Rayuela y el billete de metro marcador…

Lo que más le gustaba a mi padre era leer libros de historia. Su preferencia la marcaba la guerra civil española y sus mitos, en especial los maquis. Interactuó con ellos en varias ocasiones siendo niño. Nos contó mil veces aquella historia en la que su tío Emilio le quitaba la leche a costa de unos azotes. Porque fue así, tuvo parientes que se echaron al monte con la vana esperanza de ganar una guerra ya perdida. No hace muchos días, recogí el último libro que tocaron sus manos (no llegó a completarlo) y comencé a leerlo pausadamente. Lo tenía consigo el día que la conoció a ella. Dijo que era la chica más bonita que había visto en su vida, y por una vez la morfina no le engañó.

Entre los libros no históricos que me legó (yo soy el único de mis tres hermanos que lee con compulsivamente) esta la “Rayuela” de Cortázar. El libro reposaba en un mueble con una formidable capa de polvo encima sin que nadie le hubiese prestado ninguna atención durante años. El día uno de enero visité la cuesta de Moyano y lo vi allí expuesto, a la venta por dos euros. Lo consideré una señal y al regresar a casa le sacudí el polvo acumulado durante todo este tiempo y comencé su lectura. Pero resultó que avanzado el libro le faltaban unas treinta páginas, de modo que hace pocos días visité la biblioteca en busca un ejemplar integro.

No lo voy a comentar, porque me quedan unas treinta páginas para terminarlo (me está gustando mucho y como siempre me ocurre en éstos casos, estoy diluyendo su final) y hay muchas otras personas más capacitadas que yo que ya lo han hecho. Pero sí citaré un detalle que me encanta de los libros prestados: los párrafos subrayados, las notas a pie de página, los elementos ajenos olvidados en el papel… Y este libro ha sido un filón en ese aspecto. Yo mismo he subrayado mis frases favoritas para que el próximo lector sea consciente de su misión. Les dejo con algunas de las frases marcadas anónimamente a lápiz, bolígrafo y rotulador desde el día 18 de mayo de 1989, fecha en la que se prestó por primera vez…

“que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentifrico”

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”

“Me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable”

“llovía y empezabamos a desearnos”

“Viéndola peinarse”

“porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer”

“el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro”

Y en la página 31, usado a modo de marcador, encontré un ajado billete de metro fechado el 31 de diciembre de 2005.

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4 pensamientos en “Rayuela y el billete de metro marcador…

  1. Un LIBRAZO., ya llegaste al capitulo 7?? aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh!!!!!!!!!!.

    Mmmm creo que no te prestaria ninguno de mis libros… no me gusta que los rayen… aunque, como eres un consentidote de mis brazos, contigo haria una excepcion.

    ABRAZOTE!!!!!

  2. Es totalmente un prejuicio, pero no puedo con la literatura hispanoamericana. Cada vez que le leido un relato de Borges, de Monterroso, de Cortazar, de Garcia Marquez, o de Vargas Llosa, o recientemente el “Amberes” de Bolaño, me ha entrado un sudor frío, un espanto profundo, una enorme irritación, un mortal aburrimiento.
    Claro que también me pasa con la mayoría de autores españoles, que yo en esto de la literatura soy muy pro-anglosajón, con alguna influencia europea.

  3. Bueno, es una generalizacion claro, tambien leo a rusos, a polacos, a chinos, a japoneses, a coreanos…E incluso, si, a españoles.
    Pero vamos, que soy mas de Don De Lillo, Gore Vidal, etc.

  4. Llegué, Carolina. Casi lo he terminado, de hecho, pero tiendo a dilatar los finales de los libros que me gustan. Mala costrumbre, como mala costumbre es la de garabatear los libros. Te aseguro que los que he regalado estaban impolutos. Aunque prefiero las páginas ennegrecidas y los pedazos de hojas de papel perdidos entre ellas.

    Abrazo, Carolina.

    Te entiendo, Mycroft. Como tú, soy un lector ganado por la literatura anglosajona, lo que no evita que “Cien de Soledad” o “Pedro Páramo” sean libros de cabecera para mí. Me gusta Rulfo, Horacio Quiroga, Gabo… Me gusta Cortázar, aunque durante años le he mantenido alejado de mí. Y ¿quién sabe? puede que hasta Borges termine por gustarme. Cosa del tiempo. Eso sí, Vargas Llosa jamás. Sus libros me aburren soberanamente. Bolaño es una asignatura pendiente, como lo es Cortázar. “Los detectives salvajes” no me deslumbro como yo esperaba hiciera después de leer tantas loas sobre él. Por cierto, qué bueno es Gore Vidal incluso cuando sus libros no lo son, caso de “Myron”. Vidal forma parte de ese grupo de escritores que fascinan más cuando hablan que cuando escriben.

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