Haunque…

El día en el que la vi por primera vez estaba nervioso y muy cansado. Llevaba muchas noches durmiendo una o dos horas como mucho, en sillas y en sofás. Me había acostumbrado a desvelarme cuando sentía su primer movimiento no asociado al sueño. Horas antes de que me llamase diciéndome que al llover se había refugiado en un garage frente a un edificio muy bonito, fotografié este cartel…

Mi hermano me acompañaba cuando hice la foto.

“Es increíble, han escrito bien cuenta”, me dijo.

Luego se lo mostré a ella y reímos un buen rato. Se acabó, hace meses, pero nunca se me dio bien eso de pasar página. Si quiero a alguien lo querré siempre, no importa que yo no signifique demasiado para ella. Siempre estaré cuando me necesite.

Las circunstancias (terribles circunstancias) hicieron que aquella historia se intensificase de modo superlativo. Y aunque haunque no vuelva a saber más de ella, aunque no entienda su silencio, cosa que me duele una barbaridad, confío en que será feliz. Merece ser feliz. Creo que no he conocido a nadie que lo merezca más que ella.

Hasta siempre, chica mágica.

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