Tazones de plástico y dragones…

Es de madrugada y camino por la casa a oscuras tratando de recuperar las texturas de hace un año (hoy es 1 de mayo), pero lo único que me viene a la mente es el tazón que compré para él un diecinueve de abril. Todo lo anterior parece que nunca existió.

Ya que sus fuerzas escaseaban, pensé que un tazón de plástico sería más apropiado que uno de cerámica para que lo tomase entre sus titubeantes manos. Busqué en tres tiendas de chinos antes de encontrar lo que buscaba: un tazón mediano decorado con flores azules. Al pagar (tres euros, por favor), me fijé en una cajita azul con un dragón dibujado en su cubierta. Estaba seguro de que a ella le gustaría. Pregunté al tipo de la tienda para qué servía aquel potingue blanco que se ocultaba en el interior.

Poner cuando bicho pica.

¿Para el dolor de cabeza?

No, cuando bicho pica.

¿Migrañas?

Tú saber cuando bicho pica.

Horas después, ella me llamó angustiada. Se encontraba bajo un garage, refugiandose de la lluvia y esperándome. Cuando llegué, agachó la cabeza (aquel pelo mojado) y sonrió. Caminamos y pisó charcos como una niña enfadada. Y me abrazó en un vagón de metro, justo en el lugar y en el momento en que lo necesitaba. Le entregué la cajita metálica en un restaurante japonés antes de que la comida llegase a la mesa. Pocos días después, su voz…

Me dolía la cabeza y me he puesto la crema de la cajita del dragón. Ahora me duele más.

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2 pensamientos en “Tazones de plástico y dragones…

  1. Si no fuese real, debería serlo o tal vez, mi querido amigo, lo real y lo fabulado en ocasiones forman parte de la misma textura narrativa y el que escribe no sabe nunca si lo escrito es producto de su fiebre o producto del dolor de haber vivido. En ti, por desgracia, las historias de bichos que pican y de dragones y de hospitales y de mujeres en la distancia y de olvido y de todas esas cosas que nos hacen vivir te persiguen, te forman, te llenan y te vacían, y no estoy esta mañana de sábado lucentino muy fino para escribirte nada que te sirva para algo. A lo mejor no es necesario que todo sea útil y esté bien envuelto. Lo que cuentas, de todas formas, me ha hecho pensar en Auster. Tú dices que Borges, en mí. Yo, que Auster. Ahí andamos. Lo tuyo no es tan evidente y tus lecturas y tus pelis vistas dirigen tu prosa más invisiblemente. Cuídeseme muchísimo.

    • Como tú, Emilio, no tengo una noche muy fluida. Será la lluvia, que me despejó y arruinó el espéctaculo de una banda de música. Ver a un tipo corriendo cargado con una tuba es algo que todos deberían ver alguna vez.

      Borges, me repito, lo sé, te influye de modo bárbaro en todo cuanto escribes y en cómo lo haces. Lo de Auster aplicado a mi caso lo dejaremos como una secuela de una mañana lucentina algo pastosa.

      Trato de cuidarme. Haz lo mismo mismo.

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