Escondites de Monstruos…

Cuando todo aquello ocurrió busqué una carta que lo explicase todo durante semanas. Por alguna razón siempre he pensado que todo debe tener una explicación, pero no fue aquella vez.

Una estrella de regaliz y su mano sobre la mía antes de que la pantalla hablase. Unos monstruos con nombre, aquejados de la enfermedad de la tristeza, y un niño que dice ser rey, pero no es más que un niño.

Una noche que acabó con bocadillos calientes y una película en la cama. Y los sueños que no cesan y se convierten demasiadas veces en pesadillas.

La película, «Donde viven los monstruos», es soberbia. La inocencia siempre lo es, y, como decía Salvador Espriu: «Es la bondad la cualidad que nos falta». Y Carol y K. W., son el reverso de los cuentos que escuché de niño en los que los buenos eran guapos y ganaban por sistema. A veces se pierde, ahora lo sé. Siempre me entero tarde de las cosas.

Lo otro tendrá cura, seguro. Cosa del tiempo y las caricias.