La semana de los muertos vivientes…

La madrugada del 26 de junio recibí un sms de Lucinda advirtiéndome de la muerte de Michael Jackson. El día antes de su muerte era objeto de burlas, su carrera estaba defenestrada y las parodias a su costa se contaban por miles. En cierto modo, largarse de la fiesta antes de tiempo le ha redimido personal y profesionalmente hasta elevarlo instantaneamente a los altares de mito pop (algo que lleva ocurriendo desde la muerte de Valentino).

Al día siguiente me enteré de la muerte de Farrah Fawcett, mito sexual de los setenta y ochenta que se ganó mejor la vida como la chica del poster (millones y millones de su famoso poster en bañador fueron vendidos) que como actriz.

La histeria se desató en las redes sociales de Internet (Facebook, Twitter…) hasta el punto de que los bulos, inevitables, comenzaron a aparecer sin pausa. Y es que no hay nada que satisfaga más el ego que dar una mala noticia y que miles de personas lo hagan a su vez con otros miles de incautos.

Per example, Natalie Portman murió el ocho de julio al despeñarse por un acantilado en Nueva Zelanda. Para tranquilidad de Devendra Banhart, novio de la Portman, ella viva y más maciza que nunca. Sin embargo, la demencia llegó al punto de que la propia actriz tuvo que emitir un comunicado de prensa asegurando que se encontraba bien.

Más imaginativos fueron a la hora de cepillarse a Harrison Ford. Al parecer, el veterano actor murió al ser alcanzado su yate por un rayo mientras luchaba contra una tormenta en el Mediterraneo.

Al margen del síndrome del hombre sesentón que le impulsa a casarse con mujeres treinta años más jóvenes que él, Harrison Ford tan sólo parece ser víctima de los efectos secundarios del botox.

El que sí se las vio con una tormenta, aunque fuese de mentira (“La Tormenta Perfecta”) fue George Clooney quien murió al estrellarse en Colorado el avión en el que viajaba. Mejores amigos que Ford debe tener a juzgar por la avalancha de llamadas que recibió su alucinado representante.

Clooney carece de vergüenza y sabe hacer el gilipollas como nadie (punto a su favor). Por otra parte, su “problema” sea esa incapacidad endémica para comprometerse (otro punto a su favor).

Hubo quien tuvo que aparecer en programas televisivos para desmentir su muerte, caso de Jeff Goldblum.

Con su gesto certificó que su vida está a salvo. No se puede decir lo mismo de su carrera.

Si bien, el caso más dramático seguramente sea el de Britney Spears.

Puede que la cantante sea un caso perdido, pero está viva. Durante las semanas en las que incluso se cruzaban apuestas en portales de Internet sobre el día exacto de su muerte, Britney guardó silencio. No fue así la pasada semana, cuando algún imbécil extendió su muerte vía Twitter. La propia Spears debió desmentirlo mediante varios mensajes que tranquilizaron a sus ya hiperexcitados fans.

De modo que si alguien les asegura en Twitter que Penélope Cruz a ganado un Oscar, no se fien…

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