Lo dulce del amargo…

Si algo se repite en el cine de Juan José Campanella es la solidez de su discurso. Desde la estremecedora “El Niño que Gritó Puta” hasta “El Hijo de la Novia”, las fachadas de sus obras carecen de grietas independientemente del género que trate. Sin embargo, y por muy buenas que fuesen sus referencias, pocos estaban preparados para el escalofrío que provoca “El Secreto de sus Ojos”.

Campanella se enfrenta sin complejos a un material sensible que sabe manejar intercalando géneros sin que el ritmo de la cinta se vea comprometido. La trama policial, arteria principal de la historia, nos adentra a modo de flashback en la gris vida de Benjamín (Ricardo Darín), empleado en un juzgado en un país que carece de justicia (sometido por una junta militar). Sus únicas referencias son una magistrada con apellido (Soledad Villamil) y Sandoval (Guillermo Francella), un oficinista derrotado por la vida y habitante de las barras de bar.  Con tan escaso apoyo se sumerge hasta la obsesión en el brutal asesinato sin resolver de una mujer joven, espoleado por el ansia de justicia y la impotencia de su devoto marido.

Tratando de huir del sentimentalismo más superficial, Campanella filma dos historias de amor truncadas sirviéndose del silencio y los gestos. Estremece el marido sin paz sentado en estaciones en busca de un asesino del que desconoce todo, tanto como las miradas cargadas de Benjamín e Irene, consciente él de que ella está fuera de su alcance; consciente ella de que sus caminos siempre correrán en direcciones paralelas sin llegar a coincidir. Todo ello mezclado hábilmente de modo que ninguna de las tramas solape a la otra.

El pasado y el presente encajan finalmente dejando un tono amargo en ambas instancias. De tal modo, que la inevitable sorpresa final se sitúa de pleno en el lirismo más desgarrado, lejos del artificio. Es tal la fuerza de sus imágenes, que la tortuosa frase final del asesino le humaniza y palpita en el pecho del espectador de un modo infinito, a modo de bucle. Tal es su impacto que en la enésima despedida en una estación de tren que presenciamos volvemos a desear, una vez más, que el humo se disipe y sean dos las figuras que aparezcan antes de que el destino decida jugar su última y hermosa carta.

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12 pensamientos en “Lo dulce del amargo…

  1. Me gusta mucho como escribes,Alex.
    Ese escalofrío que viví viendo la película,lo he recordado vívamente mientras te leía.
    En una sociedad sin justicia,ni real ni aparente,el ser humano ha de crear sus propias herramientas para sobrevivir al abuso y al horror.
    Los personajes de Benjamín y Sandoval son entrañables,se apoyan,se respaldan,nada tienen que ver el uno con el otro y sin embargo esa ocupación les une.El amor callado entre Benjamín e Irene es un descompás,una continua falta de sincronización…..esos trenes,esas despedidas…..
    La película es una maravilla,espero que se lleve un oscar si es que va como nominada en representación de Argentina.
    bsos

    • Es que resulta escalofriante mucho después de haber salido del cine. Te atrapa y bambolea sin compasión siguiendo los pasos del aturdido protagonista en busca de una verdad obsesiva que tal vez nunca deseó descubrir. Los trenes, las despedidas… llevo meses inmerso en esa dinámica, Troyana. Créeme que comprendo la desazón de Irene y Benjamín. Dejar atrás a la persona que quieres (aunque sea por unos días) es muy duro.

      Merece ese Oscar, desde luego. Ojalá la Academia acierte por una vez y se lo den :p

      Besos.

    • Oh, Alvaro Vitali, ese genio incomprendido de un sólo registro. Entre él y aquel tipo calvo que le acompañaba en sus películas (era como el Coyote, siempre perdía pero con gracia) filmaron todas las comedias italianas de los setenta y algún drama también, seguro. Tienes toda la razón, Darín está en todas. Incluso cuando no aparece…

      Apunta la peli que te va a gustar. Verás…

      Abrazo.

      • Cuánto debemos, hermano, a la gran Edwige Fenech, la señorastupenda que aparecía junto a Vitali en casi todas sus películas. Yo ahora mismo me acuerdo de una escena de “La profesora va al mar con toda la clase” en que se despelotaba en una caseta de baño y me pongo cardíaco 😛

      • Oh… Te puedo citar la alineación completa, Le Poinçonneur: Gloria Guida, Anna Maria Rizzoli, Janet Agren, Barbara Bouchet… Fantasía de mi adolescencia temprana. Y todas ellas un escalón por debajo de Edwige Fenech. La de películas en las que aparecían ellas en las que intenté colarme. Menos mal que en el videoclub no pedían el carnet…

  2. Magistral. Me gustó mucho .Están todos soberbios y una vez más elevo un hurra! por todos los secundarios actorazos como la copa de un pino.
    Ese funcionario mitad filósofo , mitad borracho , lúcido y genial.
    Un oscar para Sandoval.
    Te debo llamada !!

    • Es, como ocurre con “Déjame Entrar”, una de esas películas que crece constantemente dentro de ti. Tiene tal cantidad de lecturas y detalles que nunca cansa volver a verla. Sandoval es grande. Me sumo a tu propuesta de Oscar merecido que nunca recibirá…

      Eso, a ver cuando me llamas. Por cierto, te debo un mail.

  3. Al margen de que sea (que lo es) una magnífica película, discurre por otro ámbito aún más interesante e insólito: es magnífico cine. Es un cine que hace cincuenta años era lo normal, hasta que alguien decidió que contar bien las historias era aburrido.
    Me ha gustado mucho la entrada, Campanella no merecía menos.
    … ¡Ah! Y esos diálogos… ¡Qué diálogos!…

    • Diálogos memorables como los de Sandoval descolgando el teléfono: “Banco de esperma. Sección donaciones”. El papel de Sandoval ha sido toda una revelación. Dices bien, el mayor logro de la película es haber sido fiel a las técnicas clásicas de rodaje y tratamiento de guión. Parece todo tan fácil… Campanella, cada día lo tengo más claro, es uno de los grandes directores de los últimos años.

  4. Me atrevería a elevarla a la categoría de Obra maestra con el permiso de Carlos Pumares…

    (aviso, contiene spoilers!)

    La película es compleja y magnífica. Todos los actores están muy bien, el guión es divertido, ágil, también tremendo…

    Y luego están todos esos ojos que miran y se descubren. La mirada sucia del asesino a Irene, la de Irene a Benjamín, casi retándole (atrévete, no seas voludo!), la mirada rendida de Benjamín a Irene, la de Sandoval a su vaso de whisky, también rendida…y todas las miradas que no se ven pero que están y que hacen que la película estalle en sus últimos minutos.

    Un beso…rendido…

    • Lo es. Es una obra maestra que termina de configurarse una vez el proyector se apaga. Se compone dentro de ti al cabo de las horas o los días. Una joya enorme cosida a base de miradas y gestos. Las miradas entre Irene y Benjamín dicen todo lo que callan sus bocas. La mirada del asesino es la del que odia. Mirada que cambia con el paso del tiempo hasta convertirse en implorante. La escena del ascensor (tremenda), muestra las entrañas del miedo en los ojos de los protagonistas. La de Sandoval es la mirada de la derrota y la esperanza de una redención que nunca se dio. La escena del estadio y cómo transmite en el espectador la confusión de los personajes. La película es un todo que, rendidamente, te debo a ti.

      Beso, mi princesa.

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