Su día…

Era un jueves, el día que le vi destrozando la maqueta de una iglesia que ya tenía casi terminada. Comenzó a construirla el día que volvió a casa, tras su operación, aprovechando cualquier cosa “sobrante” para edificarla. Colocó una cigüeña (que él había tallado desde un pequeño taco de madera) en su tejado el mismo día que los médicos pronunciaron la palabra metástasis con él y ella delante. Y derribó parte de lo ya hecho, un año después, para volverlo a edificar, porque la estaba construyendo para ella y quería que fuese perfecta.

La terminó un día marzo de 2008 y la fotografió. Tres días después, me entregó las fotos y la destruyó. Le pregunté el motivo, por qué hacía aquello. Me contestó…

“Si ella no la puede ver nadie lo hará”

El amor era esto, ahora lo sé, siempre lo supe en realidad.

Hoy lloré frente a ellos y al salir, el tipo de pelo blanco que trabaja allí me saludó, me puso sus manos en los hombros y me dijo:

“Deja de venir. No te hace ningún bien”.

Mañana volveré…

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