Algoritmos perfectos…

No conviene olvidar los motivos que con seguridad convirtieron la media hora final de “Más allá del espejo” en un precipitado ejercicio de nudos por atar. Joaquim Jordà, su director, había entrado en la fase final de la enfermedad que le venció. Una paradoja, pues todo el metraje de su última obra está encaminado a enfatizar la triunfante lucha de un grupo de personajes singulares a su pesar, víctimas de raras disfunciones neuronales. Todos aquellos que alguna vez vieron cómo sus vidas mutaban en algoritmos sin final.

Olvidados los descalibrados minutos finales (el olvido, se darán cuenta al ver la película, es el día a día de los protagonistas), toda la atención de la memoria se posa en las historias de los que un día se despertaron sin recordar qué había sucedido ayer. Supervivientes, más que triunfadores, a los que Jordà trata con la delicadeza propia del que conoce de primera mano lo que significa reaprender cada mañana lo que se olvido durante la noche. Mantiene la distancia para dejar que expresen su dolor (la mujer que asegura que murió al sufrir un ictus para convertirse en otra persona); la frustación (la chica ciega que pasea junto a un río tratando de recordar cómo era); el miedo (la mujer que no encuentra los motivos para continuar hacia delante). Todas estas historias deletreadas con la ayuda de Esther, animosa adolescente, víctima de una enfermedad (agnosia) que le impide reconocer su calle, su casa o a sus propios padres. Ella es la Reina Blanca del tablero de ajedrez en el que los personajes combaten contra la cruel enfermedad del olvido.

La belleza es esdrújula, impar, desacompasada. Siempre lo es. “Más allá del espejo” es todo eso con el añadido de las efímeras pompas de jabón nacidas para morir al tocar el suelo. Jordà trata de evitar que eso ocurra. Por ello, el legado final de Jordà es el de la victoria amarga. La superación personal, más allá de moralismos y palmaditas en la espalda a modo de manual de autoayuda, como arma para continuar el camino. Porque la riqueza de lo singular siempre podrá ser vista por aquellos con la venda mal anudada.

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4 pensamientos en “Algoritmos perfectos…

  1. Voy a ser políticamente incorrecto. Hay algo en Jordá, en su cine, en su último cine, que huele y suena y sabe a impostado, no asquerosamente impostado, sino dulcemente, con todas las mejores intenciones del mundo; porque además el tema es delicado y el autor se revela ya consciente de la proximidad de su fin, pero el arte, si es algo, es cruel y poco agradecido. Y digo esto agradeciendo a Jordá algunas grandes películas que han tenido poca repercusión, pero a menos que el bendito tiempo me ponga en mi sitio, no he alcanzado esa emoción plena que se presupone a una obra como la que comentas.

    • No me parece un comentario tan políticamente incorrecto. Al menos, a mí me ocurre algo similar. Jordá no termina de cuadrar sus piezas incluso en sus momentos de máxima inspiración. Lo que más me atrae de su cine es su delicadeza a la hora de tratar con sus personajes. Como quien límpia cristal con mimo. Le falta pasión. Más bien, le falta la capacidad para contagiar su pasión. En cualquier caso, “Más allá del espejo” me pareció (con grandes lagunas, es cierto) una preciosa gema.

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