De entre las cenizas…

La realidad siempre supera a la ficción. Recuerdo un documental en el que una mujer que soportaba una tremenda discapacidad física afirmaba que ella también tenía derecho a ser feliz. Acto seguido, se presentaba junto a su novio (también severamente discapacitado) en un hotel en busca de una habitación en la que pasar la noche juntos. El encargado del hotel se sonreía a cámara y les miraba con sorna complice que compartía con la cámara. Y es que el mundo está lleno de idiotas que nunca aprendieron a ver. Años más tarde, vi a un escritor cubano proclamar la necesidad de amar al menos una vez en la vida a riesgo de perder toda noción de humanidad. Se le llenaron los ojos de lágrimas al decir que la mayoría nunca sabrá lo que es el amor.

Esta noche me contaron que el amor es una caja de puros de los años setenta rellena con una navaja oxidada, varias monedas sin curso legal y calendarios decorados con paisajes que él nunca vio. Y una foto, rota por las esquinas, de una mujer a la que nadie dice conocer. No es justo que la melancolía se adose a tu espalda tan pronto. Pero nadie dijo que fuera justo, tienes razón.

Una vez me dijo que no viajaba nunca porque no tenía motivo para hacerlo. Añadió, después, que en realidad lo hacía al tragarse litros de cerveza cada noche. Veía campos de amapolas y supongo que se sentía cerca de ella. Yo tenía 19 años entonces. Presenciar una rendición siempre es triste.

He abierto una Mahou en tu honor esta noche. Por ti. Salud.

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