Hasta Reventar…

Correr ya no me resultaba algo despreocupado y divertido como antes. Entre el correr y yo se había presentado esa época de pereza y hastío que les llega a muchos matrimonios. Esa época dominada por la desilusión de no ver recompensados suficientemente los esfuerzos y la sensación de bloqueo porque esa puerta que debería estar abierta se ha cerrado irremisiblemente en algún momento. Denominé a eso runners’s blue, «la tristeza del corredor».

De qué hablo cuando hablo de correrHaruki Murakami

El domingo me encontré corriendo cerca de las diez de la noche y bajo cero en un solitario y oscuro parque pamplonés. No es una sensación nueva para mí. He corrido en parques más solitarios, más oscuros, a horas más intempestivas y a temperaturas inferiores. Lo que hicieron diferentes  los cinco kilómetros de aquella anoche fue que una hora antes no tenía planes de salir a correr. En realidad hacía días que no sentía deseo alguno de hacerlo.

Es extraño, pero cuando ocurre algo así es cuando más disfruto de la sensación de terminar lo que no estaba destinado a comenzar. No interpreto que la apatía esté ganado su guerra contra mí, pero sí que está adquiriendo demasiada ventaja. Por eso anoche, cuando el aliento que exhalaba dejó de convertise en nubes de vapor para tomar la forma de montoncitos de azúcar, es cuando pude descansar de veras tras una semana encajado en alguna parte.

Demostrado como está el que al protagonista de la película siempre le ocurre algo cuando más ganas tiene de vivir, me pregunto, echando mano de mi memoria cinéfila y tratando de bloquear mi tendencia a la dramatización, dónde me llevarán mis carreras sin cuento. La respuesta la conozco: ¡¡Hasta reventar!! ¿Pero cómo ocurrirá? Buena ocasión para echar mano del socorrido Qué será, será…

MARATHON MAN

Tom (Dustin Hoffman) era un aficionado a las maratones populares que ocupaba su tiempo libre en entrenarse corriendo por una zona de Central Park inquietantemente vallada. Luego llegó una trama de espionaje de la mano de su hermano, dentistas sádicos con pasado nazi y la inevitable chica bonita que siempre te lleva a la perdición.

Posibilidad de emulación: Bajo. No atraigo a los dentistas nazis ni tengo un hermano espía. Además, no correría por ese corredor-cárcel ni aunque Sebastian Coe fuese mi liebre.

RUNNING

Michael (Michael Douglas) sólo encuentra paz cuando corre. Y no es de extrañar, su vida personal es tan caótica que cuando alcanza el límite sigue corriendo en busca del éxtasis olímpico o de un colapso. Cualquier cosa le vale. De cómo correr puede convertirse en una droga más.

Posibilidad de emulación: No muy alto. Con frecuencia fuerzo demasiado, pero, al contrario que Michael, no busco evasión al correr. Busco el placer. Hedonista que es uno.

LA MILLA DE JERICÓ

A Larry (Peter Strauss) le ocurre como a Michael en el caso anterior, corre para evadirse. Si bien, sus razones son más comprensibles. Cumple cadena perpetua en una prisión californiana acusado de asesinato. Su espíritu de lucha terminará por conmover tanto a los carceleros como a sus compañeros. Brillante telefilm obra de un principiante Michael Mann.

Posibilidades de emulación: Tampoco muchas. Hay que ver cómo corre este tipo. Pura rabia. Mi estilo es más sopesado… casi siempre.

SECOND WIND

Un exitoso ejecutivo (James Naughton) comienza a correr por pura diversión alentado por unos amigos. Lo que comienza siendo un hobbie termina por convertirse en obsesión hasta hacerle mutar en un corredor semiprofesional. El atletismo le llevará a comprender su fracaso vital y a valorar cada pequeño logro conseguido con el, nunca mejor dicho, sudor de su frente. Osease, un telefilm de superación más. Éste, lo admito, con cierto morbo para los amantes de las piernas fatigadas.

Posibilidad de emulación: Espero que ninguna. Yo tuve la suerte de caerme del caballo cuando menos lo esperaba. Aunque nunca se sabe, que ver la luz de sopetón es algo que ocurre sin solicitud previa.

PIERNAS LOCAS, LOCAS, LOCAS

En la plenitud de las comedias gilipollas de los noventa llegó esta patochada genial para conseguir lo que sólo el cine puede lograr: encumbrar a los idiotas. En concreto, el protagonista es un tipo que tras superar de niño un marciano «síndrome de las piernas locas», terminó convertido en parte del equipo estadounidense de triathlon en su ardua lucha contra los megadopados alemanes orientales. Cómo no me iba a gustar…

Posibilidad de emulación: Ojalá. Competir contra un alemán oriental puesto hasta las orejas es una fantasía que jamás se cumplirá.

PERSONAL BEST

El aclamado guionista Robert Towne se pasa a la dirección para narrar una historia de lesbianismo con el trasfondo del mundo del atletismo. Valiente y rompedora, para lograr cotas estratosfericas le faltó aliento del mismo modo que le sobró estilo saltado vallas a su protagonista (Mariel Hemingway). Aún así, escenas como la de la micción asistida me parecen de las más carnales muestras de un cine desgraciadamente ya muerto.

Posibilidad de emulación: Escasas. Mi tiempo de joven promesa pasó… o nunca llegó.

THE LONELIEST RUNNER

Telefilm de agradable visión protagonizado por el siempre encasillado Michael Landon en el papel de un traumatizado corredor de maratones. De mojador de camas adolescente a campeón de atletismo sólo hay un paso: una madre con afán puteador que consiga espolear los demonios internos. De manual.

Posibilidades de emulación: Nunca sufrí de tales traumas, osease que no hay muchas posibilidades de reventar mientras corro a casa para descolgar sábanas mojadas. Mis demonios comenzaron a llegar tarde y en desalojarles de su cómodo habitáculo ando. Cosa nada fácil.

LA PRUEBA DEL VALOR

Épica reconstrucción de los entresijos de una carrera olímpica protagonizada por un atleta inglés (Michael Crawford) sometido al fuerte estrés de ganar o ganar; un americano (Ryan O’Neal) que corre en cruel lucha contrareloj contra la enfermedad; un checo (Charles Aznavour) empeñado en hacer campeón olímpico al partido y un australiano aborigen (Athol Compton) que anhela ganar por despecho hacia todos los que le desprecian por su condición social. Película ideada para arrasar entre críticos y público que al final, y por exceso de ambición, se quedó sin lo uno ni lo otro.

Posibilidad de emulación: Conociendo el mundo de la competición juvenil, no quiero ni pensar en cómo será a nivel profesional. Envidias, rencillas y rencores varios que destruyen cuando no miras.

FORREST GUMP

Pese a su severa discapacidad intelectual, a Forrest se le daban bien muchas cosas, pero ninguna le hacía feliz salvo correr. Le gustaba tanto que un día empezó a correr y no paró en varios años, reuniendo un grupo de acólitos tras él sin más motivo para seguirle que el correr mismo. Qué placer…

Posibilidad de emulación: Nada descartable. Cualquier día echo a correr y aparezco tres años más tarde en Alice Springs. Y como a Forrest, no me pidan palabras cuando me detenga. La filosofía de correr es la carrera misma.

LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO

En la bella película de Tony Richardson reside la esencia de todo esto. El mayor premio (por no decir el único) es el orgullo de una carrera terminada.  Da igual que hayas sido el último o que seas un ratero de medio pelo que corre para demostrarse a sí mismo que puede hacer algo bien.

Posibilidades de emulación: Considerables. Sé hacer millones de cosas mal y tres cosas regular. Correr es una de esas tres.

CARROS DE FUEGO

Icono de mi infancia, la película de Hugh Hudson sigue obsesionándome hoy día. Deseé con tanta fuerza pertenecer a ese grupo de hombres que corrían por la playa que terminé por conseguirlo parcialmente. Me faltó el talento de Eric Lidell y la rabia competitiva de Harold Abrahams. Por lo demás, siempre quise ser tan crápula como para entrenar con copas de champagne sobre las vallas.

Posibilidades de emulación: La historia va más allá del atletismo. En realidad es una historia de amor ramificada sin direcciones que seguir. En ese aspecto, muchas posibilidades. La pasión me brota por los poros tanto cuando termino de correr diez kilómetros como cuando beso a la mujer que quiero.

Y fin…

2 pensamientos en “Hasta Reventar…

  1. Gran post. Yo tambien soy de la escuela de Alan Sillitoe y su corredor de fondo solitario. No hay muchas películas de nivel sobre el atletisco. Carros de fuego, claro, genial, pero con el tiempo me pasó como a Tarantino con Top Gun: Veo homoerotismo reprimido en cada plano de Carros…
    Odio a Forrest, y guado un buen recuerdo de douglas obsesivo…
    En cuanto a Murakami… ¿no piensa que el suyo es un libro tremendamente vanidoso? A pesar de que repite que no es competitivo, yo lo veo así: A Murakami no le gusta correr. La gusta la idea de correr, la superación, la obsesión por los tiempos personales, la metáfora de la vida, la escritura, el proceso de envejecimiento y muerte que le obsesiona.
    El libro de Murakami a ratos me recordaba al Ecce Homo de Nietzsche, y a esos capítulos nacisistas titulados «¿Por qué escribo tan buenos libros?» etc. Me ha parecido un libro tremendamente narcisista, con reflexiones válidas sobre hábitos, estados de ánimo, entrenamietos, pero que en lo personal me resulta imposible de apreciar.
    De lo que Murakami habla cuando habla de correr, es de una cosa muy distinta a la mía.

  2. No, no hay apenas buenas películas sobre atletismo. De hecho, he tenido que echar mano de montones de telefilms sobre el tema. Parece un campo más abonado para la televisión que para el cine salvo por las notables excepciones de la película de Richardson (gana excelencia con el tiempo), «Carros de Fuego» y poco más. La de Hugh Hudson me hirió con tal fuerza cuando la vi de crío que los efectos durarán por siempre. La próxima vez que la vea, cosa que no tardará en ocurrir, me fijaré en esa historia paralela homoerótica. La de «Top Gun» es tan evidente que me avergüenza reconocer que no me di cuenta la primera vez que vi la película.

    El libro de Murakami empezó apasionándome para terminar por aburrirme. Los destellos de su talento son constantes, pero están mal hilvanados. En particular, a mí me atraen las descripciones de los lugares en los que corre más que el almanaque de sus carreras. De éstas me quedo con su epopeya ateniense y con la ultramaratón. En el resto me da la sensación de que Murakami escribió el libro con cierta disciplina oriental. El Murakami personaje me resulta frío y distante. Sin embargo, escribe tan fácil que leerle es como vaciar un vaso de agua. En cuanto al ego desplegado, estoy de acuerdo, pero no es eso lo que me distancia. El acto de correr tiene algo de egoísmo, de héroe griego enfrentado al mundo metamorfoseado en un camino por recorrer. Es el decimotercer trabajo de Hércules. La sensación de correr una maratón y vivir para contarlo, cosa que no consiguió Filípides siendo el primero en hacerlo. Correr, dices bien, es algo tan personal que todo cabe, pienso. No creo que haya dos personas en el mundo que lo sientan del mismo modo. Para Murakami supone una disciplina más que un placer. Un nuevo reto que vencer. El detalle de que mida sus tiempos incluso en las malas carreras o que se enrabiete cuando alguien le adelanta hace que me congratule con el corredor. Demuestra que después de todo es humano.

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