El Último Viaje de Sean Thornton…

Para Rosa. Con la esperanza de que nunca renuncie a sus sueños…

Me levantaré y me pondré en marcha, y a Innisfree iré...

El más duro de los viajes es el que conjuga lo físico y lo espiritual. Y para los héroes fordianos ese viaje no terminará jamás…

En 1952 John Martin Feeney (John Ford) volvió a casa. Lo hizo tras enfrentarse a la muerte cara a cara, aunque aún tardaría diez duros años en cumplir su anhelo después de que la metralla de una bomba japonesa se incrustara en su cuerpo durante la batalla de Midway. Años en los que dedicó todo su tiempo y esfuerzo a la causa bélica (once de los quince largos que dirigió en este periodo de tiempo pertenecen a ese género).

La distancia entre el director y sus personajes nunca fue más corta de lo que fue en “El Hombre Tranquilo”. Ford quiso volver a la tierra de sus padres y lo hizo encarnado en la piel de un boxeador con las manos manchadas de sangre (tras matar a un rival en el ring) que busca en sus raíces la redención. Así, desde el momento en el que vemos llegar un destartalado tren de vapor a la estación de aquel perdido pueblo irlandés llamado Innisfree, asistimos al renacimiento de un hombre en búsca de sí mismo.

El proceso seguirá los pasos establecidos: Primero llegará la reconciliación, consigo mismo, con su entorno; después el perdón; finalmente el amor incondicional que Sean no había conocido hasta entonces. El maestro tomó la historia de amor de Sean y Mary Kate como base para proclamar el viejo axioma de que el amor nos hace mejores.

El Hombre Tranquilofue la primera historia de amor que intenté filmar. Una madura historia de amor”, declararía años más tarde.

Como es habitual en su obra, Ford llena la pantalla de fugaces matices apenas perceptibles que enriquecen la narración al tiempo que la dota de un aura entre evocadora y etérea (la voz de la madre que suena al divisar Sean la vieja casa familiar “Ahh.. no te acuerdas, Seaneen, y cómo era…”, el estremecedor desgarro de las manos entrelazadas de Sean y Mary Kate durante la escena del beso bajo la tormenta…). Todo ello sin dejar de lado su masculino estilo a la hora de afrotar las situaciones cotidianas. De este modo, no faltarán la peleas “de honor” como modo de ganarse el respeto de sus nuevos vecinos, ni los guiños complices hacia los perdedores que no se resignan a agachar la cabeza ante la adversidad.

La visión de la patria olvidada bajo los ojos del hijo del emigrante es mostrada de modo subterraneo y brutal en contra de la opinión generalizada que acusa al director de paternalismo fílmico. Muy al contrario, Ford refuerza el mito de la Irlanda atrasada, sometida al clero y a su propia inmundicia. El país de los borrachos, de los curas omnipresentes, de los pistoleros del IRA siempre dispuestos a controlar “la buena marcha de las cosas” y de los palurdos que duermen con las botas calzadas. Ford muestra la opresión social de un mundo atrasado y bajo vigilancia tan cercano al tópico que su franca mirada resulta ofensiva. Es la Irlanda embobada en su idilica mentira frente a un mundo exterior en constante evolución. El sueño de Sean, el país de cuento de hadas en el que nada se altera, se convierte así en pesadilla. Aparece, entonces, el camino del amor como tabla de salvación ante un entorno hostil que en nada se asemeja a la brumosa fantasía que sus padres le retrataron.

Pero para completar el círculo, Sean deberá ser aceptado por la comunidad. Y de nuevo aparecen los sangrantes tópicos: Los curas que transportan células del IRA (el IRA siempre presente), los terratenientes déspotas, las casamenteras entrometidas, los matones de bar siempre prestos para partir caras… También deberá ser aceptado por aquellos a los que Sean respeta amorosamente, como el entrañable Micheleen Flynn, quien no por casualidad es el único que le recuerda de cuando era niño. Pero será el amor lo que dará sentido a su peripecia. El final de su trayecto. La idea central hábilmente oculta entre excesos de testosterona y whisky. Para los ojos de Sean los paisajes de Innisfree resultan amargos. No encuentra la mística de sus viejas y cochanbrosas casas, de sus gentes embrutecidas. Del mismo modo que le desagrada su duro clima, áspero y húmedo. Todo le resulta hostil, y seguirá siendo así hasta que encuentre a Mary Kate. Su destino.

La primera visión que tiene de ella la representa como un cuadro renacentista. Su visión supone una explosión de color que insufla vida en su lastrado corazón. Brota entonces la vena romántica de Sean/Ford. La que le forzará a luchar por ella utilizando los puños, a pesar del dolor que ello le produce. A plantar rosas en su jardín, a sabiendas de que no soportarán el duro invierno y pese a que “los tulipanes son más prácticos” (en palabras de Mary Kate). A robar bicicletas para burlar la presión de indiscretas carabinas o a pintar su casa de verde, justo lo que un irlandés nunca haría.


Como, seguramente, ninguno de aquellos irlandeses besaría a su chica entre las ruinas de una iglesia, bajo la lluvia. Es por ello por lo que Sean encontrará su auténtico destino en otro mítico lugar: “el país de dos” que inventara Vonnegut. El reino interior sin constitución ni reglas que seguir.

Y después de todo, pese a las decepciones y penalidades, el viaje de Sean, el viaje de Ford, mereció la pena. Aunque, como ocurre con todo héroe fordiano, el último tramo siempre esté por completar…

Oh, Innisfree, isla mía, vuelvo a ti desde los años pasados en el gélido mar…

Anuncios

8 pensamientos en “El Último Viaje de Sean Thornton…

  1. Argggg, ¿me copias las pelis favoritas o qué? xD Es broma.

    Me ha encantado el análisis y la entrada en general. Mucha gente debería leer esto para entender las cosas como son y no ver en El hombre tranquilo cosas que no son.

    🙂

  2. Es también una de mis películas favoritas. Me sé de memoria el guión de tantas veces que la he visto. Hay tantos detalles… la cara de Micheline cuando en el puente, anochece y le dice “hace una noche ideal para pequeñas traiciones…”
    O el “Colonial Boy” en el bar, el brindis tras la boda…
    Muchas gracias, Alex. Me has dado mucha más luz en este lunes. No sabes qué falta me hacía.

  3. Mi visión de la película es completamente diferente de la habitual. Veo más desencanto que ensueño y creo que Sean encuentra el camino, no ya en el viaje, sino en Mary Kate. Ella, en cierto modo, es su viaje.

    Compartir películas favoritas contigo no es nada nuevo :p

    Un análisis chapucero, la verdad, Ulyanov. Pero así es como la entiendo. Tremendo dolor de cabeza el que tuve ayer todo el día. Espero disculpes la pésima edifición.

  4. No me parece erróneo en absoluto ver descontento en la película. De hecho, tu análisis me ha parecido bastante más acertado que muchos que he leido por ahí. Las formas, en este caso, no me importan demasiado, es lunes. Me importa más la idea.

    Y sí es nuevo lo de que compartamos películas, que te acabo de conocer ;).

  5. Bueno, nos conocemos virtualmente hace poco tiempo, pero coincidimos en más de una ocasión (que he leído gran parte de tu blog dedicado a tus películas favoritas). Por no decir que corregiste mi error en el posteo de “Tú y yo” (era la abuela, sí). Vamos, que coincidimos en más de una ocasión.

    Mi análisis de la película (publiqué este posteo en un blog ajeno y bastante más frecuentado que el mío) fue contestado, no creas. Pero por más que veo la película más me reafirmo en mi posición. Sean encuentra un páramo desolador y en él el paraíso de la mano de Mary Kate. Es una película descreída y romántica (mal que pese a muchos) más que costumbrista. Y menos mal que nunca se lo dijeron a Ford a la cara…

  6. La película es una búsqueda del paraíso, muy consciente porque se hace a partir del desencanto, del cansancio, recuperar el pasado que es más soñado (relatado) que vivido. No podría estar más de acuerdo contigo, Alex. Creo que tu análisis es estupendo -por no decir cojonudo, que es más sonante 🙂 – Qué pena no quedar, precisamente mañana, tomándonos una Guinness, y hablando y hablando sobre Sean Thornton y Mary Kate, una pelirroja con todas las consecuencias 🙂
    Un gran abrazo

  7. Homérico, sí… jajaja… Michelin Flynn es el tipo al que siempre deserías tener cerca.

    Gracias, Angéline…

    Buff, Mary Kate era un terremoto, Ulyanov. Dura y fuerte, y al tiempo, tan frágil como el cristal. La escena del beso en la casa, con el viento abriendo puertas, es bellísima. La lírica del maestro se mostró como nunca entonces.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s