Por todos aquellos huecos vacíos…

Una de las primeras enseñanzas que todo cinéfilo aprende es que los personajes torturados se venden mejor si las consecuencias de sus actos se diluyen con gaseosa. James Gray, director de “Two Lovers”, con seguridad conoce la premisa, pues la pone en práctica con ambigüedad para coronar una historia permitiendo que sea el espectador quien elabore su propio final.

Una brillante puesta en escena, cosida con los retales sobrantes de las pomposas primeras obras del director, sirve de trasfondo a una historia en busca de la atemporalidad desde su primer fotograma. La historia de Leonard (un pasadísimo de rosca Joaquin Phoenix) es la del náufrago deseoso de encontrar respuesta a los numerosos mensajes enviados desde su isla interior.  Ante su ausencia, gasta la mitad de su tiempo trabajando en la gris empresa familar y la otra mitad saltando puentes o rebanandose las muñecas.

Las circunstancias del vacío de Leonard no pasan por alto para Grey, que trata de mostrar su universo quedándose siempre a medio camino del costumbrismo más puro y la historia desaforada. Plagando el metraje de pequeños tics destinados a dotar de fondo a un personaje hastiado de sí mismo y de los demás.

Pero, contra todo pronóstico, en la vida de Leonard aparecen señales. La primera de ellas, anodina, en forma de la hija de unos amigos de su padre. Sandra (Vinessa Shaw) es la personificación del amor sereno y estable. La segunda, tumultuosa, es Michelle (Gwyneth Paltrow), despreocupada y anarquica amante de un tipo rico. El protagonista debe elegir entre vivir un amor desenfrenado o languidecer en la rutina de lo acomodaticio, de modo que elige el primer camino dejando miguitas de pan en el segundo por si debe desandar lo ya andado. Es en esa fase de la película cuando Grey, a modo de los grandes maestros del melodrama, debió perder las riendas para dotarla de carnalidad. No ocurre, y tan sólo en aisladas pinceladas la película adquiere tonalidad y belleza.

El final deja a juicio del espectador qué final es de su gusto. La felicidad incierta del amor por recibir o la practicidad que confiere el tomar el camino correcto. Sea cual sea el caso, para el que escribe la mirada final de Leonard dice mucho más que todas las calles y playas vacías en Nochevieja que el director pretende situar como elocuente metáfora de una historia de vacíos que nunca encontrarán su lugar.

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8 pensamientos en “Por todos aquellos huecos vacíos…

  1. Fijate que ahora pensando me da como rabia que siempre en todas las pelis (contradíceme por favor) lo acomodaticio se sinonimice (palabro) con lo aburrido, la rendición frente al amor…me parece un pensamiento como muy de rebelde sin causa, si se me permite…
    Para mí el problema de la peli es que todo sea tan dicotómico, tan blanco o negro. Simplifica a los personajes, los muestra con trazos tan gruesos que son casi caricaturas.

    Sólo se salva la Rosellini, sin botox ni nada.

  2. Lo acomodaticio tiene mala prensa, y por lo general es justo que así sea. Lo acomodaticio, lo práctico, lo que conviene no implica a la felicidad en su pack de viaje. Garantiza el vacío, que día a día termina por agrandarse hasta llenarlo todo. Es ése el final que yo veo en la peli. Para un tipo como Leonard, que le da tanta importancia al amor como tabla de salvación, el perder lo que ama una vez más le convence de que el vacío es su camino. De hecho, es posible que lo haya sido siempre.

    La Rosellini, sin botox, está preciosa. La arruga nunca fue tan bella. Y la peli, bueno, creo que Grey está encantado de conocerse. Lo demás, pura fanfarria con sordina perfecta para cinéfilos onanistas. Pero la escena de la Paltrow hablando por teléfono con Phoenix a través de una ventana con un pecho a modo de tributo, es preciosa. Lástima que el resto deje indiferente, incluidos unos personajes, como dices, tan cercanos al cliché como faltos de vida.

    Beso, mi Princesa.

  3. Pues a pesar de todo,tengo que verla.
    Es cierto que lo acomodaticio tiene mala prensa en el cine,supongo que porque es lo que más impera en el día a día,y son los menos,los arriesgados a abandonar sus rutinas y aventurarse en amores que aparentemente no convienen,que se lo pregunten a Francesca en “Los Puentes de Madison” .
    besos

  4. Alex,
    la vi ayer y me gustó.De hecho,le he dedicado mi última entrada.Creo, por cierto,que el final no deja lugar a equívocos,esta vez.Lo cual me lleva a hacerme mil preguntas para variar,así que confío arrojes sobre ellas,algo de luz.
    bss

    • Sin Internet (salvo las lagunas que ofrecen las bibliotecas) estaré hasta el sábado. Y saturado de trabajo también. Pero ahora mismo leo tu versión del asunto. No imaginas la de amistosas discusiones que esta peli ha generado en mis últimas semanas.

      Besos.

  5. Y yo que todavía no sé qué pensar del asunto…
    Creo que es verdad que nada es tan blanco ni tan negro.
    Todos tenemos algo de Leonard , algo de Sandra y algo de Michelle , lo que pasa que consciente o inconscientemente ejercemos de una manera o de otra según con quién…acertar , equivocarse,coger lucha o acomodarse…es como todo lo demás..!

    • En realidad, la mayor virtud de la película reside en esa ambigüedad final. Toda conclusión es posible tras esa mirada de Phoenix. Y pienso como tú. Nada es blanco ni negro en su totalidad. La vida, como dijo Pumares una vez, esta pintada con una infinita gama de grises.

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