Extenuante Camino…

Posiblemente sea la bondad y la lealtad, su hermana bastarda, las mayores obsesiones de Peter Weir. Aparecen abiertamente en cada una de sus películas, junto a los mundos yuxtapuestos y la fabulación como metáfora. Por esa razón no es de extrañar que la primera frase que se graba en el subconsciente del espectador de “Camino a la Libertad” haga referencia directa a la bondad y a la debilidad que le supone a quien la padece. Todo un caramelo para Weir, habilidoso como pocos intercambiando roles y mutando personajes en virtud de la fe.

“Camino a la Libertad” carga de entrada con la pesada losa de un guión apresurado, a menudo tendencioso y rebosante de  un sentimentalismo converso pese a la dureza, nunca extrema, que marca a los personajes. Es en este punto en dónde se produce la negación de la evidencia que proclama que se puede hacer una mala película de un buen guión, pero jamás se da el caso inverso. Weir, curtido artesano, obra el prodigio de conseguir que el cansancio que exuda la pantalla no alcance al espectador mediante un ritmo prodigioso y un sobrado domino de cada tuerca destinada a ensamblar el artificio hasta convertirlo en una respetable obra que deberá cargar con la pesada cruz de una promoción alineada con su guión en la que se ensalzan los límites del “espíritu humano”.

Bobadas a un lado, la belleza aparece con cuentagotas en los momentos más inesperados, siendo el más memorable cuando Irena (Saoirse Ronan) recupera durante unos instantes su feminidad a orillas del lago Baikal,  en uno de esos instantes en los que la media luz daña los ojos. Es entonces cuando Weir se muestra para brindar unos minutos antológicos en los que los personajes arrojan sus caretas al sentir que el camino será largo y seguramente nunca tendrá final. El resto del metraje se ve con el agrado con el que se consume un producto bien manufacturado al que se le ha restado el ingrediente que necesita para conservar mayor sabor y una textura más mullida.

La segunda ocasión en la que se hace referencia a la bondad, Weir lleva tiempo desaparecido. Supongo que acampó junto a Irena a orillas del Baikal.

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4 pensamientos en “Extenuante Camino…

  1. Irena representa, más que el protagonista, la esencia más pura de la bondad. Más que ella es su halo y la influencia sobre sus compañeros de viaje lo que me llevó al Weir más reconocible. La película me dejó un poso frío, aunque su factura sea impecable, Troyana. Merece un vistazo y un largo remordimiento por tan mejorables fases de la película. Weir, me reafirmo, es un artesano genial que no necesita material para levantar un casa. Otra cosa es que ésta aguante un temporal.

    Besos, Troyana.

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