Voces…

Cuando tenía doce años me carteé con una niña neozelandesa. La profesora de inglés nos propuso buscar un penpal anglosajón para mejorar nuestro inglés, de modo que buscamos una revista en la que pudiesemos encontrar lo que buscábamos. La mayoría optó por la vía inglesa o irlandesa. Pero como la cabra tira al monte (y si no me creen, lean este viejo y delirante posteo), yo elegí la opción más difícil: Nueva Zelanda.

Mi carta respuesta tardó en llegar dos semanas más que las de el resto. Aún recuerdo la mirada de reprobación de mi profesora: pero que tonto eres style. Durante los tres meses siguientes mantuvimos un fluido intercambio de misivas. Ella me contaba inocuas historias que le ocurrían en la granja en la que vivía y yo le correspondía con estúpidos relatos de mi último casi atropello. Todo en un castellano y en un inglés macarronico. Un día sus cartas dejaron de llegar. Le escribí cuatro veces más sin obtener respuesta.

Se lo conté a mi profesora.

Has aprendido una valiosa lección, me dijo.

Pero no, no he aprendido nada.

Y nada tengo, salvo agradecimiento, para todas aquellas personas que estuvieron del otro lado de una auricular cuando las necesité. En marzo del año pasado reclamé sus voces y casi todos me las dieron. Algunas graves y otras suaves, todas ellas cálidas y con tantas cosas que contar que hubiese necesitado años para recogerlo todo. Necesito escuchar la voz del que está del otro lado para sentirle y a veces mi actitud kamikaze ha sido comprensiblemente malinterpretada. Pero no, nunca seré un problema para nadie, eso lo tengo claro.

Los matices de una voz te proporcionan formas que las letras no son capaces de dibujar. Y luego ocurrió que muchos de ellos se volvieron carne. Gracias, de veras, a todos los que consiguieron que lo imposible pudiese tocarse. Soy ampliamente decepcionante, los que me conocen lo saben. Por eso, ahora que todo aquello acabó, es el momento de apagar luces y agradecer gestos.

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8 pensamientos en “Voces…

  1. No vuelvas a decir que eres decepcionante. Cuando se aprecia a alguien, nadie lo es en realidad. Y en la realidad. Yo también soy de los que creo que hay ocasiones en que debemos dar las gracias por las personas que han actuado junto a nosotros como verdaderos salvavidas, por poco tiempo que hubiera sido… Yo también estoy al otro lado de un cable.
    Creo que deberíamos de adorar a la electricidad.
    Un gran gran abrazo

  2. Si te conocen bien no estarán de acuerdo, no puede ser decepcionante quien agradece gestos, quien todavía agradece lo que sea. Las huellas que dejas por tu blog tampoco parecen conducir a una persona de ese estilo, en fin, me cuesta creer eso y me chirría ver esa palabra también en un post tan tierno. Yo me he carteado muchísimo, siempre me gustó escribir cartas, incluso ahora, es esta Era del Mail todavía lo hago con alguna gente. Y pasa lo mismo por carta, internet que en la proximidad; a veces las amistades duran, otras se pierden sin explicación. A veces somos amigos de gente que no hemos visto nunca y vive en las Antípodas, y otras perdemos una amistad con alguien que vive a cuatro calles de casa, por falta de contacto o dejadez. Seguramente esa niña también te recordó mientras crecía. Un abrazo, Alex.

  3. El problema consiste en que estoy seguro de que nadie me conoce demasiado bien. La fachada y poco más. No se preocupan en rascar porque supongo que saben que lo que van a encontrar no les satisfacerá. Es así, de veras, créeme, Angéline. No pretendo autolamentarme. Y llevo tres años rompiendo con casi todo y el mundo de mentira se hizo carne de repente, algo que siempre había evitado. Y bueno, estoy agradecido y creo que lo he dicho demasiadas veces ya.

    Ojala esa niña neozelandesa me recordase un minuto. Toda la espera habría merecido la pena.

    Abrazos, Angéline.

    • Si no se preocupan en rascar, son ellos los que no buscan amistad sino compañía. No quiero revolver más, pero a veces quienes decepcionan son los demás. Si prefieren quedarse en lo superficial, quizás no te merezcan. Disculpa que me haya metido a comentar sobre algo tan personal. (Por cierto, tengo la película de “El hijo de la novia” sin ver desde que me la regalaron. Alguna gente me ha dicho que me prepare a llorar y llorar es algo tan sencillo pero con tantos efectos secundarios que siempre la voy posponiendo. Buen fin de semana Alex, aquí llueve..)

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