Érase una vez una bonita y escualida muchacha. Vivía sola, exceptuando un gato sin nombre…

Desde hace un par de días duermo con la ventana abierta. Y no es que duerma con poca ropa, es lo que lo hago sin ninguna desde que era adolescente. Como consecuencia, hoy tengo la nariz taponada y un leve dolor de cabeza que amenaza con convertirse en un sólido catarro en unos días.

Están siendo días tristes que por momentos parecen no querer serlo. Muy cansado (fue una tarde atareada), me preparo un vaso de leche muy caliente con cacao, coloco un paquete de kleenex sobre la mesa y extiendo una manta sobre el sofá. El dvd (como el posteo, que data de 29 de enero del año pasado) estaba preparado desde hace tres días.

La escena más celebrada de “Desayuno con Diamantes” es aquella en la que Holly desayuna bollitos daneses frente al escaparate de Tiffany’s. Verla caminar cansinamente por las solitarias avenidas de Nueva York sigue siendo fascinante. Lo que pocos saben es que aquella bolsita de bollos estuvo a punto de ser reemplazada por un helado. La Hepburn odiaba los bollitos daneses e insistió en la posibilidad fría. Edwards se negó en rotundo.

El parecido de la película con la novela de Truman Capote es mera coincidencia. El escritor imaginó a una mujer curvilínea que sobrevive aceptando “regalos” de acompañantes ocasionales. Paul es gay, ella bisexual. Hay muchas más diferencias, entre ellas que Capote escribió el personaje pensando en Marilyn Monroe. Sin embargo, cuando la Paramount se hizo con los derechos de la novela tenía en mente que Holly Golighly sólo podría ser Audrey Hepburn. Ella rechazó el papel en repetidas ocasiones. Ni siquiera se mostró interesada cuando John Frankenheimer (el director original) fue sustituido por Blake Edwards. Sólo cuando éste le preguntó cuál era su visión del personaje, con motivo de amoldarlo a su carácter, aceptó interpretarlo.

La primera escena muestra un taxi llegado a edificio donde vive Holly. En la puerta, ella trata de deshacerse de un pelmazo que reclama los derechos que le otorgan los 50 dólares invertidos en una “visita al tocador”. Paul baja del taxi. La puerta de vehículo está abollada. Edwards insistió en que fuese así. Sutilmente estaba dibujando a un personaje en ruinas.

La Hepburn dijo haberse inspirado en Kay Kendall para componer el papel de Holly. Si se observan detalladamente sus mohines y gestos, será fácil darse cuenta de que así fue. Dijo que era la persona más libre que conocía: “Kay poseía esa locura que hiciera lo que hiciera, resultaba imposible enfadarse con ella”.

Holly es caprichosa. Se sirve leche en copas de cocktail y no tiene escrúpulos en denunciar a sus amigos durante la enloquecida fiesta celebrada en su casa. Es en dicha fiesta cuando Edwards explota su lado más conocido. La naturalidad con que sucede todo está milimetrada. Nada es casual, aunque lo parezca.

Cuando Paul y Holly hacen el amor por primera vez es la única ocasión en la que él se despeina. Le vemos bajo la lluvia, está impecable. Incluso en la cama, tras una noche “de trabajo” con su benefactora, aparece perfectamente peinado. Edwards insinúa una noche de amor entre los dos protagonistas y lo escenifica con cabellos disparados.

George Axelrod, el guionista, tranquilizó a la actriz. La profesión de su personaje sería tratada con delicadeza. Y así fue, en ningún momento entendemos que Holly sea una fulana. Su carácter despreocupado y su obsesión por no querer a nadie, le otorgan un aura de ser especial, lo que supuso un problema para la introvertida Audrey. El carácter de Holly era completamente opuesto al suyo.
El tercer momento “oculto” sucede durante en encuentro entre Paul y Doc. El segundo lleva consigo una caja de chuches. Paul extrae de ella un anillo de latón que ofrece al marido de Holly. El anillo será fundamental en el desarrollo y culminación de la historia.

Edwards pidió a Henry Mancini que escribiera un tema inspirándose en Audrey. Así nació “Moon River”, la canción cuyo eco resuena durante todo el metraje. Se han hecho mil versiones del tema, la han cantado los más reputados interpretes de cada época, pero la versión favorita de Mancini sigue siendo la que cantó Audrey Hepburn en la película. Ella insistió en interpretarla por sí misma. Para ello, memorizó los acordes de guitarra y los acompañó con su voz. El resultado fue mágico. Quizás sea la mejor escena de la película, aquella en la que Holly levanta la vista y ve a Paul a través de una escalera de incendios. Sonríe…

“Hola, ¿Qué haces?”

“Escribo”

“Bien…”

Edwards insistió en coordinar las fotografías oficiales de la película. La Hepburn no cedería en su decisión de ir vestida con el famoso traje diseñado por el modisto francés Hubert de Givenchy. Edwards estuvo de acuerdo al darse cuenta de que, por muy adusta que fuera la fotografía, la Hepburn siempre aparecía poseída por el encanto de Holly. Ello ocurría incluso cuando el “animal salvaje” al que ella se refiere con frecuencia, aparece con otras vestimentas más prosaicas. Vistiendo un traje como aquel no podían existir los días rojos.

A punto de terminar el rodaje, la Hepburn estaba exhausta: Holly la estaba devorando. Mel Ferrer, esposo de la actriz, lo atribuyó a que ésta acababa de ser madre poco antes de iniciarse el rodaje. Nunca imaginó que sus cambios de carácter estuvieran relacionados con el personaje.

Una de las últimas escenas trascurre en el apartamento de Holly. Ella, no sin problemas, ha encontrado a Paul, a quien no ve desde hace meses. Quiere despedirse de él. El apartamento está decorado con cabezas de animales y posters de Brasil. Al tiempo, escucha un disco en portugués para familiarizarse con su nuevo idioma. El indicativo de que está trenzando una nueva vida se aparece en la labor de Holly: está tejiendo.

Tras recibir el telegrama que le comunica la muerte de su hermano, Holly llora desconsolada y lo rompe todo. El director quería una imagen real del dolor. La escena, muy dolorosa, recuerda aquella de “Fanny y Alexander” en la que una mujer llora la muerte de su marido, observada por su hijo a través de la rendija de una puerta. La turbadora escena fue filmada por Edwards en rigurosa penumbra propiciada por el estallido de las lamparas. Paul comprende que será la última vez que verá a Holly al cruzarse con el millonario brasileño antes de enfilar la puerta de salida…

“Usted tiene un rancho, ¿no es así?”

“Sí”

“A ella le gustará”

Su reencuentro final es inesperado. Holly abandona al gato en un callejón y él corre tras el felino. Ya que no puede tenerla a ella cuidará del gato sin nombre que una vez le perteneció. La lluvia se intensifica en los segundos de incertidumbre de Holly, justo antes de que decida ir tras ellos. El final feliz fue una imposición del estudio que desagrado a Capote. A Edwards le gustó, sin embargo. Transmitía esperanza a un mundo que comenzaba a perderla. De hecho, lo filmó con tres planos diferentes, alejándose paulatinamente de los amantes, para mostrar lo solos que se encuentran en un mundo hostil. Todos caminan presurosos, todos llevan paraguas… todos menos ellos. No les importa empaparse, el tiempo se ha detenido. Hoy, quince años después del día en que la vi por primera vez, el tiempo sigue pausado. Hace dos décadas lo hizo en un vídeo Beta y hoy en un dvd.

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11 pensamientos en “Érase una vez una bonita y escualida muchacha. Vivía sola, exceptuando un gato sin nombre…

  1. Yo no puedo ver esta película por su final. Me entristece mucho. La tengo entre las 6 que no puedo ver aunque quisiera.Todas me destapan el frasco del dolor que siempre procuro mantener cerrado.
    Magnifico el post.
    Saludos

  2. “Llovía sobre París. Una mujer a la que creía amar me había abandonado la víspera. La galga gris que había comprado en Florencia, dos meses antes, estaba enferma y yo había perdido en el juego unas sumas que iban más allá de mis posibilidades económicas. Me sentía deprimido como cada vez que debo enfrentarme a pequeñas calamidades. Cuando sonó el teléfono, me di la vuelta y metí la cabeza bajo la almohada. Pero no por ello el aparato dejó de sonar. Descolgué, esperando alguna nueva desgracia. Una voz diáfana me despertó de golpe. Era la voz de Audrey Hepburn.
    – José, ¿puedes venir aquí lo antes posible?
    – ¿Dónde es aquí?
    – A mi casa, en Hollywood. (…)
    – ¿Para que quieres que vaya a Hollywood?
    – Porque hay un papel muy bonito para ti en la película que voy a rodar con Blake Edwards. (…)
    Sentado en la cama, con el teléfono en la mano, me estremecí. ¡Una película en América, junto a Audrey Hepburn y a las órdenes de uno de mis directores preferidos! Como me había quedado sin habla, Audrey prosiguió diciendo:
    – Nuestros compañeros de reparto serán George Peppard, Mickey Rooney y un gato.
    – ¿Un gato? ¡Entonces voy enseguida!
    Se echó a reír.”

    “Mi vida es una fiesta”, José Luis de Vilallonga

  3. Hay varios momentos en los que la tristeza es casi insoportable, Oli. Te comprendo. Una tristeza serena, melancólica, pero tristeza al fin y al cabo. Se apunta a la posibilidad del pudo ser y no fue desde el principo hasta el final. Incluso la última escena, la que todos llevaban esperando casi dos horas, es triste en su definición. La lluvia, aquel callejón cochambroso, la certera sensación de soledad de los personajes.

    Al contrario que a ti, necesito ver la película al menos una vez al año. Y así viene siendo desde que era adolescente.

    Saludos, Oli.

    El gran vividor. Vilallonga fue un tipo con suerte para el que escribieron un mal final. Hace algunos años, en una entrevista, dijo que necesitaba pasar dos horas al día en absoluta soledad para mantener la cordura. Y que durante aquel rodaje, aquello fue una tarea imposible. Encaja perfectamente en el papel de disipado playboy brasileño: mundano, divertido, elegante, asustadizo… Cortés y débil, en suma. Me recuerda al chino de “El Amante”.

    El fragmento del libro es fantástico, dsd. Gracias por compartirlo.

  4. Qué puedo decir,”Deyanuno con diamantes” es una película preciosa.Audrey Hepburn sin duda hace la gran interpretación de su carrera artística:frágil,bella,escualida y extravagante.
    Pese al happy-end, encuentro totalmente transgresora para la época la relación que Holly tiene con el amor:escurridiza,huidiza,una relación que la aboca al aislamiento o a la absurda entrega a hombres que no ama,que no deja de ser un aislamiento aún más devastador.
    Pensándolo bien esa Holly se ha convertido en un arquetipo clásico de referencia en la comedia romántica moderna, bien podrían haber bebido de esa fuente una “Novia a la fuga” y también la misma Julia Roberts en “La boda de mi mejor amigo”.Es una muchacha que huye del amor hasta que la misma fuerza del amor consigue vencer todas sus resistencias.
    Ese final,es necesario para hacer pervivir el mito romántico.No se puede renunciar a la esperanza de ese amor salvador que vence el miedo más firme a generar apegos.
    En suma,”Desayuno con diamantes” mantiene viva la idea de que “no hay cobarde cuyo amor no convierta en heroe o heroína” y Holly en este caso,se salva a sí misma.Dada su historia o su historial,no hay acto de heroicidad mayor.
    Un abrazo

  5. Alquila su cuerpo, su tiempo, no se entrega. Es un animal salvaje, ya se encarga ella de recordarlo. Su problema es que no es capaz de entregarse y el de Paul en que no es capaz de ver más allá de lo obvio. Para mí es una película especial por muchos motivos. Me dijo un amigo que no debía leer la novela hasta estar enamorado o no la comprendería. Lo hice a los 17 años, porque no quería esperar y porque entonces creía estar enamorado. La volví a leer (es una novela muy breve) el pasado mes de mayo y descubrí un universo vetado hasta entonces.

    Lo mejor de “Novia a la fuga” o “La boda de mi mejor amigo” (muy mejorables películas) es su forma de cortar la baraja. Dices bien, ya basta del arquetipo de hombre que huye del compromiso. Las mujeres llevan haciéndolo décadas y nadie había reparado en ello. Los hombres, llegado un momento dado, se rinden. Las mujeres no. Son constantes en su anhelo. Siempre esperan que ocurra (el prodigio, que digo yo) algo que les devuelva al camino. Lo dijo Houellebecq y es una verdad incuestionable. Más que el mito romántico, esos finales reflejan el espíritu femenino, inquebrantable, en contra de la fragilidad del hombre. Veo, cada día, hombres rotos aferrados a la botella o al fútbol como vía de escape. De hecho, “Mujeres” de Bukowski, comienza con una frase demoledora: “Más de un hombre bueno ha acabado en el arroyo por culpa de una mujer”. Sin embargo, ellas mantienen la esperanza y la cabeza erguida. Cuestión de caracteres.

    Es curioso, hoy escribí, en otro lugar, que el amor nos hace mejores. Doy fe de ello. Querer y sentirse querido nos convierte en otra persona. Y si uno de los polos remite, vuelve la cojera. Tienes razón, querer es una acto heroico por lo mucho que expones. Que sea real es lo complicado.

    Un abrazo, Troyana.

  6. No puedo estar más de acuerdo con el análisis.Hay muchas mujeres que huyen del compromiso (pese a lo que manifiesten) y son incapaces de entregarse.Basta ya de esa imagen de mujer ansiosa de “cazar” marido.
    Por otro lado,tienes toda la razón,la mujer no desiste en su esperanza,en su anhelo de que dar respuesta a sus deseos.Igual en esto de mantener la esperanza,somos más resistentes.
    Y sí,en los tiempos que corren,querer es un acto heroico,que muchos/as cobardes no se atreven a vivir.Son muchos los miedos y mucha la vulnerabilidad que queda al descubierto.El hecho de que ese amor sea real y correspondido es una cuestión que cada vez me resulta más esencial,las fantasías bajo control,que corremos el riesgo de vivir de la ficción.
    bss

  7. Las mujeres son constantes. Pruebas sobradas tengo de ello, crecí rodeado de mujeres y sin apenas hombres cerca. Son (sois) más fuertes. Es un hecho. Decía Mercedes Ruehl, en “El Rey Pescador”, que las mujeres están destinadas a encarrilar a los hombres, siempre perdidos.

    Querer es un acto heroico. Te expones y puedes ver al otro. Algo que no ocurre con frecuencia. Más que algo cada vez más esencial, es algo incuestionable. Pienso que la fantasía es necesaria y que forma parte del hechizo. Sin magia, ¿qué queda?.

    Besos, Troyana.

  8. Alex,la magia es imprescindible,no solo en el amor,en la vida en general.No queda nada sin la magia,solo rutinas y hábitos aprendidos.
    Sin embargo,cuando me refería a la fantasía,me refería a aquellos castillos románticos que montamos en el aire tomando como protagonista a alguien que no es ni consciente de nuestro amor,o nuestra pasión.
    Esa fantasía no correspondida es la que pienso que hay que tener bajo raya,porque se corre el riesgo de vivir en el plano de la más deliciosa pero delirante irrealidad.
    bss

  9. Sin magia no hay margen para mucho más. Necesitar a alguien hace distinto cada día.

    Sobre los castillos en el aire no sabría qué decirte. He vivido en ellos y son confortables algún tiempo hasta que se desvanecen. Se corre el riesgo, cierto, de vivir en un bucle que se retroalimenta mientras el tiempo pasa y nada (bueno) ocurre. El peor enamoramiento imaginable.

    Besos.

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