Cine (porno) dentro de cine…

De la fascinación que siempre ha despertado la pornografía en el cine convencional da fe la gran cantidad de ocasiones en las que éste último ha indagado en los entramados del cine porno. Las miradas que se le han dirigido han sido diversas, oscilando entre la denuncia, lo escatológico y lo cuasi paternal. Lo cierto es que pocas veces se ha hecho justicia al denostado género X.

Hace diez años, Paul Thomas Anderson trató de saldar esa deuda con la esplendida “Boogie Nights”. El auge y posterior caída de un sosias de John Holmes llamado Dirk Digler sirvió al director para retratar de modo concienzudo la edad de oro del porno americano. Pero no conviene olvidar los acercamientos anteriores que la película de Anderson eclipsó. Entre ellos, joyas olvidadas que bien podrían rivalizar (y superar) en calidad con la obra del joven director californiano.

Ésta es una pequeña recopilación de las que a mi juicio son las mejores películas mainstream teñidas de azul…

BOOGIE NIGHTS (1997)

Paul Thomas Anderson echó mano de la peripecia vital de la leyenda porno John C. Holmes para vertebrar parte de la historia de la edad de oro del cine hardcore y su posterior decadencia. Lo hizo de modo coral, tomando como peones las vidas de los personajes que rodean a Dirk Digler, buscavidas sin más talento que el que se ubica en su entrepierna. Película talentosa, pero excesivamente rendida a sus múltiples referencias, lo que termina por socavar su poder de fascinación. El plano final recuerda al cine más desencantado de Fosse, la utilización de la música a Scorsese, los planos secuencia a De Palma. Su éxito contribuyó a la normalización del cine porno al presentar a sus moradores como seres humanos corrientes con los mismos problemas que cualquier hijo de vecino lejos del estereotipo de podredumbre y vício con el que siempre cargaron. Ésa fue su mayor virtud.

DOBLE CUERPO (1984)

La obsesión hitchconiana de Brian De Palma alcanzó su cenit en este homenaje híbrido inspirado libremente en dos de las obras magnas del director inglés: “La Ventana Indiscreta” y “Vértigo”. Exuberante, desvengonzado, excesivo, su mimetización con el genio llegó al punto de hacer suyas las trampas de Hitch e incurrir en los mismos frecuentes errores de guión y racord tan frecuentes en su cine.

Un actor de segunda en paro que se ve obligado a recurrir a trabajos basura para subsistir, siente en primera persona la fascinación ejercida por el mal. La obsesión de un crimen presenciado en la distancia del voyeur terminará por encaminar sus pasos hacia el subterraneo mundo triple X de la recien nacida era del vídeo. Es ahí donde De Palma se chufla de la industria, al presentar a su reverso hardcore como un reflejo cercano, poseedor de su propio star system, de sistemas de producción perfectamente confundibles con los de su hermano rico y un circo mediático autóctono tan ensimismado por su propio ombligo como el que rodea a las estrellas hollywoodienses. Una trepidante obra maestra de vocación trash que aturde con una provocación enfocada a todos los niveles.

INSERTS (1984)

El oficio de francotirador cinematográfico se parece tanto al de director de cine porno que bien podría confundirse. El primero rueda con vocación y sin dinero películas que pocos verán en busca de reconocimiento. El segundo firma una cinta que verán miles de personas que jamás reconocerán el haberlo hecho y su nombre aparece (no siempre) en los créditos de la cinta pero resulta invisible para aquellos que sólo desean ver carne. John Byrum, ilustre miembro del primer gremio, entendió el dilema y se propuso contar la historia del rodaje de un loop porno en la América de los años 30. Barajó con maestría conceptos vampíricos como la droga y la propia adicción al sexo, mezclándolos con el intimismo de la decepción y el hastío, para conseguir una obra redonda en la que se examina el proceso creativo a través de un género cuya regla de oro consiste precisamente en reprimirlo. Una pesadilla comparable conceptualmente al “Arrebato” de Zulueta. Una joya a rescatar que puede provocar profundas cefaleas al espectador medio. Avisados están.

LO IMPORTANTE ES AMAR (1975)

O la pornografía utilizada como metáfora para enfrentarlo al románticismo más desgarrado. Andrzej Zulawski deja de lado a la industria para filmar el particular descenso a los infiernos de una actriz venida a menos (Romy Schneider) que se ve obligada a participar en rodajes porno para sobrevivir. El destino unirá su camino con el de un fotógrafo (Fabio Testi) en plena crisis existencial tras la muerte de un amigo. Junto a él iniciará una apasionada historia de amor que tendrá al débil marido de ella como omnipresente testigo. Tratándose del director de origen polaco, la razón carece de sentido y son los sentimientos más desatados los que inundan la pantalla. Sin recurrir a estúpidos moralismos, Zulawski deja entrever su desdén por la pornografía. Para él, lo importante es amar y el porno supone la supresión de todo sentimiento en favor de una automatizada carnalidad que todo lo corrompe al no hallarse el afecto de por medio. Las desgarradas lágrimas de la Schneider al ser fotografiada mientras hace el amor con un extraño evidencian unas intenciones que en ningún momento se presentan encriptadas. Un puñetazo en el bajo vientre que tal vez encontró un destinatario inesperado.

HARDCORE, UN MUNDO OCULTO (1979)

Como buen calvinista, Paul Schrader resistió los golpes lanzados contra su película de modo estoico. Reaccionario, fascistoide, racista… el viaje de un padre en busca de hija, devorada por el submundo del porno le acarreó tales adjetivos y no pocos insultos. Su pecado puede ser el sensacionalismo, ese regusto por la sordidez extrema que se registra tras cada paso de su protagonista durante su odisea angelina, pero jamás ninguno de aquellos. Schrader se pateó los barrios más degradados de Los Angeles durante meses para contar después lo que vio. Se limitó a lo estético para mostrar a chulos negros abofeteando a prostitutas adolescentes blancas recien salidas de una granja de Kansas que al llegar a la ciudad de los sueños vieron los suyos desaparecer. Espió a babeantes cincuentones introduciendo dólares en escotes de strippers. Hizo la calle con las putas de cinco dólares siguiendo sus andares quebrados por la heroína. Protegido por su aura de superioridad moral, hace que su protagonista se introduzca en el entramado azul tras la pista de su perdida hija. El conocimiento de primera mano del universo oculto y los seres que lo habitan le humanizará, siendo entonces consciente de la angustia de su hija, comprendiendo los motivos que le llevaron a fugarse de la cerrada sociedad del medio oeste en la que creció para entregarse al primero que le ofreció comprensión y ternura.

Nada se dejó Schrader en la manga para ilustrar su viaje. Todo el muestrario de perversiones (incluido lo enfermizo, llámenlo snuff movies) aparece en su doloroso metraje. Tal vez sea su acomodaticio final su único hándicap. La rumorología insiste en atribuirle a “Hardcore” un final impuesto por la productora, señalando que el desenlace soñado por Schrader sustituía el feliz reencuentro de padre e hija por el desdén de ésta, al ser localizada, eligiendo quedarse con los tipos que la explotan (su “autentica” familia) a regresar con su padre al lugar en el que fue tan desdichada. Y lo cierto es que ese final encaja con Schrader como un condón XXXL en la herramienta de trabajo de Johnny Holmes.

Décadas más tarde, Joel Schumacher se inspiró putativamente en la película de Schrader para filmar la deleznable “Asesinato en 8 mm”. Sordidez de manual, moralina vergonzante y final convencional para coronar el despropósito, son excusa suficiente para apartarla de esta breve lista. Como fuera han quedado la fantasía adolescente “The Girl Next Door”, el esforzado biopic de los hermanos Mitchell filmado por Emilio Estevez “Rated X”, patochadas como “El Gurú”, ácidas sátiras a medio gas como “Orgazmo” y otras tan estimables como la argentina “Una Noche con Sabrina Love” o tan infumables como “Wonderland”. Probado queda pues que el porno no sólo alimenta las fantasía solitarias de los pornófagos anónimos. Ahora, liberados del estigma, sólo falta aplicar al cine azul el sueño que una vez proclamó Pier Paolo Pasolini: “La única libertad que entiendo es la que no tiene límites”.

Posteo publicado originalmente en Tierras de Cinefagia en 2007. El brillante trabajo gráfico es obra del Sr. Yume. La torpeza de las letras es achacable a mí.

Anuncios

19 pensamientos en “Cine (porno) dentro de cine…

  1. Sabes que no he visto casi ninguna?
    Donde estaba yo en …los ochenta , noventa..?
    Se me ocurre que “Nine songs” tenia sus momentos, pero no era cine porno dentro del cine , pero no acabé de hacerme con el argumento.Estaría distraidilla o a lo mejor demasiado efervescente cuando la ví.

  2. Odio Nine songs. Arruina los conciertos con la historia de amor, y el porno soft, también.

    Miren que me gusta Winterbottom, pero es que esa peli me pone a parir, me aburre una barbaridad.

    Schrader es un genio.

    • Yo no la odio, pero me deja indiferente. Creo que le sobra una de las dos cosas: o la historia de amor o los conciertos. La mezcla no fue bien manejada por Winterbotton, que, como sabes, es una debilidad para mí.

      Schrader es un genio.

  3. Es una cuestión meramente semántica. El porno es ya cine. No existe la palabra extraída de lo cinematográfico. Me gusta la trasera de esa industria. Boogie nights, no revista, me encantó. Nine songs, que está por ahí porque me la regalaron en DVD piratilla, no ha me disgustado, pero opino como Mycroft. En todo. Ganas, con el post, me han dado de ver Doble Cuerpo. De De Palma. Dos Des. De golpe.

  4. Lo mejor de la sublime “Boogie nights”, el sublimísimo Burt Reynolds -lo quiero tanto que no puedo ser imparcial; Colmenero, a mi lado, un aficionado. Lo mejor de “Body double”, la escena con los Frankie Goes To Hollywood al hilo de “Relax”.

    Y “9 songs” me gustó. De lo mejor del cine convencional disfrazado de cachondón. No como el coñazo de “Romance X”…

    • Está soberbio Burt Reynolds en la peli de Anderson. Puede que no sea un gran actor, pero sabía hacer lo suyo de modo impecable y nunca se arrepintió de pertenecer a la fauna de Hollywood que no aspira a premios ni a críticas de cinco estrellas. Aquella escena de Frankie Goes to Hollywood es la sublimación absoluta del camp

      “Romance X” es sencillamente vomitiva.

  5. Después de leer tu post me han entrado ganas…

    …de ver Lo importante es amar.

    (Y ya que hablais de Nine songs, pertenezco al grupo de los que les gustó, aunque considero los conciertos como pegotes, creo que la peli hubiera funcionado mejor sin ellos)

    Besos azules.

    • Película puro Zulawski, “Lo Importante es Amar”. Tan desatado siempre como el mejor Ken Russell. Te va a gustar.

      “Nine Songs” me parece una mezcolanza irregular que no cuaja y termina por aburrir. La idea es buena, pero desde el principio sobra una de las dos cosas. La torrida historia de amor o los conciertos (muy bien filmados, por cierto) no terminan de encajar entre sí. Una pena, porque Winterbottom me pone.

    • A mí me parece que están muy bien filmados, Mycroft. He visto montones de películas y documentales sobre conciertos, desde “Woodstock” hasta “El Último Vals”, y el estilo de Winterbottom me gustó más que la mayoría.

  6. Hombre, Woodstock también es una mierda de peli.

    Yo estaba pensando en lo que hizo D.A. Pennebacker por Bowie y Dylan, por ejemplo, o en Julian Temple. O el concierto en el Hyde Park de los Rolling, muy al estilo de la peli de Woodstock, pero bien hecho.

    A mi Winterbottom precisamente en 9 songs no me demuestra nada.

    Los conciertos quedan fríos, la pareja sobra, y luego el porno no se atreve a ser porno, es erotismo puritano y pretendidamente transgresor del peor. No es calígula precisamente. sospecho que por eso gusta tanto a las chicas. Es la fantasía, ocultando la truculencia. Un asco, en fin.

    • A mí “Woodstock” me gustó. Su rollo powerflower en clave Goebbels (osease, repetir una mentira hasta convertirla en realidad) es de lo más divertido que he visto. Pennebacker es otra cosa. Su “Don’t look back”, per example, es una joya inmortal. El de los Rolling no lo he visto, pero buscaré. Julian Temple me cansa y ni te cuento otros como Phil Joanou. Insisto en que el modo de Winterbottom de contar un concierto me llegó, aunque coincido contigo en que “Nine Songs” es muy floja. Utiliza los planos explícitos en busca de una provocación trasnochada con una eyaculación como punto fuerte… y se queda en puro aire. No hay nada que sustente la historia ni puntos que la entrelacen con la trama musical. “Calígula”, con sus infinitos defectos, tiene carnalidad. Y no me refiero a los planos pornográficos que se añadieron con el montaje cerrado, sino al Tinto Brass más entregado que vio cómo su película era reducida a la nada por quince minutos de absurdo morbo que ni siquiera sirvieron para salvar a la película de la bancarrota.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s