Anotaciones al borde del acantilado…

Werner Herzog creció en un remoto pueblo de montaña de Baviera. De niño nunca fue al cine, no tenía televisión ni teléfono. En 1961, cuando todavía estaba en secundaria, trabajó como soldador en el turno de noche para producir su primera película. Tenía diecinueve años. Desde entonces ha producido, escrito y dirigido más de cincuenta películas, entre ellas «Aguirre, la cólera de Dios», «El enigma de Gaspar Hauser» y «Grizzly Man». Vive en Los Angeles, donde dirige una serie de seminarios de cine en los que no se imparte ningún tipo de enseñanza técnica, una escuela «para los que han viajado a pie, han mantenido el orden en un prostíbulo o han sido celadores en un asilo mental. En resumen, para los que tienen un sentido poético. Para los peregrinos. Para los que pueden contar un cuento a un niño de cuatro años y mantener su atención, para los que sienten un fuego en su interior».

Werner Herzog – Conquista de lo Inútil

Pasó a mi lado multitud de tardes posado de costado en una estantería de una librería cerca de la Plaza de España de Madrid. Desde allí fue testigo de capuccinos y charlas y algunas confidencias y muchas risas. También lo fue de un proyecto que lo hubiese llevado cerca de su hacedor y que finalmente fue, pero no pudo ser. Y luego llegó hasta mis manos desde Bilbao, con riesgo de tu vida propia, envuelto en papel arrugado que aún guardo en un hueco de la cama.

Siempre viaja conmigo. Porque no están tus letras y si embargo estás tú. Los que vivímos al margen, Herzog más que yo, tenemos un código de conducta que siempre propició este tipo de encuentros.

8 pensamientos en “Anotaciones al borde del acantilado…

  1. A falta de comentar el bello post, más adelante, recomendación arriesgada (aún no la he visto): «My son, my son what, have ye done», la última peli de Herzog, producida por…Lynch.
    Ardo en deseos de ver cómo pueden colisionar los dos universos personales…

    • Muchas ganas de verla, Mycroft. Desde que supe de su existencia. Cada día me siento más Herzog. No sólo porque sus películas cada vez me lleguen más, es otra cosa. Esa filosofía vital de jugarselo todo a una carta por sistema.

  2. Comparto tu pasión por Herzog .»El peso de los sueños» me reconcilia con el mundo. No sabía nada de su nueva película y menos de esa unión de fuego cósmico con Lynch. Habrá que estar atenta.
    Saludos
    .

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