Malos tiempos para la lírica…

Podría dejar mi puesto mañana mismo. No estoy interesado en lo que acompaña al poder. No me preocuparía si nunca regresara a Downing Street. Eso no me preocuparía en absoluto. Y probablemente sería bueno para mis hijos.

Gordon Brown – Primer Ministro Britanico.

Harto de sufrir ataques, con frecuencia desde las filas de su partido, Gordon Brown estalló una vez más hace pocos días. Famosos son sus arrebatos al verse sometido a la extrema presión que acarrea su cargo. Aquello que Harry S. Truman definió como: Si no soportas el calor, sal de la cocina. A Brown le cuesta soportar el calor a pesar de haber sido destinado a cocinas desde que era adolescente.

Laborista, de los de la vieja escuela, muy alejado del encanto arribista y las buenas maneras de Tony Blair, Brown se convirtió en el mejor ministro de economía de la historia de su país durante los diez años en que ocupó el cargo. Su ingeniería económica, contestada por muchos, ha dejado las tasas más bajas de desempleo que se recuerdan en el Reino Unido en plena crisis financiera. Él le quita hierro al asunto: Es mi trabajo, aseguró en una entrevista concecida a la BBC. Su carácter adusto le granjea pocas simpatías más allá de un círculo cercano que apenas completa con tres personas: su esposa Sarah y sus dos hijos. Es torpe explicándose. Carece del don de la palabra al contrario de su antecesor, Tony Blair,  encantador de serpientes tan aparente por fuera como hueco por dentro. Su incapacidad para llegar al ciudadano medio le frustra. Se esfuerza más que los demás y es capaz de soportar cada golpe recibido. Y todo para nada, porque no basta que la mujer del César sea honesta, además debe parecerlo, y han sido legión la cantidad de ministros y colaboradores corruptos e hipócritas que le han acompañado en su camino. Hace pocos días leí que un político laborista había reclamado al partido las cinco libras que depositó en el cepillo de una iglesia alegando que se trataba de un gasto electoral. Con ese tipo de personas ha de trabajar Brown. Ahora será más fácil comprender su mal carácter.

Muy celoso de su vida privada, nunca habla de la pérdida de hija pequeña a los pocos días de nacer, al contrario que el líder Tory, David Cameron, que no tuvo reparos en hablar públicamente sobre la muerte de su hijo. Adora a su esposa de modo intenso. Se refugia en ella quien, al contrario que Cherie Blair, nunca habla en público porque esa es labor de mi marido. Del mismo modo, él nunca habla del empleo de su esposa (consultora de márketing) porque no es asunto suyo ni de nadie salvo de ella misma. Los detalles definen a la pareja. No hace mucho, cuando la mediática primera dama francesa acompañó a su marido en una visita al Reino Unido, Sarah se echó hacia atrás para no estorbar en la foto. La Bruni se colocó en el medio…

Poco antes de aquella exhibición de ego, Brown ofreció su propio gesto durante una visita a Camp David.

Ante los continuos gestos amistosos de Bush, él se mostró correcto, pero impasible y lejano. Sus relaciones con el nefasto presidente Bush fueron penosas. La primera medida de Brown al llegar al poder consistió en advertir a los americanos de que retiraría sus tropas de Irak en menos de dos años. Y así lo hizo. Sus medidas económicas pasan por la mejora del nivel de vida de las clases más desfavorecidas, cuestión que genera odios entre los sectores más al centro-derecha de su partido. Ha dado la vuelta al eslógan de éstos: Primero salvemos al sistema financiero y con ello a los obreros por un Primero salvemos a las personas, luego llegará el turno de los bancos.

Y sigue sin saber explicar que cuando levanta los dedos las palabras brotan de ellos en lugar de salir de su garganta. Los hombres honestos no nacieron para dedicarse a la política, ya lo dijeron los filósofos griegos hace 24 siglos.

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23 pensamientos en “Malos tiempos para la lírica…

  1. Me temo que no comparto tu entusiasmo por Gordon. Si, es más competente, sincero y menos vacío que Blair, pero fue compañero de viaje en su larga derechización del partido y del estado, en la Tercera Vía.
    Si, es un burócrata competente, pero sin la personalidad necesaria para tener auténtica valentía política.
    ¿Era necesario desactivar el izquierdismo para ganar? Probablemente, pero cuando la estrategia sustituye a los principios, mal vamos…
    Hay pocos políticos que sobreviven a un juicio estricto. Por mi parte, muy pocos (¿Olof Palme, Vaclav Havel?)

    • Se le ha acusado con frecuencia de ser lento de reacción y es cierto, como burócrata prefiere el terreno firme a las tierras movedizas. Sin embargo, el tiempo le ha dado la razón y su gestión económica no se puede calificar de otro modo que brillante. No estoy de acuerdo en que se le meta en el mismo saco que a Blair. Compartieron gobierno a pesar de que Brown siempre le consideró un trepa indigno de liderar el país. Su política económica está lejos del concepto kibush y de los programas quinquenales. Comprende la evolución del mercado capitalista y ha sabido adaptarse a él sin renunciar a la mejora de la calidad de vida de los que menos tienen. Es admirable que se haya mantenido firme en ese aspecto pese a las muchas claudicaciones con el mercado que muchos le atribuyen. Brown ha variado su posición ideológica con el tiempo desde posturas claramente socialistas hasta un centrismo que muchos consideran equívoco y yo más cercano a la izquierda de lo que esos muchos desearían. Su fascinación confesa por James Maxton (político laborista, escocés como él, representante del ala más izquierdosa y crítica del partido) es prueba de que Brown sigue siendo ideólogicamente un hombre con inquietudes sociales al contrario que Blair, que tras un comienzo de gestión prometedor, se convirtió en un ogro para la gente que le había votado.

      Cierto es que no tiene ningún carisma. Es un funcionario de tinte gris incapaz de sorprender con los juegos de manos que los populistas dominan. Y lo peor es que no comprende que pocos le comprendan, lo que desemboca en frustración y en uno más de sus frecuentes ataques de ira. Le falta mesura. Sin embargo, tiene dos cosas que le diferencian de la mayoría de la clase política: es honesto y está convencido de que solo el trabajo honrado puede solucionar cualquier problema. Reniega de pelotazos, prevendas y “regalos” tan habituales en el mundo de la alta política. Su honradez me recuerda en parte a la de Bob Dole, objeto de burlas por parte de sus propios compañeros de partido porque pagaba de su bolsillo hasta el boli que siempre llevaba en su mano muerta. Y la honradez (orgullosa honradez) es algo que en política valoro por encima de todo lo demás, como sabes.

      Muy pocos políticos soportarían una radiografía. Subscribo los dos que citas (Havel, de quien leí una entrevista hace pocos días, es un hombre de una integridad pasmosa) y añado a Willy Brandt del bando europeo y por el americano a dos Rooselvelt: Franklin Delano y su primo Teddy. Por el lado africano a Nelson Mandela y a Patrice Lumumba. Y por el asiático, aunque nunca se consideró un político (pero lo fue), al Mahatma Gandhi. Por hablar del siglo XX. Añadiría al Che, pero cometió tantos errores en la práctica que su loable sentido ideológico terminó erosionado.

  2. Fiscalmente, Thatcher era más de izquierdas. Con eso esta todo dicho.

    La desigualdad ha crecido en el Reino Unido. Los más ricos pagan menos impuestos que en los 70, los más pobres son más pobres, trabajan más horas, y el derecho laboral sigue sin existir, pero con la diferencia de que se ha capado a los sindicatos.
    Y todo esto la tercera vía lo asume alegramente.

    Los laboristas tomaron una decisión, lo hicieron conscientemente. Traicionarse a si mismos, o continuar la travesía en el desierto en la oposición.

    Eligieron traicionarse a sí mismos. Todo el que no rompió el carnet del partido, se convirtió, de hecho, en un tory del ala izquierda.

    De los que citas, asumo totalmente a los dos africanos, al indio, y a Brandt no tanto.
    Los americanos me despiertan dudas, especialmente Teddy.

  3. El problema es ese: para acceder al poder, tuvieron que asumir la herencia de Thatcher como algo positivo para el país. Per0 algo que podía (o debía) haber sido diseñado como una estrategia de cara a la galería, acabó siendo cierto (y asumido): Los laboristas siguieron privatizando, bajando impuestos a los ricos y creando empleo y riqueza precaria. Su adscipción a la familia europea socialdemócrata es una especie de broma a estas alturas.

  4. Pero Mycroft, sabes bien que en el Reino Unido ocurre (de modo matizable, bien es cierto) como en los States: o eres de derechas (con tendencia al centro como mucho) o eres liberal. Te quedan pocas alternativas y la de Brown (que varió la política económica de la Thatcher con éxito) no ha sido ni mucho menos la peor. En poco tiempo ha puesto en marcha (a pesar de lo complicado de la conyuntura) programas sociales que Blair ni se planteó.

    Otra cuestión sería si realmente existe el socialismo europeo. Pregunta sin respuesta que nos hemos formulado en varias ocasiones.

  5. No es posible que comparemos a los laboristas de los 70 con los blairistas, sin que detectemos una enorme, enorme diferencia en el grado de izquierda defendida, aún para los estándares del Reino Unido.

    Y el hecho de que los gobiernos laboristas de los 70 (Wilson y Callaghan) los enfrentaran a huelgas salvajes y a sindicatos entonces poderosos, y ese antagonismo no los enfrentara en el consenso de fondo ideológico, habla muy a favor de los laboristas de entonces.

  6. No tiene nada que ver el laborismo pre-Thatcher a lo que vino después. El mundo cambió, hubo muros ideológicos que cayeron y la sociedad demandaba ideas nuevas. Recuerdo que al llegar al poder Blair, la mayoría lo recibió con alborozo. Era el hombre que iba a devolver la ilusión y que iba a enterrar para siempre los desgraciados años de thatcherismo. La realidad no tuvo nada que ver.

    Hace años vi un documental que hablaba sobre aquella oleada de huelgas de los setenta (la de los astilleros fue especialmente cruenta) que acabaron con James Callaghan. Afirmaban que los sindicatos fueron espoleados con influencias y dinero conservador.

  7. Es obvio que el mundo ha cambiado, pero si tu partido no se diferencia en nada del conservador, la diferencia entre votar a uno u otro se diluye, y acaba dependiendo del puro carisma personal del lider.

    Algo de lo que carece Brown.

    Y la tercera vía no es algo exclusivo británico, ellos solo fueron los ideólogos, y en algunos aspectos esa adaptación era necesaria.

    Pero se adaptaron demasiado. Hoy en día un oportunista como sarkozy, tiene mayor capacidad de adaptar su discurso y puede implementar, indistintamente, políticas liberalizadoras, o izquierdosas, según considere.

    El nuevo laborismo es presa de una serie de dogmas, en el que desregulación y liberalización eran buenos, porque a los conservadores les había funcionado de motor económico. Ahora, sin los dogmas, y liquidado el aspecto de izquierda que tenían, sencillamente no tienen ideología, pero tampoco son unos pragmáticos (no tienen costumbre de ser “pragmáticos puros” por eso inventaron la idea de la nueva vía) .

    Están enterrados bajo el corse de sus ideologías anteriores, como una serpiente que ha mudado de pieles dos veces, pero no ha acabado de desprenderse de ellas.

  8. No estoy nada de acuerdo en que la política de la Thatcher fuese más social que la de los laboristas. Ni creo que los pobres sean más pobres (al contrario, más bien) ni en que la riqueza del país sea precaria. Sí estoy de acuerdo en que la fuerza de los sindicatos ha disminuido drásticamente en las últimas décadas, ¿éxito? que hay que otorgar por completo a la administración Thatcher y a la accidental (aunque ganó unas elecciones) de John Major. Tras lo ocurrido en los setenta, el partido laborista se sintió tan alejado de los sindicatos que terminó por desvincularse de ellos de un modo práctico. Su lento declinar, de hecho, se basa en la falta de suelo en el que pisar.

    Tengo pocas dudas con respecto Franklin, un actor soberbio que supo movilar masas como nadie antes lo había hecho. Devolvió la ilusión al país y un ansia por un futuro mejor que no se había conocido hasta entonces. Sobre su política se proyectan muchas sombras, cierto. Especialmente en la cuestión económica (muchos le acusan de alargar la crisis con sus programas de inversión pública sin darse cuenta de que Truman hizo lo mismo e incluso lo amplió y el país siguió creciendo) y en política externa. Incluso en política interior, se le acusa de no ampliar el programa de derechos civiles (como sí hizo Truman y más tarde Eisenhower de un modo ciertamente tímido). Se podría discutir sobre ello, pero creo que su actuación durante la gran guerra fue prudente y necesaria y que promulgó leyes a favor de la integración racial que no pudo completar pero que sí pudo hacerlo su sucesor. Sobre Teddy no tengo ninguna duda. Un hombre de gran integridad y sentido de estado que enterezó el imperialismo nada disimulado de McKinley hacia lo económico para hacerlo menos agresivo a otros ojos. Su mentalidad era la de un tipo del siglo XIX, no es valorable según los baremos de hoy día. Lo seguro es que siempre fue un lider honrado y fiel a sus principios y entregado a su pueblo, tuviesen la ideología que tuviesen éstos.

    También añadiría a Salvador Allende. Un buen hombre, equivocado seguramente. Cuando las huelgas arreciaban Chile, él se empeñaba en poner en marcha un programa de reformas confuso y sin futuro. Debió ver lo que se cocía y no supo hacerlo. Qué siniestro personaje, por cierto, fue Henry Kissinger. Premio Nobel de la paz, Dios santo.

  9. No he dicho que la politica de Thatcher fue más social, de hecho recortó todo lo que pudo el gasto social, sino que los laboristas continuaron su política fiscal de cargar a los pobres de impuestos y eximir a los ricos, acentuándola.
    Es muy probable que según el modelo británico, los tipos impositivos de Richard Branson sean menos de la mitad que los de un mileurista. Eso si no se acoge a las miles de triquiñuelas que ya existían anteriormente, pero que a los laborustas ya les va bien, de pura y simple exención.

    En cuanto a Teddy, en efecto, no podemos medirlo con los parámetros actuales. A Atila tampoco. Por eso he dicho que tenía dudas, y que es un caso complejo, aunque la doctrina Monroe etc., corolarios incluidos, no me levanten excesivas simpatías.

    Roosevelt fue un hombre clave. Sin embargo, pudo haber sido más valiente (más keynesiano desde un primer momento). Su política llevó más tiempo del previsto porque tenía dudas, y temía no convencer a su pueblo, o ser malinterpretado como comunista.

    Análisis posteriores revelan lo titubeante de la intervención estatal en los primeros años. No se le puede culpar, pero sin la guerra le hubiese llevado 10 años más enderezar al país.

  10. Ignoro con exactitud la cuantía de esa carga fiscal de la que hablas. Por lo que he leído y me han contado, el nivel de vida en Londres no es apenas superior al de Madrid, con la diferencia de que los precios son por regla general más bajos y los sueldos más altos (en Madrid, no es coña, he llegado a pagar 5 euros por un café, mientras me han contado que por el mismo tipo de café apenas alcazaban los 3 euros en una zona turística de Londres). En materia impositiva no sabría decirte. Cierto que se han relajado las cargas a las empresas, lo cual ha generado empleo más solido y estable. Dudo mucho, Mycroft, que los clases más favorecidas pagen menos a hacienda que las pobres (al margen del mundo empresarial, que como digo, es otra historia).

    Teddy es valorable en cualquier época siempre que se tenga en cuenta que su mentalidad no es comparable a la de un tipo del siglo XXI. Fue un adelantado a su tiempo al darse cuenta de que el futuro imperialismo lo marcaría el dinero y no las armas. Pero no esa cuestión la que me atrae de él. Supo ser consecuente con su tiempo y su pueblo. Y eso es algo muy difícil de ver en cualquier época. Atila, por cierto, es considera un héroe en Mongolia como Hernán Cortés tiene calles, plazas y libros dedicados a su memoria. Los tiempos cambian, afortunadamente, y no todos los pasados fueron necesariamente mejores.

    Franklin Delano Roosevelt fue tímido económicamente hablando sin ninguna duda, pero sus remilgos estaban justificados por la realidad que le tocó vivir. Tanto él como su equipo económico estaban convencidos de que la iniciativa privada debía reactivarse con la inversión pública y el tiempo le dio la razón. La factura de la guerra fue grande, no creas. En lo que ayudó a la remontada final de la crisis fue en que los medios productivos se desarrollaron más en cuatro años que en los treinta anteriores. Tuve un profesor que afirmaba que durante las guerras el progreso tecnológico se multiplica por diez y en cierto modo (ahí esta la medicina) no le falta razón aunque es monstruoso en esa clave.

    Por cierto, Truman (sucesor de Roosevelt) fue el hombre que canalizó el anticomunismo yankee como nadie lo había hecho. Durante su mandato y el de Eisenhower (que no pecaba precisamente de ser poco tolerante) floreció el siniestro comite de actividades antiamericanas.

  11. Créeme, las desigualdades entre ricos y pobres, que en todo el mundo desarrollado han crecido desde los 90, en Gran Bretaña se han salido de madre.

    La factura de la guerra no la pagaron los americanos, sino que los americanos les prestaron el dinero a los europeos para que la pagaran en plazos razonables, mientras sus empresas americanas reconstruían las ruinas de todo un continente. No me parece mal negocio.

    La reconstrucción fue lo que acabó con la depresión, mientras se implementaban los adelantos tecnológicos para el “brave new world” consumista (electrodomésticos etc) que tomaría el relevo cinco o seis años después.

  12. El Plan Marshall fue un genial programa de falso altruismo que terminó por beneficiar a todas las partes. Se prestaron tractores americanos cuyos repuestos sólo se fabricaban en los States, per example. El resultado final fue satisfactorio para todos. El milagro alemán es prueba de ello.

    Los sistemas productivos evolucionaron de un modo brutal. Su eficacia fue tal que una cadena de montaje podía fabricar un caza en un solo día (visto en un documental) cuando al principio de la guerra se tardaba una semana. Estos programas productivos se aplicaron en todos los campos (agricultura, confección, metalurgia) y en todos supuso un avance tecnológico que habría llevado décadas de no ser por la necesidad bélica.

    El consumismo fue otra historia derivada de la bonanza económica. Aparecieron todo tipo de electrodomésticos que cambiaron para siempre las vidas de los que los adquirían.

    La desigualdad, especialmente sangrante en países de economía liberal, está siendo muy marcada desde finales de los ochenta. Pero fíjate que durante el mandato de Bill Clinton, los niveles de pobreza disminuyeron varios puntos con respecto a la era Reagan. La política social es posible incluso en tiempos oscuros que retrotraen a la época de la revolución industrial…

    http://www.elpais.com/articulo/economia/Acuerdo/Veintisiete/ampliar/semana/laboral/encima/48/horas/elpepueco/20080610elpepueco_1/Tes

  13. No estaría tan seguro del exito de Clinton. En primer lugar, las clases medias con Clinton se endeudaron mucho más, en el principio de la conocida “burbuja crediticia”.

    Es decir, que los marcadores mes a mes del nivel de vida mejoraban a costa de un creciente endeudamiento a largo plazo.

    En segundo lugar, habría que saber cómo medir ese nivel de vida. Me da la impresión que se refiere al nivel de rentas (sueldos) y de gastos fiscales. ¿Contabiliza acceso a la sanidad, educación, etc? Habría que verlo.

    No niego una diferencia respecto a Reagan, pero si me da la impresión que no es demasiada.

  14. Por cierto, de hecho la ayuda al desarrollo actual opera como un plan marshall pero en condiciones aún más ventajosas para los “donantes”.

    En ese sentido, modificar un acuerdo de la OMC puede ayudar a más gente a comer, que un billón de dólares prestado para pagar la deuda, y pagar empresas desarrrolladas qeu creen infraestructuras o presten servicios en el mundo en desarrollo.

    En cierto sentido, vivimos bajo el modelo pervertido de la idea de Marshall.

  15. Durante el mandato de Bill Clinton (y esto son datos comprobables) la deuda del estado se redujo de modo sustancial, la renta de las clases bajas y medias bajas se multiplicó por tres y el sistema educativo público se reactivó con éxito. Lástima que la reforma sanitaria no pudiese llevarse a cabo. Los lobbys del sector son terriblemente poderosos.

    Mucho he leído sobre el hecho de que la burbuja financiera se gestó durante el mandato de Clinton. No estoy tan seguro y creo que es imposible determinar el momento exacto en que toda esta avalancha nace. Cierto que la política de Clinton, en lo que respecta a los bancos y entidades financieras, siempre fue condescendiente sino timorata. Pero de ahí a adjucarle ser el padre putativo de la crisis financiera actual hay un mundo.

    El plan de desarrollo es un misterio para mí, Mycroft. No puedo opinar. Sí te diré que si se parece a aquellos créditos que el banco mundial concedía en los sesenta y setenta a los jovenes países africanos, su efecto será devastador a largo plazo. Todo aquello se planificó mal y siempre teniendo en cuenta la evolución positiva de esos países que nunca se dio. Lo más terrible es que la inestabilidad endémica africana siempre fue azuzada por multinacionales europeas, americanas y japonesas. Hay países inmensamente ricos, caso del Congo o de Guinea Ecuatorial, que siempre serán pobres y hambrientos. Ese es su destino, así lo han determinado en otros lugares.

  16. Bueno, cuando hablo de que no es oro todo lo que reluce, tanto en Clinton como en Blair (como en González, como en Mitterrand), más o menos cito a Susan George.

    ¿Es una observadora objetiva? no. ¿Es perspicaz? Si.

    Incluso afines a los demócratas (Krugman) señalan la política de clinton como un embrión importante de la burbuja.

    Nadie le tosía a Greespan, demócratas o republicanos.

    ¿Que las reformas fiscales y sociales de Bush hacian parecer a clinton en mismisimo Krushev? Si, pero no enjuicio sus “éxitos” de un modo tan positivo como tú.

    • Conozco a Susan George (poco objetiva es) pero no lo suficiente como para citarla, Mycroft. Y no niego que durante la administración Clinton se cometieran errores financieros de bulto, pero insisto en que muy difícil demostrar que la burbuja se gestó entonces. Diga lo que diga Kurgman, hay diez testimonios de economistas que lo negarán. Hubo un momento en el que Greespan era más poderoso que el propio presidente, y esa no es buena señal. Cada vez que hablaba el mundo se detenía. Pero te aseguro, Mycroft, que no siento gran simpatía por Clinton, aunque defienda su gestión. Sus éxitos son incuestionables, y no fueron pocos. Sus errores (aquel bombardeo a un refugio iraquí en el que murieron montones de mujeres y niños inocentes, la fallida intervención en Somalia…) también fueron muchos, pero en cuestión económica supo dar prosperidad a su gente. Lo dicen las cifras: las clases medias y bajas crecieron. Eso le honra, se preocupó por los invisibles.

  17. Susan George entra más o menos en el terreno del panfleto, como chomsky.

    Pero te lanza datos interesantes que cuando comparas con el panorama que te retrata un Stigliz, por ejemplo, te permiten leer un poco entre lineas. Hacer tu propia síntesis vamos.

    La lectura que haces de clinton es la misma que se hace aquí (de forma laudatoria) de Aznar. Lo único que digo es que los brillos no son tan dorados, y que los éxitos deben entrecomillarse un tanto.

    No digo que prefiera la alternativa.

    • Por Dios, no compares mi lectura de Clinton con la que algunos hacen de Aznar. La posibilidad sola ya inquieta. De veras que soy muy crítico con Clinton sin negar sus logros. Lo de Aznar duele por su chulesca forma de gobernar por cojones. Lo peor de Aznar es su incapacidad para reconocer sus errores que fueron tantos.

  18. Por cierto lo de sloterdijk no deja de ser una rayada, y de hecho lleva la etiqueta “pajas mentales” en lugar de “metaforas politicas”. Una curiosidad, vamos, que he sacado por esa lectura original de las fuentes del eje izquierda-derecha, pero oscura y poco clara.
    Es un autor denso, acusado injustamente de reaccionario y facha, y de hecho ese último libro que he leido seria el mas accesible, el más izquierdoso, y me ha dado claves para volver a leerme obras anteriores y comprenderlas más.
    Siendo un libro de los 90, se adelanta muy mucho a las consecuencias de la globalizacion en la cultura.
    Su obra maestra para mi seria “temblores de aire”, y su vision del progreso humano ligada a una vision de la historia del terror y de las armas, y del surgimiento del terrorismo.

    • De hecho, esta mañana he buscado libros de Sloterdijk (de quien no sabía nada) en la biblio y no he encontrado nada. Por cierto, los tres libros de DeLillo que tienen están prestados hasta septiembre (cierran en julio y agosto). Probaré en otra biblioteca.

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