Bajo las Sábanas…

Clementine: ¿Joel?

Joel: Sí, mi mandarina.

Clementine: ¿Crees que soy fea?

Joel: Hum, hum…

Clementine: Cuando era pequeña creía que lo era. No puedo creer que esté llorando. A veces creo que la gente no entiende lo solitario que es ser niño. Como si no importaras. Tenía ocho años y tenía juguetes. Varias muñecas. Mi preferida era una muñeca fea a la que llamaba, Clementine. Siempre le gritaba: No puedes ser fea, sé guapa. Es curioso, como si al poder cambiarla a ella yo también pudiera cambiar por arte de magia.

Joel: Eres guapa…

Clementine: Joel, no me dejes nunca.

Joel: Eres tan guapa…

[…]

Joel: Por favor… por favor, déjame conservar este recuerdo. Sólo te pido eso.

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Anuncios

7 pensamientos en “Bajo las Sábanas…

  1. Es una enormidad de película.
    Además, yo todavía encuentro relecturas aún hoy. Antes me centraba en la imposibilidad de amar. ahora me doy cuenta del calado de la manipulación de la memoria.
    Manipulamos continuamente nuestra memoria, lo bello se torna horrible, lo horrible se torna bello, somos animales cambiantes que inventamos un pasado “mejor”.
    Ella cree que es fea, ha inventado que es fea, sería un consuelo que explicaría miles de decepciones, miles de veces en que el amor no triunfó. Pero no es esa la explicación.
    Y eso es lo terrible.

  2. Colocamos dentro de la memoria, en su hilo narrativo digamos, trozos ajenos, pedazos que no ensamblan, pero que acabamos por empujar hasta que se solapan en un puzzle perfecto. Andamos a la caza a diario de trozos buenos, pero los días son muy putos y terminan por imponer su mécanica más jodida, la que no se fija en nosotros, la que no le agrada nuestra jeta o nuestra manera de vestir o simplemente , he aquí el dolor verdadero, es el azar el que nos imposibilita para la felicidad. No somos felices por culpa de esa idolotría excesiva a la memoria. Debiéramos, a mi entender, nacer cada día. Guardar los trozos fundamentales. Esta es mi casa. Esta mi hija. Este mi coche. Pero luego aprender diariamente, como una rutina dulce, a llenarlo todo con mimo. No confiar en la narrativa especualtiva, la que coloca piezas falsas hasta que el puzzle es el puzzle perfecto. Buscamos un puzzle perfecto y no lo hay. Por eso, a lo mejor, la bellísima historia de Olvídate de mí tiene, Mycroft, tantas relecturas y podemos a cada visionado encontrar piezas nuevas. El jazz es mi puzzle mental en música. En literatura, en cine, me cuesta más, aunque llego, encontrar esos sueltos. Ella cree que es fea, pero lo ha inventado. Manipular la memoria es nuestra salvación en esta vida, y si no hay otra (que no la hay) la memoria es el absoluto, el territorio a mimar, el pedazo de cielo que tenemos dentro, cabeza adentro. Desvarío, me explayo: as usual. El caso, Álex, ahora, es que no podremos quitarnos de la cabeza esta obra maestra. Hace pocos días una conocida, una conocida con gusto cinéfilo muy concreto, me dio a entender que no le gustaba la película porque la historia no es creíble. Eso es lo que a mí me fascina, le dije: su inverosimilitud y, en cambio, su cercanía. Nada tan falso es tan tangible. En cuanto a la querencia orgánica (casi) hacia la Winslet coincido con el primer postero: fascinación. Buenas noches.

  3. Esta es una de mis películas favoritas y eso que tuve reticencias a verla por Jim Carrey, que sencillamente no lo soporto. Pero es que está tan bien contada… diálogos como estos son petróleo, tan valiosos como escasos en el cine actual.

    Me gusta tu blog.

    Un abrazo.

  4. Las lecturas son infinitas, Mycroft. He visto en muchas ocasiones la película y siempre fue distinta.

    Los inverosimil siempre resulta verosimil, Emilio. Mucho más que de lo que se suele pensar. No es cuestión de tener una buena historia tanto como de saber contarla. Y si se dan los dos factores (como es el caso) entonces se produce el milagro. La memoria (manipularla) es la clave para sobrevivir, dices bien. Hay quien vive treinta años atrás y es feliz en su burbuja.

    Gracias, Capri c’est fini. También es de mis favoritas. Su grandeza no es alambicada, como algunos proclaman. Todo es tan sencillo que parece difícil.

    Cuestión de gustos, Troyana. A mí, particularmente, me parece más valiosa que cualquier piedra preciosa.

    Besos, Troyana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s