Qué se esconde detrás de todo esto…

El narrador ficticio cierra el bolígrafo y aparta el bloc. Está cansado. Y su espalda. Se pregunta a qué viene una historia así, búlgara, en Bat Yam, escrita en verso e incluso, a veces, con rima. Ahora que sus hijos son mayores y conoce la alegría de los nietos y ha hecho ya varios libros y ha viajado y hablado y ha sido fotografiado, ¿ahora de pronto va a volver a escribir poemas? ¿Como en los horribles días de su juventud, cuando se escapaba para estar solo por las noches en la sala de lectura del kibbutz y llenaba páginas y páginas con gemidos de chacal?

¿Un joven con granos, rubio, anguloso, que era humillado y se reprimía siempre, que hablaba a veces con arrogancia, provocaba medio burlas medio compasión y rondaba ante las habitaciones de las chicas, por si Gila o Tzila querían que les leyera un poema que acababa de escribir? Creía ingenuamente que a una mujer se la consigue con un discurso o un poema. Y de hecho a veces logró despertar en las chicas algún sentimiento que después, por la noche, las acompañaba cuando iban a recibir o a dar amor al monte, pero no con él, sino con los que recogían el heno, unos fortachones que recolectaban con alegría lo que él con sus palabras había sembrado casi con una lágrima.

El Mismo Mar. Amos Oz

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