Ni chicha ni limoná…

“El Extraño Caso de Benjamin Button” supone la confirmación definitiva de que David Fincher carece de mundo propio. Es un artesano, a veces bueno, que sabe moldearse en función de los guiones que dirige. Sin embargo, es incapaz de dotarles de su propio aliento.

Tal es el caso de su última película, una amalgama de lugares comunes ya explorados. En ocasiones emula con poco éxito a Tim Burton. En otras a Jean-Pierre Jeunet. La cuestión es conseguir un producto sólido que opte a elogios y premios y que engañe al hastiado espectador haciéndole creer que ha sido testigo del prodigio. Su solidez es más que cuestionable debido a las profundas lagunas que inundan la cinta. Alejado por completo de las intenciones críticas contenidas en el cuento de Scott Fitzgerald, se entrega a la ensoñación, cuestión que precisa de alma, algo de lo que el cine de Fincher no puede presumir poseer. Todo es correcto (horrible palabro): Brad Pitt está correcto, pese a lo mucho de abusa de los ojos caídos y de la pose cansina. Cate Blanchett está correcta en su papel de enamorada sufridora. Tilda Swinton está correcta como lo está Taraji P. Henson. Todo correcto, todo aséptico.

Sin que nos llegue a importar un pepino lo que le ocurra a Benjamin, transcurre su vida sin que su abrumadora duración justifique semejante despilfarro de tiempo. No hay magia, no hay alma, no nos hace caminar sobre el cielo, ni no hace olvidar que ocupamos una incómoda butaca.  Es la nada “artística” una vez más. Es eso o se le parece mucho.

2 pensamientos en “Ni chicha ni limoná…

  1. Diferir es de sabios: he cambiado el guión del refrán. A mí sí que me entró. Me pilló con el cuerpo poroso: hay que estar así, supongo. De todas maneras, a días de haberla visto, me sigue pareciendo una buena película que me tuvo en la butaca, en eso de los sueños y todo eso. Así empezamos el lunes. Buena semana, my friend. Buena.

  2. A mí me aburrió por momentos y me dejó indiferente por lo general. Lo achaco en parte a mi dolor de cabeza, si bien es demasiado pastosa para culpar por completo a las migrañas.

    Diferir es la gran bendición, Emilio. Sin diferencias todo esto no sería aburrido, como suele decirse, sería un infierno clonado. Leí tu reseña y aunque no la comparto me mostró más de la película que ésta misma.

    Buena semana, Emilio…

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