El Impulso…

Una noche dormí a sus pies. Volvímos de tomar una copa en la ciudad marrón y nos recostamos en el sofá hasta que llegó el sueño. Creo que antes le preparé un bocadillo mientras pensaba que todo aquello era irreal. La felicidad equilibra la tristeza.

Recuerdo que el espacio en el sofá era tan pequeño que situé mi cabeza debajo de sus muslos. Ella dormía en la parte alta, la que tiene una especie de cabecera. De vez en cuando acariciaba sus pies y los besaba. Entonces ella murmuraba algo en sueños. Serían las cuatro cuando tocó mi hombro para decirme: “Vamos a la cama”.

Recordé este momento en Navidad. Supongo que fue un regalo de mi memoria, tan traicionera ella.

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