Y mi corazón dejó de latir…

No recuerdo el momento exacto ni cómo fue que en 2005 mi corazón se detuvo al tiempo que se estrenaba “De latir mi corazón se ha parado”. Sabido es que los corazones tienen la facultad de detenerse sin dejar de latir, ya lo advirtió Mark Twain.

La película dirigida por Jacques Audiard (cuyo visionado, largamente dilatado, le debo al aviso de Mycroft) es la entelequia del fracasado, en su más pura versión aristotélica, que obtiene su finalidad cuando su corazón deja de latir. El sentimiento, si es puro, es tan fuerte que asfixia, por esa razón Tom (Romain Duris) emprende la negación de sí mismo persiguiendo lo que desearía llegar a ser hasta conseguirlo lateralmente. El hastío, las decepciones y el dolor seguirán ahí. La euforia, siempre transitoria, y el triunfo moral también. El final le revela como un hombre nuevo mientras sus dedos trazan el camino de una sinfonía justo cuando nuestros corazones vuelven a latir.

La belleza es esdrújula, cierto.

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8 pensamientos en “Y mi corazón dejó de latir…

  1. A mi me parece una hermosa epopeya: Tom no se gusta, no le gusta su vida construida por las renuncias a sus sueños, y asentada en la brutalidad y la violencia, el dinero, la especulación, la lujuria.

    Tom posee muchas cosas pero no es nadie, no es él mismo, es poseído por las cosas. Su amor venenoso por la mujer de su amigo es en realidad envidia. Su relación con el padre, rencorosa, edípica.

    Y de pronto se topa con el Tom joven, el Tom pianista, el Tom intacto, y trata obsesivamente de volver a él. Al precio que sea.

    El premio de consolación final me parece abrumadoramente triste. Tom finje su sueño viviendolo a través de otros, pero toda su rabia contenida sigue ahí.

    • Muy hermosa película, Mycroft. Gracias por el aviso, de no leerlo en tu blog no la habría visto.

      Y es así, Tom vive su sueño en otro cuerpo. Ya que la realidad es más fuerte, se funde con quien posee el don para vivir lateralmente lo que le está vetado. Hermosa paradoja soberbiamente filmada por Audiard. La eufórica escena (en el bar) tras reencontrarse con su pasión (el piano) es la belleza en su estado más puro. Si bien todo en ella desprende belleza milimetrada. Desde su relación amor-odio con su padre hasta la pasión puramente sexual por la esposa de su amigo. Aquello que está vetado siempre es lo que más atrae.

      Una obra maestra, sin duda. Agradecido te estoy, insisto, Mycroft.

  2. Alex,
    no he visto la película,pero creo que esta semana la pasaron precisamente por la 2,puede ser?es de vital cumplimiento,encontrarse,saber en qué campo nos sentimos plenamente creativos y realizados,el corazón puede dejar de latir pero también reaunudar el latido cuando sale de un extavío.
    bss

    • Ayer mismo la pasaron por la 2. Lástima que se te pasese por alto, pero seguro que la podrás recuperar de algún modo. De gozosa, nunca obligada, visión, Troyana.

      Los sueños, como le ocurre a Tom, es aquello que se filtra en los pliegos de tus dedos. Y no te quepa duda, prueba de ello soy yo mismo, de que el corazón deja de latir varias veces en la vida para que casi siempre, como una pizca se suerte, recupere su aliento más adelante. Cuestión de mantener la nariz fuera del agua el tiempo suficiente.

      Besos, Troyana.

  3. El título es precioso. Sabía de su existencia, pero nada más. Tiro de recursos. A ver si esta noche cae. Tengo ganas por lo leído.
    Abrazos. Cuídenseme.

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