3’59…

Completamente desgarrada por la zona intermedia entre las rodillas y los pies, la colcha que oculta mi edredón feo podría aparecer en cualquier rodaje de Terry Gilliam sin desentonar. La tiré ayer, después de comprar las sábanas más baratas que pude encontrar. Me dolió hacerlo, aquel trozo de tela azul arropó su cuerpo. De entre la media docena de camas que compartimos, le tengo especial cariño a la caja de cerillas cuyas estrecheces nos obligaba a probar mil posiciones distintas para encajar sin temor a caernos. A veces un brazo se quedaba atrás o una pierna no encontraba acomodo y entonces brotaba su risa limpia. Y así era hasta que al fin, y como dos esculturas etruscas, conseguía situar su rostro frente al mío. Antes de abandonarlas en la basura, rasgué una pequeña tira y la guardé en una caja de recuerdos. Los recuerdos son una putada, pero al menos nadie te los puede quitar.

8 pensamientos en “3’59…

  1. qué bonito alex…

    (me ha encantado volver a tener tiempo para leer bien todo y encontrarme tantos posts bonitos, este el que más, compartimos muchos sentimientos, qué curioso)

    gracias…por lo de antes.

  2. Coreografías íntimas, mapas del corazón. Los recuerdos son lo único que tenemos. No te los quitan. Es como la caja de la que hablas. Dentro de la caja está su cara frente a la tuya y las palabras recitadas a mitad de la noche mientras los cuerpos se acoplan, se desacoplan, se buscan, se dan, se pierden, se elevan, caen, nacen, mueren, rien, lloran. El post, lleva razón Laura, es bonito hasta el encogimiento cardíaco. Y se puede contar de otra forma, pero más lírica creo que no, amigo. Y hoy (es otro asunto contado aquí) no ha sido posible la llamada. Acabo de venir de la calle y estoy (créeme) k.o. Hay días, seguro. Muchos. Eres grande.

  3. Gracias por nada. En todo caso, gracias a ti por estar y alumbrar muchos de mis días, Laura.

    No te preocupes, Emilio. Mi mañana fue agitada también. Luego comí algo y estuve limpiando la casa hasta las cinco y cuarto. Al acabar estaba tan agotado como lo estarías tú al regresar a casa. Habrá más días, seguro que sí. Ni me acerco a eso que tú llamas grandeza, Emilio. Tú estás más próximo a ella de lo que yo jamás estaré.

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