Un tipo normal vestido de negro con sombrero y bigote…

Durante la preparación de “Viajes con mi tía”, George Cukor, su director, pidió que le trajesen a ese actor español que parecía un tipo normal, siempre vestido de negro con sombrero y bigote, para interpretar un pequeño papel en la película. Un papel con demasiados pocos minutos en pantalla para el talento de José Luis López Vázquez. Algo que a él no le afectó. Siempre se creyó un secundario sin derecho a primero planos.

Agustín González dijo de él que era un hombre humilde, un gran actor y un mejor amigo. Algo que podía decir de muy pocas personas. El día que a José Luis López Vázquez  se le concedió el Goya honorífico (nunca lo ganó de otro modo), recordó a González en su discurso de agradecimiento con un breve y demoledor: “Hoy recibo el premio que él nunca ganó”.

Ayer fue un día de luto para miles de sesentonas suecas y a-le-ma-nas con las que Landa y él trataron algún día de ligar siempre sin éxito. El mejor símil de la España de la miseria consistía en enfrentarles con mujeres casi mitológicas a las que con dificultad llegaban a los pechos. Fue un día de luto para todos los que alguna vez disfrutamos de sus gestos excesivos y su voz segmentada.

Buen viaje, maestro.

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10 pensamientos en “Un tipo normal vestido de negro con sombrero y bigote…

  1. Delicioso fragmento de un artículo de Luis Lorente que publica hoy “El País”:

    Estábamos esperando el inicio del acto, cuando se aproximó a nosotros una mujer dominada por la emoción que, en medio de una catarata de elogios, pidió a José Luis su autógrafo. Segundos antes de que José Luis comenzase a escribir, la apasionada admiradora proclamó: “¡Qué felicidad cuando le diga esta noche a mi marido que me ha dado un autógrafo Adolfo Marsillach!”.

    Agustín y yo intercambiamos una expresiva mirada, mientras José Luis, impertérrito, comenzó a escribir. Comprobamos con asombro que le firmaba el autógrafo como Adolfo Marsillach. Cuando la mujer se marchó, Agustín se dirigió a José Luis: “¡Coño, José Luis, que le has puesto Adolfo Marsillach!”. José Luis le miró sonriente, y respondió con esa forma tan personal de silabear musicalmente las palabras: “¡Y si me di-ce que soy María As-que-ri-no, se lo pongo también!”.

    http://www.elpais.com/articulo/cultura/Humor/vitriolico/elpepucul/20091103elpepicul_6/Tes

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