16 de Marzo…

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Fue un jueves santo. Los cofrades del barrio más pobre de Cucumberland sacaron de paseo la imágen de su patrón a pesar de que amenazaba lluvia. Cubierto un tercio del recorrido que les debía llevar a la iglesia grande, comenzaron a caer las primeras gotas. Nada preocupante, chispeaba sin más. Al llegar a la mitad, en una plaza céntrica rodeada de bares, las cuatro gotas se habían convertido en un torrente, de modo que los encapuchados buscaron refugio en los bares y en sus cervezas, abandonando al santo a su suerte. Horas después, la lluvia mantenía su intensidad. Decidieron entonces que lo mejor sería marcharse a casa dejando la empapada imágen del santo allí. Ya la recogerían a la mañana siguiente. Y así fue como los vecinos de aquella plaza céntrica se despertaron con la figura de un San Nicasio acuático bendiciendo su nuevo día. Solo le faltaban las gafas de buceo.

¡Ofú!

¿Ozú?

No, ¡¡Ofú!!


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