From Lucena with love…

El mes de junio del año pasado, después de pasear por las calles de Córdoba a un costado de Emilio y de su esposa, le entregué un libro de viajes suicidas mientras estabamos sentados el uno frente al otro en una mesa de madera de la Sociedad de Plateros. Dábamos cuenta de dos Mahous (cortesía la suya, pues la cerveza madrileña no deja de ser una intrusa en su tierra) para tratar de mitigar el asfixiante calor cordobés. En la Navidad pasada le regalé un libro de Steinbeck (apuesta más que segura) que devoró en pocos días hasta el punto de pasear por las calles de Cannery Row junto a Doc y saber expresar en su blog lo que allí vio. Pocos días después de recibirlo, el día de Nochebuena, me llamó y de algún modo su voz resonó en aquella casa ahora oscura y por primera vez vacía.

No diré que a cambio me regaló su tiempo en varias ocasiones. No, porque entre amigos no existe la política del trueque. Intercambiamos emociones que no presentes. Por ello, el voluminoso paquete que recibí el pasado sábado no puede ser agradecido de modo alguno.

Perdóname, nunca supe expresar la emoción. Y es mucha la que siento.

Cuídeseme, amigo.

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5 pensamientos en “From Lucena with love…

  1. De hecho compré 2. El mío y uno para quien sabía que le daría un uso infinito. De eso se trata. De que el tiempo lo tutele, lo escolte y mime los recuerdos. Vivimos para las emociones. Estamos hechos para la ilusión, pero nos aturde la realidad, que en ocasiones viene homicida y trae perros rabiosos. Así que, my friend, ponlo en tu estantería como yo dispuse el mío y ve a la biblioteca a por otras cosas. Watchmen, en versión municipal, de biblioteca pública, será ya de otros. Un abrazo fuerte.

  2. El olvido, muy importante para mí, es subsanable. El que el ejemplar de la biblioteca deje de recibir mis visitas anuales, puede que no tanto. Sin emoción pocas cosas merecen la pena. Lo sabes, por eso adoras “Watchmen” como yo. Catálogo de tristezas y soledades y crueldades. Lo humano que no lo divino.

    Le buscaré un hueco, cosa nada fácil dado su tamaño, pero lo haré. Y al hacerlo recordaré tu bello posteo sobre la obra magna de Gibbons y Moore parpadeando en la pantalla de un portátil una mañana de domingo en una ciudad que ahora siento como mía. Casi pude sentir tus sensaciones mientras lo leías gracias a tu entusiasmo. Y créeme si te digo que aquello me hizo tan feliz como ver mi nombre escrito en un paquete procedente de Lucena.

    Gracias, de veras. Abrazo fuerte, amigo.

    Cuídeseme.

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