Groom y una colonia barata una noche de verano…

Ocurría que ella a veces dejaba de respirar mientras dormía.

Una noche en que eso ocurrió me levanté sobresaltado y la encontré levantada mirando por la ventana con aquel camisón blanco descosido a la altura de su hombro izquierdo. A veces me da por pensar en que hablamos de cuestiones trascendentales que le ayudaron a creer que cualquier cosa tiene solución, pero no fue así. No sabía qué decir, de modo que me puse a su lado en silencio y fue ella la que dijo: “¿A qué huele?” . “A colonia barata”, respondí. Unos pocos días antes había vertido el contenido de un sobre de promoción sobre “Forrest Gump”, la novela de Winston Groom que estaba leyendo aquella madrugada. Traté de hacer comprensible a sus ojos cómo de algún modo el contenido de aquel sobre acabó sobre las páginas de un libro en lugar de sobre mi pecho, sin darme cuenta de que ella conocía sobradamente mi torpeza. No necesitaba de libro de instrucciones para comprender que siempre fui lo suficientemente torpe como para acabar con una tarta de merenge en la cara durante un funeral. Y rió al escucharlo.

Una hora más tarde su corazón dejó de palpitar apresuradamente y se fue a dormir. Yo también, sólo que me levanté cada quince minutos para comprobar desde el umbral de su habitación que su abdomen absorbía y expulsaba aire.

Y como las cosas son así, catorce años más tarde hice mío un pasaje de la novela…

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