Muerto puede. Enterrado, jamás…

Acostumbrados como nos tiene Clint Eastwood a alternar obras capitales con monumentales medianías (que no pifias, pues el propio tío Clint las reconoce como intermezzos de relajación necesaria), “Más Allá de la Vida” podría considerarse como una muesca más de su prescindible y sin embargo gozoso cine de trastienda. Lo preocupante en esta ocasión es que tanto la factura como las ambiciones propuestas por Eastwood persiguen un objetivo que parece ir más allá del simple divertimento.

Son pocos los que a estas alturas dudan de que Eastwood se ha ganado a pulso el muy honorable apelativo de “heredero de  John Ford”. La épica humana y la economía sentimental que imprime a sus películas se une en lo personal a sus modos ariscos y a su autoproclamado papel de director a sueldo dispuesto a enfrentarse con cualquier historia, independientemente de la calidad del material que se le presente. Su defensa directa de los valores del cine clásico ha devuelto fórmulas olvidadas a una industria cegada por las nuevas tecnologías y por las tramas dadaístas cuando no directamente gilipollas. Es ahí es dónde nace la primera contradicción de “Más Allá de la Vida”.  Por primera vez en su carrera Eastwood se acerca al cine catastrofista echando mano de unos estruendosos efectos especiales que sirven para encender la mecha de las diversas tramas que entroncan la película: un vidente atormentado (Matt Damon), una periodista concienciada tras vivir una experiencia cercana a la muerte (Cecile de France) y un niño en constante búsqueda de contacto con su hermano gemelo muerto (George McLaren). Tras la presentación de credenciales llega el caos.

Eastwood se enfrenta a un terreno tan indefinido como resbaladizo con rigor y profesionalidad. Trata de dotar de matices al lamentable guión de Peter Morgan con antológicos planos (dispensados con cuentagotas) insertados con desgana en una puesta de escena demasiado similar a la de otras películas del director. La banda sonora, firmada por el propio Eastwood, y el muy mejorable reparto no ayudan a eludir la sensación de lugar común que lastra el ya pesaroso ritmo de la cinta. Transcurrida una hora de metraje, la sensación es la de no saber a dónde nos quiere llevar el director, ni qué historia nos quiere contar. Pésimamente barajadas, las tramas se solapan sin vislumbrar un climax que alivie la sensación  de acogotamiento y el olor a rancio que destilan las imágenes. El despropósito llega a tal extremo que cualquier reflejo de Eastwood desaparece en favor de las descabezadas historias que nos llevan con parsimonia de París a San Francisco y de ahí a Londres pasando por prescindibles cursos de cocina, insulsos viajes hasta institutos médicos localizados en plena montaña y como colofón a una alucinada aparición estelar del actor Derek Jacobi en el marco de la feria del libro de Londres. Todo ello narrado con apatía y carencia absoluta de emoción.

Una vez consumado el desastre, con los créditos finales afortunadamente sobrevolando nuestras cabezas, la duda que flota en el aire consiste en averiguar si Clint Eastwood ha agotado su discurso para dedicarse a realizar brindis al sol que a todos disgustan y sólo unos pocos se atreven a señalar, cual traje nuevo del emperador. Al parecer, su próximo proyecto le reunirá con Beyoncé para filmar un remake de “Ha Nacido una Estrella”. Ay, señor…

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17 pensamientos en “Muerto puede. Enterrado, jamás…

  1. a mi me gustaría ser como él en dos aspectos: la primera es esa mirada en por un puñado de dólares, la segunda, porque llegue un momento en la vida en que pueda hacer lo que me de la gana sin tener en cuenta la crítica (ni en otro tipos de frenos, claro)

  2. Alex,todavía no la he visto,pero de entrada, leída tu reseña y dada mi admiración por Clint,yo también te reto a un duelo (date por abofeteado con un guante en la cara;)
    Bsts

    • Te aseguro, Troyana, que tu admiración por Eastwood no puede ser mayor que la mía. Desde que tenía nueve años, cuando sus películas eran consideradas el paradigma del fascismo más rancio, le considero indispensable en mi vida. Lo que no impide que aprecie la montaña de medianías que ha protagonizado y en muchas ocasiones dirigido. Su última película es tan mala que, sinceramente, no parece suya. Descabezada como nunca pude imaginar.

      Besos, Troyana.

  3. No me llama nada.

    Claro que para mi million dollar baby, gran torino, invictus, intercambios y compañía me parecen medianías.

    A veces pienso que entusiasmarme, de Eastwood solo 3: Un mundo perfecto, medianoche en el jardín, y mystic river.

    • En mi opinión Clint Eastwood ha firmado media docena de obras maestras y una docena más de películas imprescindibles. Su aliento épico se nutre de las fuentes más clásicas con reminiscencias de sus maestros personales: Leone y Siegel. Un maestro que nació trastabillado (hasta finales de los años 80 no se le empezó a reconocer) y al que hoy nadie se atreve a toser pese a sus muchos y conscientes resbalones. “Sin Perdón” y “Los Puentes de Madison” son obras capitales. Lecciones de emoción contenida sabiamente administrada. De su época “oscura” como director me quedo con “El Aventurero de la Medianoche”, “Infierno de Cobardes” y “El Jinete Pálido”. De su obra reciente, “Million Dollar Baby”, “Gran Torino” o “Cartas Desde Iwo Jima” me parecen películas extraordinarias en su factura que crecen al apreciar su trasfondo. Otras como “El Novato”, “Deuda de Sangre”, “Poder Absoluto”, “Banderas de Nuestros Padres” (podría seguir así hasta cansarme) me hacen cuestionarme su capacidad de elección a la hora de dirigir. Vamos, que rueda lo que le echen.

  4. Acabo de venir del cine. Vista, lamentablemente vista. Se puede decir así. He ido con algunos amigos y hasta he visto a un par de ellos salir del cine para ir al servicio, para usar el móvil. Yo mismo me habría salido si no fuese Clint y pensara que tantos han sido los ratos excelentes que este hombre me ha regalado que bien merece el no levantarse uno de una pifia, sí, monumental como ésta. Me he aburrido. Y eso que desde que vi Toy story 3, en agosto, en Santander, no había vuelto al cine. En fin. Cuídenseme, my friends.

    • Estupefacto la vi, Emilio y por respecto al cine de Eastwood en particular y a ritual de ver una película en una sala oscura en general, no me marché de la sala al cubrir la primera hora de desangelada desazón. Mala con avaricia, como se suele decir. Impropia incluso de esas ociosas pausas que el tío Clint se toma con frecuencia.

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