos, Troyana.

  2. Me da mal rollo… La veré, pero no confío nada de nada. Y SLUMDOG MILLIONAIRE es un canto al fascismo asquerosamente azucarado, un film realmente vomitivo…

    • Cuando la veas prepárate para un festival sincopado de imágenes al más puro estilo Boyle. Cabrea más que aburrir. Ha convertido el subgénero de cine de montaña y aventura en una especie de atracción de parque temático. “Slumdog Millionaire” sencillamente me parece un tostón. Nunca reparé en su tono fascistoide, y la verdad que me de igual. Es demasiado mala para tener en cuenta otra cosa más allá de los bostezos.

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